
En Medellín, los barrios Popular, Manrique, Aranjuez, Villa Hermosa, Buenos Aires y La Candelaria llevan dos semanas con racionamientos que van y vuelven. Las interrupciones nocturnas, de 8:00 p. m. a 4:00 a. m., dependen del nivel del embalse de Piedras Blancas y del ahorro voluntario de la ciudad, pero este no ha sido tan exitoso como se esperaba. Tras reunirse con EPM, el alcalde Federico Gutiérrez anunció que los racionamientos se evaluarán una vez a la semana. Por ejemplo, la semana antepasada hubo racionamiento en el oriente, pero la pasada no, por las lluvias y el cumplimiento del 74 % de la meta de ahorro.
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Santiago Wilches, gerente de Acueducto de EPM, explica que la decisión de no mantener un esquema a largo plazo se debe a que buscan ofrecer el servicio de manera continua lo máximo posible. “Entonces hacemos unos pronósticos a largo, mediano y corto plazo, así los pronósticos a corto plazo son los que definen si la semana siguiente vamos a tener interrupción o no”.
Según Wilches, el último corte se dio gracias a dos factores que se sumaron: “Tuvimos unas hidrologías favorables y nuestros pronósticos permitieron predecir que íbamos a tener algunas lluvias que favorecían el comportamiento del embalse de Piedras Blancas. Eso, más el ahorro que se obtuvo la semana pasada, hace que podamos tener servicio de acueducto sin interrupciones, que es nuestro fin último”. De acuerdo con la Alcaldía de Medellín, las lluvias pronosticadas hasta el domingo 20 de septiembre ayudarían a que Piedras Blancas llegue a fin de mes con un 65 % de almacenamiento.
La vulnerabilidad de Piedras Blancas
El tamaño del embalse explica por qué es tan vulnerable: tiene el 0,35 % de la capacidad de almacenamiento del sistema, frente al 96 % de Riogrande II, que abastece al norte de la ciudad y occidente del Valle de Aburrá, y el 3,65 % de La Fe, que cubre el sur. Además, este sistema no tiene la posibilidad de recibir agua de los otros dos sistemas. “Es como si el embalse de Riogrande fuera una piscina inmensa, como si el de La Fe fuera una piscina para niños y como si el de Piedras Blancas fuera una poncherita”, explicó Gutiérrez.
Wilches añade que “EPM le está apostando a una solución en la que todos aportemos, y seguimos insistiendo en que, si no hay un ahorro de toda la comunidad, los efectos posteriores en las etapas más críticas del fenómeno de El Niño serán más drásticos”.
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Según cifras entregadas por EPM, durante la semana con racionamiento, entre el 8 y 13 de septiembre, solo la zona con cortes se acercó a la meta de 92 litros por vivienda. Pero en los sectores que dependen de La Fe y de Riogrande II, donde no hubo interrupciones y la meta es de 70 litros diarios por hogar, llegaron apenas al 18 %.
El lío es que en estos últimos dos embalses la crisis está avanzando rápidamente: “Con las mediciones que teníamos de agosto, el peor escenario iba a ser marzo o abril de 2027, pero con las mediciones de septiembre el peor escenario en La Fe se adelanta a diciembre”.
Una meta difícil de cumplir
“Vemos que la comunidad y nuestros clientes tienen que hacer un esfuerzo mucho más grande para realmente tener impactos que nos permitan amortiguar los efectos en los períodos más críticos”, dijo el gerente de acueductos.
Según EPM y la Alcaldía de Medellín, estos resultados inestables hacen que nada esté asegurado, y por eso continuarán revisando cada semana los niveles de los embalses. “Hay lluvias, pero aumentamos el consumo de manera desproporcionada. Si esta semana vemos que se aumentó el consumo de manera desmesurada y no está lloviendo, tendríamos una emergencia y tendríamos que tomar decisiones”, advirtió el alcalde.
Juan Fernando Salazar, ingeniero civil y doctor en recursos hidráulicos, sostiene que el verdadero problema en el abastecimiento de agua en la ciudad no es la falta de lluvia en sí, sino la fragilidad del sistema, que “no es suficientemente robusto”. Y agrega que la salida de la incertidumbre está en los respaldos de dónde sacar el agua, porque “cuando una ciudad depende de varios sistemas para su abastecimiento de agua, es posible que falle uno, pero que no falle otro y el abastecimiento se mantenga”. Explica que por eso ya hay interconexión en La Fe y Riogrande II, por lo que la ciudad está en deuda con Piedras Blancas.
Para esto, Salazar propone combinar agua superficial, subterránea y lluvia, recursos existentes en la ciudad, y recuerda que todo el país tiene con qué hacerlo: “Colombia tiene una cantidad de agua inmensa disponible, muchos ríos, muchos humedales, muchos acuíferos, mucha lluvia, que es posible aprovechar con un sistema más robusto que el que tenemos”.
Por lo pronto, EPM insiste en que la continuidad del servicio depende tanto de las lluvias como de los hogares, por lo que Wilches hace un llamado a la ciudadanía. “Insistiremos hasta el cansancio en el ahorro y la participación de todos en este fenómeno tan crítico, en el cual definitivamente tenemos que reducir los consumos para mitigar los efectos en los momentos más difíciles”.