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El clásico bogotano que definió un campeón del fútbol colombiano

En 1978 el título se disputaba en un cuadrangular final. Ese año Millonarios, Cali, Nacional y Santa Fe fueron los clasificados. Del derbi capitalino salió el campeón de esa temporada.

Millonarios se coronó campeón del campeonato de 1978.Archivo

En 1978 se cumplían seis años desde la última vez que Millonarios había celebrado un título de la liga colombiana. Esa temporada soñaba con cortar esa mala racha, así que en el torneo finalización contrató al técnico Pedro Dellacha, con el que se clasificó segundo al cuadrangular final junto con Santa Fe, Cali y Nacional. En esos partidos finales cabalgó, se convirtió en un equipo imbatible y llegó al último encuentro con una ventaja de un punto sobre el cuadro azucarero. Definía en Bogotá frente a su eterno rival de patio.

Era 20 de diciembre y las circunstancias habían tomado unas características que hacían recordar aquel 28 de enero de 1973 cuando la tribuna explotó con su grito por algo que se esperaba desde 1964, luego de muchos intentos e igual cantidad de fracasos. Esa noche, cuando Independiente Santa Fe era el contrincante, el último escollo por vencer, no dejaba de respirarse un cierto temor entre los seguidores del cuadro albiazul, que en su encarnizado rival veían el espectro de lo que comúnmente suele denominarse “un aguafiestas”. (Por la final bogotana habrá ley seca)

Y con toda razón. Los cardenales, en su calidad de coleros gozaban de la ventaja que, curiosamente, esa posición les otorgaba para encargarse de entorpecer los planes de sus rivales. Pero no fue así. El clásico lo ganó Millonarios 3-1. Los azules en su último empujón hacia la conquista final, desbarataron cualquier posibilidad de paridades, que no podían estar en sus planes, con menos razón si su título también dependía de lo que pudiera acontecer en Medellín entre Nacional y Deportivo Cali.

Lejos de ser un juego de genuina calidad, el choque entre embajadores y cardenales no dejó, sin embargo, de crear enorme expectativa en cada paso, en cada acción que se ejecutó. Y la tribuna animaba. Los de Millos emitían gritos, dejaban escuchar estribillos: los de Santa Fe parecían callar, esperando quizá el momento preciso para despegar sus labios. Y las banderas blancas y azules se esgrimían constantemente. Las rojas no aparecieron. Así fue el inicio; así fue el final. (Lea también: Juan David Valencia, el tormeno de de Millonarios)

Tal vez el segundero del cronómetro no había completado su primera vuelta, cuando el balón impulsado por Irigoyen tocó la red de Mina, acompañada la acción con el explosivo bramido del estadio. Ortíz corría detrás de sus marcadores, Morón se desmarcaba, Irigoyen señalaba su cabeza, los zagueros rojos se confundían, cuando Morón registró su nombre en el partido al concretar, cinco minutos después, la segunda anotación. El estadio volvió a lanzar otro profundo grito de emoción, cuando las cabezas gachas de los santafereños se consumían expresando su pena. (Así fue la temporada de Millonarios y Santa Fe)

El campeón de 1978 tomaba forma. El color azul se multiplicaba y la pelota seguía su tránsito. Los volantes de Millonarios gozaban de plena libertad para anestesiar a sus colegas de Santa Fe. Se llegó al minuto 17 y Willington Ortíz capitalizó la confusión de los defensores, quienes solo atinaron a ver cómo James Mina hacía un inútil esfuerzo para impedir que el balón besara otra vez sus piolas. Para fortuna suya fue la última.

La etapa complementaria, sin ser muy diferente a la primera, provocó una ligera reacción del perdedor, pero sus intentos fueron siempre taponados por Millonarios además de que se lució un poco de torpeza en el transporte de la pelota pese a lo cual se insistió para llegar con posibilidades sobre la portería de López, hasta que al minuto 24 sirvió para que el balón impulsado por Mendoza llegara a la malla de Millos, sin que la anotación se dejara escuchar en la tribuna, que la ahogó con su silencio. (Dónde y cómo comprar las boletas para el primer partido de la final bogotana)

Lo demás, esas secuencias tan propias de una circunstancia como la conquista: la vuelta olímpica, los gritos, los pitos… Millonarios fue el campeón de 1978.