La historia inédita del encuentro de dos líderes

El abogado y político Carlos Bula aporta un libro que describe cómo Bernardo Jaramillo y Carlos Pizarro, al momento de ser asesinados en 1990, avanzaban hacia la creación de una plataforma común de socialismo democrático.

Carlos Bula Camacho. / Óscar Pérez

Hace treinta años, cuando Colombia vivía horas críticas por el terrorismo de los extraditables, la embestida del paramilitarismo y los vaivenes de la confrontación armada entre el Estado y las guerrillas, dos líderes fueron protagonistas de un esfuerzo colectivo por cambiar de rumbo. Bernardo Jaramillo, de la Unión Patriótica (UP), que buscaba un lugar en la política para su colectividad; y Carlos Pizarro, del M-19, que entregaba sus fusiles para apostarle al mismo camino: las urnas en vez de las armas. Ambos fueron asesinados en una campaña electoral cruzada por el horror.

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De estos dos baluartes de la política colombiana de los últimos tiempos se ha escrito para recorrer sus vidas en el frenesí de la disputa o en la búsqueda de la paz, pero todavía más sobre sus muertes, agravadas por la impunidad para castigar a sus victimarios comunes. Lo que poco se ha documentado es cómo, al final de sus luchas, Jaramillo y Pizarro avanzaban hacia la creación de una plataforma unida para la izquierda democrática, proyecto que se frustró en 1990 con el asesinato de ambos líderes con 35 días de diferencia.

Uno de los propiciadores de esa perspectiva, a partir de los encuentros entre los dos dirigentes, fue Carlos Bula Camacho, un recorrido líder político que, a partir de esas vivencias, los testimonios de quienes apoyaron la idea o los aportes de aquellos que la sabían necesaria, reconstruyó este momento de la historia nacional. En su casa se dieron importantes acercamientos. Con larga militancia en la ANAPO, el MOIR y el movimiento Firmes, Bula ahora cuenta cómo nació y se frustró la esperanza de constituir una visión de socialismo democrático acorde con los esfuerzos por la paz de Colombia.

A Carlos Pizarro lo conoció desde que era un niño. Mientras su padre era profesor de la Escuela Naval de Cartagena, el de Pizarro era el comandante de esa unidad de la Armada. Sin embargo, solo lo volvió a ver en 1970 cuando él fue incluido en la lista de la ANAPO al Concejo de Bogotá, encabezada por María Eugenia Rojas, y Pizarro llegó a apoyar la campaña presidencial de Gustavo Rojas. Lo recuerda de “una actividad pasmosa”, y porque le dijo “!rompamos el toque de queda!”, horas después de consumarse el fraude electoral.

Por un tiempo, Bula fue secretario nacional de juventudes de la ANAPO y Carlos Pizarro fue uno de sus principales animadores. Pero un día le dijo: “Si ustedes quieren quemarse en el propósito iluso de transformar a la ANAPO en un partido revolucionario, allá ustedes”. Entonces se fue primero a la Juventud Comunista (JUCO), después a las Farc y terminó como cofundador del M-19. Bula migró primero al MOIR y después hizo parte de la Unión Nacional de Oposición (UNO). Cuando Pizarro ya estaba en la clandestinidad y viajaba con Jaime Bateman a Bogotá, se quedaban en su casa.

En los tiempos del Estatuto de Seguridad, Pizarro fue capturado y llegó a La Picota. Bula pasó a fortalecer el movimiento Firmes que, entre otras acciones, fortaleció la celebración del primer foro por los Derechos Humanos en Colombia. Cuando Belisario Betancur planteó los diálogos de paz, Pizarro salió libre y Bula fue designado cónsul en Bélgica y Luxemburgo. Su despacho en Europa se convirtió en una oficina política para todos los sectores. Cuando retornó al país, todo había cambiado, especialmente después del holocausto del Palacio de Justicia, coprotagonizado por el M-19.

A finales de 1986, Bula fue designado secretario de Gobierno de Bogotá en la alcaldía de Julio César Sánchez, en momentos en que Pizarro asumió la comandancia del M-19. Después se sumó a la plataforma Colombianos por el Socialismo Democrático, justo cuando el M-19 se decidió por la paz. La misma época en la que la Unión Patriótica soportaba una ofensiva criminal en su contra. En ese contexto, a comienzos de 1989 conoció a Bernardo Jaramillo, quien de entrada se mostró dispuesto a apoyar la fórmula del socialismo democrático, que planteó como una idea suya.

A partir de ese momento, la idea cobró fuerza y en marzo de 1990 derivó en un objetivo de Bula para fortalecerla: sentar en una misma mesa a Jaramillo y Pizarro. El encuentro se hizo en su casa y Bula marcó de entrada su posición: “Yo estoy por la candidatura de Bernardo”. La respuesta de Pizarro fue evidente: “El flaco Bateman no se equivocó, Bula será siempre un izquierdista”. A pesar de las definiciones, el objetivo del socialismo democrático siguió en marcha y el 20 de marzo de 1990 se gestó una nueva reunión, pero apenas 48 horas después el plan comenzó a hacerse trizas con el asesinato de Jaramillo.

“Con las armas que entregaste asesinaron a Jaramillo”, le increparon a Pizarro algunos dirigentes de la JUCO, cuando el candidato del M-19 acudió a la clínica donde murió Jaramillo, tras ser blanco de un atentado en el aeropuerto El Dorado. En esa expresión se resumían las desconfianzas de aquel momento crítico. No obstante, en la primera semana de abril se lanzó el movimiento como homenaje a la memoria de Jaramillo. Pero faltaba el segundo golpe: el 26 de abril, cayó asesinado Pizarro. En la antesala de la clínica adonde fue llevado agonizante, Bula comentó en público: “Nos asesinaron en la cuna”.

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“Ahí quedan los sueños, malditos sueños”, agregó un enardecido militante. Sus palabras representaron el epílogo del socialismo democrático, al que se quería llegar a partir de la unión entre Bernardo Jaramillo y Carlos Pizarro. Una historia que no se había contado y que decidió hacer Carlos Bula Camacho como una contribución a la memoria de un momento crucial de rectificación histórica. Hoy Bula pertenece al comité ejecutivo del Polo Democrático, preside la Fundación Social Demócrata de Colombia y no baja la guardia política.

“Como no estamos en el fin de la historia, queda abierto el debate”, resalta Bula con la certeza de que, casi treinta años después de estos acontecimientos, vale la pena recordar el encuentro de estos dos líderes políticos que fueron pioneros en el rechazo a la lucha armada o la combinación de formas de lucha, y también de la apuesta por la paz que hoy constituye el ideario de la mayoría de los colombianos. Lo refrenda Bula Camacho, coprotagonista de estos y muchos otros sucesos en la larga brega por reinventar la democracia en Colombia como un modelo incluyente.