
Durante el fin de semana del Día del Trabajo, Tristan Buckmaster, un matemático de la Universidad de Nueva York, sintió como si hubiera sido arrollado por una de las empresas más grandes y poderosas del mundo, todo debido a un problema de matemáticas.
En el transcurso de agosto, Buckmaster y otro matemático habían hecho progresos significativos en un antiguo enigma que involucra las ecuaciones de Navier-Stokes, las cuales describen el flujo de fluidos como el agua y el aire.
Pero entonces OpenAI, el gigante de la inteligencia artificial, entró a la contienda.
Los rumores de que su archirrival, Anthropic, había resuelto uno o dos de los “problemas del Premio del Milenio” de matemáticas impulsaron a los líderes de OpenAI a abordar la misma lista de problemas, la cual ofrece 1 millón de dólares por la primera demostración que supere una revisión rigurosa.
La lista incluye el enigma de Navier-Stokes, y en menos de una semana, OpenAI venció a Buckmaster y a todos los demás matemáticos humanos del mundo, al anunciar el martes que había encontrado la respuesta.
En los últimos dos días, se ha encendido una tormenta en el universo de las redes sociales: amenazas percibidas, la oferta de dinero del premio e insinuaciones de que los agentes de IA de OpenAI de alguna manera habían encontrado e incorporado el trabajo reciente de Buckmaster en la demostración de la empresa.
El miércoles por la noche, en respuesta a preguntas del Times, OpenAI dijo en un comunicado que era “categóricamente” imposible que su sistema de IA hubiera resultado influenciado por algo que Buckmaster hubiera hecho en los últimos dos meses.
Buckmaster dijo que no le importaba el millón de dólares, ni siquiera ganar la competencia por encontrar la respuesta. “Amo las matemáticas, y solo quería ser parte de la historia”, dijo en su oficina de la NYU el martes por la tarde durante un recuento de dos horas sobre los eventos.
Ahora es parte de una historia diferente: la enconada rivalidad entre OpenAI y Anthropic, la cual fue fundada en 2021 por exdirigentes de OpenAI quienes dijeron que OpenAI se había vuelto indiferente a los peligros de la inteligencia artificial.
“Cuando son dos de las empresas más grandes del mundo, necesitan superarlo”, dijo Buckmaster. “Yo solo soy un espectador en estos juegos mezquinos”.
La tensión entre Buckmaster y OpenAI también refleja un abismo de desconfianza entre la cultura audaz de las empresas emergentes de alta tecnología y de alto vuelo, y la colaboración generalmente cordial y comunitaria de los matemáticos, quienes, no obstante, dependen cada vez más de las herramientas de IA
Tanto Buckmaster como los funcionarios de OpenAI en gran medida están de acuerdo sobre lo que ambas partes discutieron durante el fin de semana.
El domingo, a pesar de que OpenAI había completado una demostración de Navier-Stokes y Buckmaster no, Sébastien Bubeck, el líder de la iniciativa de OpenAI, le hizo lo que parecerían ser ofertas tentadoras a Buckmaster: Buckmaster podría publicar sus resultados primero. También podría servir como el autor principal de un artículo de OpenAI que describiera la demostración, u obtener amplios recursos computacionales de OpenAI para avanzar en su trabajo. La empresa también sugeriría que Buckmaster y su colaborador merecían cobrar el premio de 1 millón de dólares.
El obstáculo era que su colaborador es Levent Alpöge, un matemático que trabaja en Anthropic. Aunque este era un proyecto personal paralelo de Alpöge, no una iniciativa de Anthropic, Bubeck se mostraba receloso.
Buckmaster dijo que, dado que él y Alpöge habían utilizado herramientas tanto de OpenAI como de Anthropic, la mejor solución habría sido que las dos empresas colaboraran en esta instancia.
“El gran punto de fricción era que ellos no querían a Levent en el artículo”, dijo Buckmaster mientras estaba sentado en su austera oficina universitaria.
Detrás de él, en el pizarrón, había una cronología de su progreso en el problema; varias sillas estaban colocadas cerca. Esto había servido como lo que él llamó su “sala de guerra”, donde había discutido con colegas de la NYU qué debía hacer.
(The New York Times ha demandado a OpenAI y a Microsoft, que es un gran inversionista en OpenAI, alegando infracción de derechos de autor de contenido de noticias relacionado con sistemas de IA. Ambas empresas han negado las acusaciones de la demanda.)
En 2000, el Instituto Clay de Matemáticas expuso los problemas del Premio del Milenio —lo que consideraba los siete problemas sin resolver más grandes en el campo— y ofreció recompensas de 1 millón de dólares como incentivo adicional.
Uno de los problemas del Milenio involucra las ecuaciones de Navier-Stokes, que llevan el nombre de los científicos que las escribieron en el siglo XIX para capturar el comportamiento del flujo de fluidos. Estas ecuaciones son de inmensa utilidad para los meteorólogos y diseñadores de aviones, pero para los matemáticos, aún son un misterio.
Una pregunta simple que no podían responder: ¿podrían las ecuaciones de Navier-Stokes a veces producir respuestas sin sentido en las que el líquido se acelera a velocidades infinitas?
Con la ayuda de modelos de inteligencia artificial, Buckmaster y Alpöge habían resuelto eso para ecuaciones más simples.
Pero ahora OpenAI tenía el gran premio. Para las ecuaciones de Navier-Stokes, al menos en algunas circunstancias, la respuesta es sí.
Y Bubeck invitaba a Buckmaster a unirse al equipo ganador.
“No podían entender por qué yo no aceptaría este trato, por qué no traicionaría a Levent”, dijo Buckmaster.
También tenía la inquietante sospecha de que la multitud de agentes de IA de OpenAI, tal vez no intencionadamente y sin advertirlo, había construido su demostración con base en el trabajo de Buckmaster y Alpöge. Aunque todavía no habían revelado públicamente su trabajo, Buckmaster usó una herramienta de OpenAI llamada Codex, utilizada típicamente para escribir y gestionar código informático, para ayudar a limpiar y simplificar las divagaciones matemáticas, a menudo desordenadas, producidas por la inteligencia artificial.
Dado que OpenAI, al igual que otras empresas de IA, incluye datos de usuarios para ayudar a entrenar sus modelos, ¿podrían los agentes de OpenAI haber construido su solución con base en lo que Buckmaster había suministrado a Codex?
“No hay pruebas de que lo hayan hecho”, dijo, pero el enfoque en la demostración de OpenAI y la cronología de los eventos “sugieren fuertemente que eso es exactamente lo que ocurrió”.
Buckmaster sintió que OpenAI intentaba comprarlo. Él se negó.
Frustrado, Buckmaster dijo que podría hacer pública la disputa. Dijo que Bubeck de OpenAI respondió: “¿Por qué arruinarías tu carrera?”.
Buckmaster dijo que, cuando le preguntó cómo eso arruinaría la vida de un investigador académico, Bubeck respondió: “Si no quieres que sea amable, entonces no tengo que ser amable”.
En una entrevista, Bubeck cuestionó el tono y la intención de lo que había dicho. Las ofertas, dijo, estaban destinadas a ayudar a Buckmaster, ya sea al proporcionarle los recursos computacionales para que completara su demostración o permitiéndole hacerse cargo de la redacción del artículo que describía la demostración de OpenAI.
Bubeck dijo que OpenAI había llegado a acuerdos similares con otros matemáticos después de demostraciones matemáticas anteriores de OpenAI. “Así que estaba un poco sorprendido por la reacción del otro lado, que no fue cooperativa”, dijo.
Dijo que OpenAI quería dejar a Alpöge fuera del artículo final, porque “desde nuestra perspectiva, ¿cómo podemos tener un proyecto interno de OpenAI con un empleado de Anthropic?”.
Desestimó las preocupaciones de Buckmaster de que los prompts, las indicaciones, para Codex hubieran sido utilizadas como parte del entrenamiento para el modelo de OpenAI.
El comunicado del miércoles por la noche de OpenAI fue más enfático: “Podemos decir categóricamente que es imposible que los prompts de Buckmaster para Codex durante los últimos dos meses hayan influido en el sistema de manera alguna, incluyendo el entrenamiento”.
El comunicado agregó: “Después de investigar, podemos decir con total confianza que ninguna entrada de usuario posterior al 3 de julio podría haber influenciado a este sistema de ninguna manera”.
Bubeck también dijo que no había amenazado a Buckmaster. “Todo lo contrario”, dijo. “Trataba de decir: ‘Intentemos trabajar juntos. Hagamos de esto algo bueno’”.
Peter Sarnak, un matemático del Instituto de Estudios Avanzados en Princeton, estuvo entre las personas que Buckmaster llamó por teléfono el domingo. “De este tipo de negociación nunca había oído hablar”, dijo Sarnak. “Lo admiro por comportarse de la manera en que se comportan los matemáticos”.
El lunes por la noche, justo antes de la medianoche, Buckmaster publicó tres artículos en internet que describían los resultados que él y Alpöge habían completado. También publicó un tratado de 1870 palabras que describía la historia de la investigación y se disculpaba por no haber tenido tiempo de pulir los manuscritos hasta sus estándares habituales. Y luego relató en detalle sus interacciones con OpenAI durante los días anteriores.
A las 2:30 a. m., finalmente salió de su oficina y se fue a casa. El martes por la tarde, OpenAI anunció que tenía la demostración de Navier-Stokes.
Buckmaster dijo que le preocupaba lo que sucedería a continuación. “Ir en contra de una empresa de un billón de dólares es superaterrador y espantoso”, dijo. “Todos le tenemos miedo a OpenAI”.
Lo que se ha perdido en el altercado, dice Buckmaster, es el reconocimiento y el aprecio de lo que los matemáticos humanos aportaron al problema.
Él no se señala a sí mismo ni a Alpöge, sino a Diego Córdoba y Luis Martínez-Zoroa, dos matemáticos españoles que hace un par de años idearon una nueva estrategia para atacar problemas relacionados con Navier-Stokes, y diseñaron una serie de impulsos que podrían provocar que el fluido fluya a velocidades imposiblemente infinitas.
“El principal crédito intelectual tiene que ser para Luis y Diego”, dijo Buckmaster.
La mayoría de las ecuaciones diferenciales parciales, que incluyen las de Navier-Stokes, son notoriamente difíciles —a menudo imposibles— de resolver con exactitud. Los matemáticos normalmente adoptan un enfoque que va paso a paso, en el que abordan una serie de versiones cada vez más difíciles para alcanzar su objetivo final.
En la era anterior a la inteligencia artificial, Córdoba y Martínez-Zoroa habrían tenido el lujo de disponer de años para concretar sus ideas iniciales. “Vendrán otras personas y aportarán ideas, y tal vez resolvamos el problema del Premio del Milenio en 10 años sin IA”, dijo Buckmaster.
Pero ahora la IA lo ha trastocado todo. En su colaboración, Buckmaster planteó el problema, y luego Alpöge lo introdujo en un modelo de IA en Anthropic. Con base en lo que salía, proporcionaban más datos y repetían los pasos.
El proceso funcionó bien, pero para Buckmaster se volvió desalentador. “Por un lado es, digamos, superemocionante ser parte de esto”, dijo. “Por el otro lado, esto es aterrador, porque sentí que la IA me había superado”.
¿Era él ahora un intérprete de bazofia de IA y ya no el descubridor de nuevos conocimientos matemáticos?
“¿Cuál es la parte humana de esto?”, dijo.
El próximo capítulo del ascenso de la IA en las matemáticas de vanguardia podría llegar pronto.
En su comunicado del miércoles por la noche, OpenAI dijo: “Además, desde la finalización de Navier-Stokes, hemos logrado un progreso sustancial en otro problema del Premio del Milenio. Estamos analizando cómo compartir estos resultados de manera reflexiva”.
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