Vitamina D en el embarazo: beneficios y cómo tomarla

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Nuevo estudio sugiere que el mayor consumo de nutrientes con vitamina D en el embarazo, favorece el aumento de puntaje del coeficiente intelectual de los niños.

Desarrollo, crecimiento y fortalecimiento de los huesos; prevención de la osteoporosis y algunos tipos de cáncer: colon, próstata, ovarios y mama; regulación de los niveles de calcio y fósforo en la sangre y aporte para el movimiento, son algunos de los beneficios que proporciona la vitamina D al organismo del ser humano, y que favorecen el mantenimiento de una buena salud.

Esta vitamina liposoluble se absorbe a través de nutrientes naturales, entre ellos pescados grasos como el salmón y el atún, hígado de ternera, queso, yema de huevo y champiñones, o de suplementos y alimentos fortificados. También se obtiene por medio de la exposición al sol, que debe ser moderada con el fin de reducir los riesgos de contraer cáncer en la piel.

No obstante los beneficios señalados, la falta de vitamina D es un problema de salud pública generalizado en todo el mundo, pues mil millones de personas, aproximadamente, tienen deficiencia de esta vitamina. Dicha situación también se advierte en un número importante de gestantes, relacionándose este déficit con inconvenientes de salud como preeclampsia y diabetes gestacional.

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Como la vitamina se transfiere a los bebés en el vientre, los pequeños también pueden verse afectados con bajo peso al nacer, menor circunferencia cefálica, raquitismo, ser niño pretérmino y menor desarrollo del lenguaje. Pero un estudio nuevo reveló que el nivel de vitamina D en el cuerpo de las madres incide en el coeficiente intelectual (CI) de los niños.

El estudio, publicado por la revista The Journal of Nutrition y desarrollado por el Departamento de Salud, Comportamiento y Desarrollo Infantil del Instituto de Investigaciones Infantiles de Seattle (Estados Unidos), concluyó que un nivel mayor de vitamina D en el organismo de las embarazadas ayudó a los niños a tener un coeficiente intelectual más alto.

Este hecho se presentó, principalmente, en infantes con edades entre 4 y 6 años, grupo que registró un coeficiente intelectual mayor al del promedio de los participantes, pero también al de otros niños que presentaron deficiencia de esta vitamina en el vientre de sus madres. Sin embargo, a pesar de la convergencia, y de acuerdo con quienes realizaron este estudio, no se puede señalar una relación sistemática de causa y efecto, motivo por el que recomiendan realizar más investigaciones relacionadas.

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Para llegar a este resultado, el equipo también tuvo en cuenta otro estudio: “Condiciones que afectan el desarrollo neurocognitivo y el aprendizaje en la primera infancia” (CANDLE, por sus siglas en inglés), que desde el 2006 hizo un monitoreo a gestantes, almacenando datos relacionados con sus embarazos y con el desarrollo y la salud de sus hijos durante los primeros años de vida.

Otro de los hallazgos de este estudio, es que del total de las mamás participantes, el 46% mostró carencia de vitamina D durante la gestación, siendo más notorio el déficit en las mujeres de raza negra.

“El pigmento de melanina protege la piel del daño solar, pero al bloquear los rayos UV, la melanina también reduce la producción de vitamina D en la piel. Por esta razón, no nos sorprendió ver los altos niveles de deficiencia de vitamina D en mujeres embarazadas de raza negra en nuestro estudio. Aunque muchas mujeres embarazadas toman una vitamina prenatal, esto puede no corregir una deficiencia de vitamina D existente”, expresó Melissa Melough, cabeza visible del estudio.

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Según Melough, hay una buena noticia, pues a pesar de que la deficiencia de esta vitamina es muy común, existe una solución relativamente sencilla. Asegura que aunque es complicado lograr cantidades suficientes de esta vitamina mediante la alimentación, y que no todas las personas suplen esta diferencia con la exposición al sol, una adecuada alternativa es emplear suplementos.

El consumo diario sugerido de vitamina D equivale a 600 unidades internacionales (UI), pero es necesario realizar más investigaciones para definir los niveles indicados durante la gestación. Por eso, de requerirse, siempre será el médico quien determine su necesidad y en qué cantidad, para que su ingesta sea segura, tanto para la madre, como para su bebé.

Para Melissa Melough, como doctora a cargo de la investigación, el trabajo realizado debe “generar conciencia sobre este problema, mostrar las implicaciones a largo plazo de la vitamina D prenatal para el niño y su desarrollo neurocognitivo, y destacar que hay ciertos grupos a los que los proveedores de salud deben prestar más atención”.

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