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Los agujeros negros son uno de los objetos astronómicos que más logran llamar la atención de los científicos, sobre todo por los misterios que todavía quedan por resolver sobre su naturaleza y comportamiento.
En la galaxia Circiunus, a unos 13 millones de años luz de distancia, se encuentra un agujero negro supermasivo que logra permanecer activo al consumir la materia que hay alrededor y que influye en la evolución de la galaxia.
Hasta ahora, los científicos creían que la mayor fuente de luz infrarroja de la región más cercana al agujero negro eran corrientes de materia sobrecalentada que se expulsaban hacia el exterior. Sin embargo, en un reciente estudio, varios astrónomos han planteado una nueva hipótesis.
Empleando nuevas observaciones del telescopio espacial James Webb de la NASA, el más potente hasta ahora creado, científicos liderados por Enrique López Rodríguez, de la Universidad de Carolina del Sur (Estados Unidos), aseguran proporcionar pruebas que contradicen la teoría actual sobre el agujero negro supermasivo.
En un estudio, publicado recientemente en la revista académica Nature Communications, Rodríguez y sus colegas presentan las pruebas, así como la imagen más nítida del entorno de un agujero negro tomada por el James Webb.
Desde los años 90, explica López Rodríguez, “no ha sido posible explicar el exceso de emisiones infrarrojas que provienen del polvo caliente en los núcleos de las galaxias activas”.
Si bien había hipótesis que planteaban que el exceso se producía a partir de materia sobrecalentada que se expulsaba hacia el exterior, la reciente investigación demuestra que la mayor parte del material caliente está alimentando, en realidad, al agujero negro central.
Aunque López Rodríguez asegura que sus observaciones respaldan esta teoría, reconoce que esta podría no aplicar para los miles de millones de agujeros negros que existen en nuestro universo.
“Tal vez, en el caso de los agujeros negros más brillantes, las emisiones estén dominadas por el flujo de salida”, apuntó el científico.
Frente a la imagen más nítida sobre la región cercana al agujero negro, Joel Sánchez-Bermúdez, coautor del estudio y profesor de la Universidad Nacional de México, explicó que, “al utilizar un modo de imagen avanzado de la cámara, podemos duplicar eficazmente su resolución en una zona más pequeña del cielo”.
En otras palabras, “esto nos permite ver imágenes dos veces más nítidas. En lugar del diámetro de 6,5 metros del Webb, es como si estuviéramos observando esta región con un telescopio espacial de 13 metros”.
Lo que sigue, explicaron los científicos, es replicar las observaciones que realizaron en Circiunus para saber si se trata de un caso particular o es un patrón de otros agujeros negros.
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