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Estas lagartijas juegan piedra, papel o tijera

Un estudio publicado en Science revela que las lagartijas de manchas laterales mantienen un equilibrio evolutivo similar al popular juego de piedra, papel o tijera, gracias a una combinación de genética y “plasticidad fenotípica” que permite la coexistencia de tres estrategias reproductivas masculinas.

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06 de enero de 2026 - 12:23 a. m.
En la especie Uta stansburiana, los machos no se comportan todos igual. Existen tres tipos (morfos), reconocibles por el color de la garganta y por su estrategia reproductiva. /Getty
En la especie Uta stansburiana, los machos no se comportan todos igual. Existen tres tipos (morfos), reconocibles por el color de la garganta y por su estrategia reproductiva. /Getty
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Seguramente todos hemos jugado el piedra, papel o tijera. Lo conocemos y sabemos sus reglas, relativamente simples, pero seguramente sonaría más extraño si leemos que las lagartijas de manchas laterales (Uta stansburiana) también lo juegan.

En una investigación publicada en la revista científica Science, un grupo de investigadores de la Universidad de Indiana así lo afirma. ¿Y cómo es posible? Los científicos explican que en esta especie de lagartijas los machos se distinguen por su coloración y por las estrategias reproductivas que emplean, las cuales interactúan entre sí de una manera comparable a un juego de piedra, papel o tijera.

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Existen tres colores: naranja, azul y amarillo. Los machos naranjas son dominantes y agresivos: controlan grandes territorios y tratan de aparearse con varias hembras. Los machos azules, en cambio, defienden territorios pequeños y suelen proteger a una sola pareja. Los machos amarillos no defienden territorio; adoptan una estrategia furtiva y buscan copular a escondidas. En este tipo de dinámica, ninguna estrategia es universalmente superior, ya que cada una tiene ventaja sobre una y desventaja frente a otra, lo que permite que todas se mantengan en la población.

Los machos naranjas, por ejemplo, suelen imponerse sobre los azules. Su estrategia, más agresiva y dominante, les permite desplazar a los machos azules y tomar control de los espacios o de las oportunidades de apareamiento que estos intentan proteger. Pero, a su vez, los azules tienen ventaja sobre los amarillos. Como los azules adoptan una estrategia de vigilancia y protección más atenta, pueden detectar a los machos amarillos cuando estos intentan aparearse de forma furtiva. Sin embargo, los machos amarillos logran engañar a los naranjas. Dado que los naranjas controlan áreas amplias y múltiples parejas, no pueden vigilar con el mismo nivel de detalle. Esa falta de vigilancia es aprovechada por los amarillos, que consiguen reproducirse sin enfrentarse directamente a la dominancia naranja.

De esa manera, se configura el piedra, papel o tijera. Los investigadores querían saber cuál es la base genética que permite la coexistencia de estos tres tipos de machos (o morfos, en jerga técnica). Antes de este trabajo, se pensaba que el polimorfismo surgía de una forma relativamente simple: tres versiones distintas de un mismo gen, cada una responsable de cada uno de los morfos masculinos. Bajo ese modelo, cada tipo de macho tendría una determinación genética directa y fija.

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Sin embargo, la realidad es mucho más compleja. Los investigadores encontraron que dos de los morfos, el macho naranja (conocido como “usurpador”) y el macho azul (guardián de pareja), están asociados a dos haplotipos genéticos claramente distintos. Un haplotipo es un conjunto de variantes genéticas que se heredan juntas, no solo una mutación aislada. En este caso, esas diferencias se encuentran en la región reguladora del gen de la sepiapterina reductasa, una zona del ADN que controla cómo se expresa el gen, más que la función básica del gen en sí.

En palabras mucho más simples, ambos tipos de machos (el naranja y el azul) sí tienen diferencias genéticas, pero esas diferencias no son “genes distintos” en el sentido clásico, sino variantes heredadas que regulan cómo y cuándo se activa un mismo gen. No es tanto que uno tenga un gen completamente diferente al otro, sino que su ADN está “configurado” para expresar ese gen de manera distinta, lo que termina traduciéndose en comportamientos y estrategias diferentes.

La sorpresa aparece al analizar el tercer tipo de macho. Los machos amarillos, que utilizan una estrategia reproductiva distinta, no poseen un haplotipo genético propio. En lugar de eso, surgen a partir del mismo trasfondo genético del que surgen los machos azules. Esto significa que la diferencia entre machos azules y amarillos no se debe a genes distintos, sino a algo que los científicos conocen como “plasticidad fenotípica”. La plasticidad fenotípica es la capacidad de un mismo genotipo de producir más de un fenotipo, es decir, más de una forma observable o estrategia, dependiendo de cómo se expresen los genes.

Dicho de forma aún más clara, un mismo “tipo genético” puede dar lugar a dos resultados distintos: un macho azul o un macho amarillo.

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A partir de este hallazgo, los investigadores usaron simulaciones para entender qué implicaciones tiene esta arquitectura genética en la dinámica de piedra, papel o tijera. Los resultados muestran que un sistema basado en dos variantes genéticas combinadas con plasticidad fenotípica mantiene mejor la coexistencia de las tres estrategias que un sistema rígido de tres alelos. Es decir, no hace falta que cada estrategia o macho tenga su propio “gen exclusivo” para que el sistema funcione. Al contrario, el equilibrio se mantiene mejor cuando parte de la diversidad

El estudio concluye entonces que este caso representa una forma particular de selección equilibrada. La selección equilibrada es un proceso evolutivo que mantiene varias formas distintas dentro de una población. Aquí, esa diversidad no se sostiene solo porque existan distintas variantes genéticas, sino porque la determinación genética se combina con la capacidad de producir diferentes fenotipos a partir de un mismo genotipo.

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