Una placa memorial ubicada desde hace cinco décadas en la capilla de la Universidad Nacional de Colombia es la evidencia de una espera que la institución ha sostenido desde la muerte del sacerdote, sociólogo y militante del Ejército de Liberación Nacional (ELN), Camilo Torres Restrepo: que sus restos regresen a las instalaciones donde forjó buena parte de su pensamiento.
“La Universidad Nacional de Colombia ha albergado, desde cuando se produjo el fallecimiento del padre Camilo, la esperanza de que en la capilla ‘Cristo Maestro’ de la Ciudad Universitaria de Bogotá reposen sus restos mortales. La placa simboliza la disposición permanente de la Universidad para salvaguardar su memoria por su profunda vinculación con la vida universitaria en las dimensiones académica y pastoral”, explicó a este diario Carolina Jiménez, vicerrectora de la Universidad Nacional.
Esa esperanza está ahora más cerca de concretarse. Este 15 de febrero, exactamente 60 años después de la muerte de Torres durante su primer combate, la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas (UBPD) entregó al padre Javier Giraldo –quien en 2022 hizo la primera solicitud para la búsqueda del cuerpo– un cofre con los restos óseos del jesuita.
Durante la rueda de prensa en la que se dieron a conocer los detalles del hallazgo, Giraldo confirmó que se está buscando una fecha simbólica para trasladarlos al osario de la Universidad Nacional. “No queremos hacerlo de manera silenciosa, sino una ceremonia para introducirlo ahí”, dijo.
La solicitud para que los restos reposen en la Universidad se formuló en un diálogo sostenido entre el buscador y distintos sectores sociales. Así lo señaló Jiménez, quien explicó que la decisión tuvo en cuenta el vínculo histórico del sacerdote con la institución “cuya presencia y labor dejaron una huella profunda en la vida universitaria, tanto en el ámbito pastoral como en el académico”.
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Para la vicerrectora, que el cuerpo del sacerdote se guarde en las instalaciones de la institución es un reconocimiento a su legado histórico y tiene un alto valor simbólico. Camilo Torres —señaló— “trabajó arduamente por la justicia social y una vida digna para todas y todos los colombianos”.
Para ella, sus aportes teóricos y su acción social fortalecen el papel de las universidades como “territorio de paz” y como espacios centrales en la construcción de una sociedad democrática que fomente el pensamiento plural, una noción presente en las reflexiones de Torres sobre el “pluralismo utópico”.
“Honrar su legado es reafirmar el sentido profundo de la Universidad como espacio de reflexión, diálogo y encuentro, al servicio del país y de sus futuras generaciones”, añadió.
Las obras que se hicieron en la capilla de la Nacional
El pasado 1 de febrero, unas imágenes de la capilla confirmaron que en la Universidad Nacional se estaban adelantando obras para recibir los restos del sacerdote que marcó la historia de la institución.
Según Jiménez, la decisión de preparar el espacio se tomó tras los diálogos sostenidos el 19 de enero entre la vicerrectoría de la sede Bogotá, el padre Giraldo y algunos sectores sociales. En un primer momento, las conversaciones se centraron en las actividades previstas por el aniversario número 60 de su fallecimiento.
“Posteriormente, al conocerse la posibilidad del hallazgo de sus restos mortales, se manifestó la intención de que la capilla de la Universidad Nacional de Colombia –lugar donde él fue capellán–, y dada la profunda relación histórica y académica que la Universidad mantiene con él, pudiera ser el espacio donde repose finalmente. En ese contexto, se decidió iniciar la intervención física en la capilla, con el propósito de adecuar el espacio y acoger dignamente sus restos mortales”, añadió.
El papel de Camilo Torres en la Universidad Nacional
Antes de asumir un papel activo en la política social, Camilo Torres fue profesor universitario y cofundador de la Facultad de Sociología de la Universidad Nacional, un vínculo que, según Jiménez, resulta clave para entender su legado intelectual en la comunidad académica.
Para la vicerrectora, sus aportes fueron decisivos no solo para la creación del programa de Sociología, sino también para la consolidación de miradas críticas en las ciencias sociales. En ese proceso –añadió– Torres contribuyó en corrientes teóricas de alcance en América Latina, “como es la Teología de la Liberación”.
“Su trabajo académico e investigativo combinado con su praxis social y comunitaria, le permitieron conectar el ámbito científico con las realidades nacionales y desde esa conexión, inherente a la universidad pública, robustecer la investigación y la docencia universitaria en ciencias sociales y humanas”, dijo.
Se trata de una influencia que, según la directiva, se mantiene vigente en la vida académica de la Universidad Nacional y continúa alimentando los debates teóricos de la comunidad universitaria.
Ese impacto, señaló el padre Giraldo, ha quedado eclipsado por la decisión de Torres de dejar el sacerdocio y vincularse al ELN en 1965, una guerrilla en la que estuvo apenas cuatro meses.
“La memoria de Camilo se ha ido reduciendo prácticamente a sus últimos tres meses en el Ejército de Liberación Nacional y por eso muchos historiadores, reporteros, en fin, se refieren a él como el ‘cura guerrillero’. Yo creo que recuperar la integridad de la vida y del pensamiento del padre Camilo Torres es un aporte enorme y profundo para la paz, porque el problema de la paz no se resuelve en un cese de fuego sino, como él lo decía, el país tiene que organizarse de otra manera, donde se permita ser más justos con todas las poblaciones colombianas, con los excluidos, con los oprimidos, y ese es el aporte más profundo a la paz”, afirmó.
Por ahora, no se ha definido la fecha en la que los restos serán entregados oficialmente a la Universidad Nacional. La comunidad académica espera recibirlos pronto.
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