Chanel viste el Palais Galliera de París

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El Palais Galliera, más conocido como el Museo de la Moda de París, reabre sus puertas tras una profunda renovación. En octubre se inaugurará con una gran retrospectiva dedicada a Coco Chanel.

Tras dos años de reformas profundas que suman más de 10 millones de dólares y que fueron financiadas por el Ayuntamiento de París y la Maison Chanel, el Palais Galliera es el primer museo permanente de moda de la ciudad de la luces.

Coco Chanel rima con tweed, vestido negro y con una intensa y polémica vida privada. Pero detrás de estas archiconocidas etiquetas, se esconde una panoplia de creaciones visionarias que cambiaron la manera de vestir de la mujer, según una inédita retrospectiva en París.

“Hemos redescubierto a Coco Chanel. Fue una sorpresa darnos cuenta hasta qué punto no la conocíamos”, admite a la AFP la española Miren Arzalluz, directora del Palacio Galliera, museo que albergará a partir del jueves la muestra “Gabrielle Chanel, manifiesto de moda”.

Aunque existen más de 100 biografías de la diseñadora más influyente del siglo XX, estas disertan en general sobre los hombres con los que compartió su vida, las sospechas de una colaboración con los nazis o su triste infancia, en la que fue abandonada por su padre. Mostrar solo su trabajo en la primera retrospectiva en París fue “una decisión radical”, afirma Arzalluz.

En total, el museo expone unas 170 prendas y 140 complementos creados por Gabrielle Chanel (1883-1971), muchos en su “bastión” de la calle Cambon de París, con su legendaria escalera decorada de espejos. Pero la mayoría de diseños podrían también lucir en el escaparate de una tienda de alta costura de hoy en día, lo que ilustra cómo los principios que trasladó a la moda - libertad, elegancia, naturalidad -, siguen guiando a las mujeres a la hora de vestirse.

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Desde la camiseta marinera creada en los años 1910 hasta los trajes de tweed que siguen imperando en los desfiles de la firma, las creaciones de la diseñadora francesa son una oda a la simplicidad, a la prenda que se desprende de lo superfluo y se adapta al cuerpo sin encorsetarlo. “La libertad de movimientos, la comodidad, todas estas nociones no formaban parte de la alta costura antes de Chanel”, explica Arzalluz.

Quizás una de las claves para entender esta revolución reside en que Gabrielle Chanel era su propia clienta: llevaba sus creaciones y por tanto intuía lo que le podía convenir. “Los hombres diseñadores tienen en general una imagen idealizada” del cuerpo de la mujer, ella en cambio “sentía” la prenda en su propia piel, afirma Véronique Belloir, comisaria de la muestra junto a Arzalluz.

Con Chanel, la mujer puede llevar un lujoso vestido de noche sin renunciar a la fluidez, la ligereza, las formas simples. Lo único que necesita es “confianza, carácter”, según la propia diseñadora, que trabajaba con modelos de hasta la talla 42.

Ajena a los dictados de la moda, la diseñadora solo atendía a su propio espíritu. “Hay esta idea de que todo lo descubrió gracias a los hombres que conoció. Por ejemplo se habla del gran duque Dimitri (Pavlovich Románov). Gracias a él, habría diseñado los abrigos de inspiración rusa, pero lo hizo antes de conocerlo. La verdad es que no necesitaba a los hombres para crear”, reivindica Arzalluz.

Las diferentes salas de la muestra revelan cómo el negro y el color marfil predominaron durante su carrera. Con el primero, asentó su visión minimalista de la moda, ensalzando la pureza de las líneas y el tejido. “Lo que hace el vestido es el tejido, no los adornos”, afirmaba Chanel, pionera en el empleo de algunos materiales como el lurex, una ligera fibra metálica que no se arruga.

Se inspiró igualmente en el vestuario masculino, importando el dandismo como un nuevo código de la modernidad femenina, y se atrevió con abrigos de plumas para suplantar las pieles, así como con la combinación de la alta joyería con la bisutería.

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Pieza indispensable del imperio que erigió, el perfume Chanel Nº 5 merece una sala aparte. Su lanzamiento en 1921 supuso una ruptura. “Era radicalmente diferente a las fragancias de entonces, no tenía un olor preciso, era misterioso y abstracto, como las prendas”, explica la muestra. También el frasco es innovador: geométrico, simple, con una etiqueta en blanco y negro, contrasta con las botellas recargadas de la época, de inspiración oriental.

Para convertirse en el perfume más vendido del mundo, también contó con una eficiente publicidad gratuita. En una entrevista en 1955, Marilyn Monroe hizo una de sus confesiones más famosas cuando le preguntaron qué se ponía para dormir: “Cinco gotas del Nº 5. Nada más”.

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