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El misterio de Luna 9: la misión soviética que llegó primero a la Luna y no sabemos dónde

En febrero de 1966, la sonda soviética Luna 9 logró el primer aterrizaje suave en la Luna y envió imágenes históricas desde su superficie. Sin embargo, casi seis décadas después, su punto exacto de alunizaje sigue siendo incierto y nuevos estudios han reabierto el debate científico.

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11 de febrero de 2026 - 12:06 a. m.
La misión también tuvo un fuerte impacto en Estados Unidos.
La misión también tuvo un fuerte impacto en Estados Unidos.
Foto: Tom Williams
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El 31 de enero de 1966, la Unión Soviética lanzó al espacio el cohete 8K87M con la nave espacial E6. ¿El objetivo? Realizar el primer aterrizaje suave en la Luna. La misión se anunció oficialmente como Luna-9. Según detalló la URSS, Luna-9 aterrizó con éxito el 3 de febrero de 1966 a las 21:45:30 hora de Moscú en el extremo oriental del Océano de las Tormentas (Oceanus Procellarum). Se convirtió así en el primer objeto artificial en alcanzar la superficie lunar de forma segura.

Durante los próximos días a esa hazaña, entre el 4 y el 6 de febrero, la sonda soviética mantuvo contacto intermitente con la Tierra y logró transmitir las primeras imágenes panorámicas tomadas desde la superficie lunar. En varias sesiones de comunicación, la nave envió telemetría (que confirmó su buen funcionamiento) y un total de 40 fotografías, incluida una panorámica de 360 grados que permitió a los científicos analizar la forma del terreno, los cráteres, las rocas y las sombras cambiantes provocadas por el movimiento del Sol.

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Aunque la misión fue un éxito, se produjo un escándalo internacional cuando astrónomos británicos del observatorio Jodrell Bank interceptaron y publicaron versiones distorsionadas de las imágenes antes de que la Unión Soviética pudiera difundirlas oficialmente. Un día después, los científicos soviéticos presentaron las imágenes correctas y, el 10 de febrero, ofrecieron una conferencia de prensa triunfal encabezada por Mstislav Keldysh, presidente de la Academia de Ciencias.

La misión también tuvo un fuerte impacto en Estados Unidos. Documentos desclasificados revelan que la NSA interceptó las transmisiones de Luna-9 y logró reconstruir las imágenes mediante un proceso improvisado. Para el 5 de febrero, las fotografías ya habían llegado al escritorio del presidente Lyndon Johnson y se convirtieron en un impulso decisivo para acelerar el programa Apolo, con el objetivo de llevar astronautas estadounidenses a la Luna. Todos estos detalles los cuenta Anatoly Zak, periodista espacial y autor que dirige RussianSpaceWeb.com en un informe hace unos días. ¿Y por qué? Porque, recientemente, dos equipos de investigación han identificado posibles lugares de aterrizaje para Luna 9.

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¿Qué se sabe?

No se sabe con exactitud el lugar de aterrizaje de Luna 9 por una combinación de limitaciones tecnológicas de la época y uno que otro secreto soviético.

En 1966, la Unión Soviética no contaba con sistemas de navegación y posicionamiento precisos como los actuales. La ubicación del alunizaje se calculó desde la Tierra a partir de datos de seguimiento por radio y dinámica orbital, lo que solo permitía determinar una zona amplia, no un punto exacto. Además, Luna 9 no llevaba instrumentos diseñados para geolocalizarse. Las panorámicas que envió desde la superficie mostraban el horizonte y el relieve cercano, pero no incluían referencias claras que permitieran ubicar el punto exacto en un mapa lunar global.

A eso se sumó el secretismo propio de la Guerra Fría. La URSS publicó coordenadas aproximadas, no mediciones detalladas ni los datos brutos de navegación. Revelar demasiada información técnica sobre sus sistemas de guiado y control no era una opción estratégica, lo que limitó la precisión pública del sitio de aterrizaje.

Más de seis décadas después, el pasado 21 de enero, un grupo de investigadores presentó en Nature un algoritmo de aprendizaje automático capaz de identificar objetos fabricados por humanos en imágenes orbitales. El sistema, YOLO-ETA, es una adaptación de un modelo diseñado para reconocer objetos rápidamente. En este caso, se entrenó para detectar artefactos espaciales, como módulos de aterrizaje, en imágenes tomadas por la Cámara del Orbitador de Reconocimiento Lunar (LROC), que es el sistema de cámaras que lleva a bordo la misión Lunar Reconnaissance Orbiter de la NASA para fotografiar la superficie de la Luna con gran detalle.

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El algoritmo se entrenó primero con datos de sitios de aterrizaje del programa Apolo, donde sí se conoce con exactitud la ubicación de los módulos. Allí demostró que podía identificar estructuras artificiales con un nivel razonable de precisión y confianza. Como prueba adicional, el modelo logró localizar correctamente la nave Luna 16, lo que reforzó su fiabilidad antes de aplicarlo a casos más inciertos. Una vez validado, el equipo utilizó el modelo para analizar una región de 5 × 5 kilómetros donde se cree que aterrizó Luna 9. El sistema detectó varios objetos con alta probabilidad de ser artificiales cerca de unas coordenadas específicas.

Para reforzar la hipótesis, los investigadores compararon la topografía del terreno de esos puntos con las imágenes panorámicas tomadas por Luna 9 en 1966.

El análisis mostró que la forma del horizonte lunar en la zona candidata es compatible con lo que se observa en aquellas fotografías históricas, lo que da más peso a la posible identificación del sitio de aterrizaje. El estudio no solo propone una ubicación plausible para Luna 9, sino que demuestra algo más: que modelos de inteligencia artificial pueden convertirse en herramientas clave para estudiar restos de misiones pasadas y monitorear activos en la superficie lunar.

Sin embargo, esa no es la historia completa. Casi en paralelo, Anatoly Zak informa que se desarrolló una búsqueda independiente, liderada por el educador y divulgador ruso Vitaly Egorov, junto con un grupo de voluntarios. En lugar de usar inteligencia artificial, este equipo revisó manualmente durante cerca de un año el archivo de imágenes del LRO, comparándolas con los panoramas tomados por Luna-9 en 1966.

Ese esfuerzo dio resultado en 2025. El grupo localizó lo que consideran el módulo de aterrizaje de Luna-9, a unos 25 kilómetros del punto que la Unión Soviética había declarado oficialmente tras la misión. También identificaron la etapa de crucero y frenado, que se separó del módulo al aterrizar, situada a unos 750 metros de distancia. Aunque los restos de la nave apenas se distinguen en las imágenes, Egorov logró relacionar su posición con elementos del paisaje lunar visibles tanto en las fotos orbitales como en las panorámicas históricas tomadas desde la superficie.

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Esto deja entonces un dilema: dos ubicaciones para la primera misión de alunizaje humano exitoso de la historia. Por un lado, las coordenadas sugeridas por modelos de aprendizaje automático aplicados a imágenes orbitales recientes; por el otro, la localización propuesta a partir de un análisis manual y detallado del archivo fotográfico del Orbitador de Reconocimiento Lunar, apoyado en la comparación con las panorámicas originales de 1966. Ambas apuntan a zonas cercanas, pero no idénticas, lo que abre un gran debate científico que solo podrá resolverse con nuevas observaciones de mayor resolución desde la órbita lunar.

Para resolver el misterio, se espera que la sonda india Chandrayaan-2 pase sobre la zona donde se cree que pudo haber aterrizado Luna 9 en marzo de 2026 y tome imágenes más detalladas que permitan confirmar si uno de los lugares candidatos identificados por los modelos de inteligencia artificial realmente corresponde a la nave soviética. Chandrayaan-2 orbita la Luna desde 2019 y lleva cámaras capaces de mapear la superficie con una resolución alta suficiente para distinguir detalles de módulos de aterrizaje, lo que es útil para verificar ubicaciones propuestas.

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