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Por accidente, el telescopio Hubble captura un fenómeno extremadamente difícil de observar

“A veces los mejores descubrimientos científicos se producen por accidente”, dice uno de los científicos encargados del reciente estudio. La probabilidad de observar ese fenómeno era de uno en un millón.

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22 de marzo de 2026 - 11:19 p. m.
Parte de una serie de imágenes del telescopio espacial Hubble de la NASA que muestran la fragmentación del cometa C/2025 K1 (ATLAS).
Parte de una serie de imágenes del telescopio espacial Hubble de la NASA que muestran la fragmentación del cometa C/2025 K1 (ATLAS).
Foto: NASA, ESA, Dennis Bodewits (AU); Procesamiento de imagen: Joseph DePasquale (STScI)
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A veces, dice John Noonan, profesor del Departamento de Física de la Universidad de Auburn (Estados Unidos), “los mejores descubrimientos científicos se producen por accidente”.

Lo dice porque hace unos pocos meses fue justamente esto lo que le pasó. Tras lograr que las agencias espaciales encargadas del Telescopio Espacial Hubble lo dirigieran en dirección al cometa que el equipo de Noonan quería observar, descubrieron que este no era visible debido a unas limitaciones técnicas.

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Sin pensarlo mucho y para no perder la oportunidad de utilizar las observaciones de uno de los telescopios más importantes del mundo, Noonan y su equipo pidieron que este se enfocara en el cometa K1.

A unos 400 millones de kilómetros de la Tierra, situado en la constelación de Piscis, este cometa se aleja del sistema solar y es poco probable que se vuelva a ver. En parte, este era el interés de los científicos por observarlo.

Sin embargo, al observar las primeras imágenes, Noonan notó algo que no esperaba encontrarse. “Mientras echaba un primer vistazo a los datos, vi que había cuatro cometas en esas imágenes cuando solo habíamos propuesto observar uno”, recuerda el investigador.

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De inmediato, Noonan supo que se trataba de algo “realmente especial”. Como explicó en un reciente estudio, publicado en la revista académica Icarus, lo que lograron observar era un cometa en desintegración. Esto, para que se haga una idea, es una probabilidad entre un millón.

Como explican desde la NASA, una de las dos agencias responsables del telescopio, este es un experimento que los investigadores siempre quisieron hacer con el Hubble. “Habían propuesto muchas observaciones con el Hubble para capturar la desintegración de un cometa. Desafortunadamente, estas son muy difíciles de programar y nunca tuvieron éxito”, agregaron.

Los cometas, explica Dennis Bodewits, colega de Noonan en la Universidad de Auburn y autor principal del estudio, “son restos de la era de la formación del sistema solar, por lo que están compuestos de ‘materia antigua’: los materiales primordiales que formaron nuestro sistema solar”.

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Pero no están intactos, continúa Bodewits. “Han sido calentados; han sido irradiados por el Sol y por los rayos cósmicos. Por eso, al analizar la composición de un cometa, la pregunta que siempre nos hacemos es: “¿Es esta una propiedad primitiva o se debe a la evolución?” Al abrir un cometa, se puede ver el material antiguo que no ha sido procesado". De ahí el interés por observarlo.

De manera inesperada, el Hubble captó a K1 fragmentándose en al menos cuatro pedazos. De hecho, el equipo calcula que el cometa comenzó a desintegrarse ocho días antes de poder observarlo con el telescopio y justo un mes después de K1 alcanzara su máxima aproximación al Sol.

“Nunca antes el Hubble había captado un cometa en proceso de fragmentación tan cerca del momento en que realmente se desintegró. La mayoría de las veces, esto ocurre unas semanas o un mes después. Y en este caso, pudimos verlo apenas unos días después”, celebró Noonan.

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Esto es clave para los científicos. Como explica el investigador, “nos revela algo muy importante sobre la física de lo que está sucediendo en la superficie del cometa. Es posible que estemos observando el tiempo que tarda en formarse una capa de polvo sustancial que luego puede ser expulsada por el gas”.

Mientras continúan los análisis, los científicos ya saben que K1 es químicamente muy extraño, pues tiene un contenido de carbono significativamente más bajo en comparación con otros cometas. Pruebas adicionales seguirán arrojando más información sobre la composición de K1 y los orígenes mismos de nuestro sistema solar.

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