
Aunque fuera del campo son uña y mugre, toda la vida a James Rodríguez y Juan Fernando Quintero los mostraron más como antagonistas que como socios. No para los ojos ansiosos de los hinchas colombianos, que nunca pudieron deleitarse —aunque ganas no faltaron— con una conexión que podríamos considerar inexistente, pero sí para la mirada de los timoneles que devolvieron a Colombia a la historia de las Copas del Mundo. Tanto José Néstor Pékerman como Néstor Lorenzo, a quienes podemos llamar los guionistas de esa perversa “rivalidad”, prescindieron de alinear juntos a los dos más grandes talentos que ha dado nuestro fútbol en este siglo. De hecho, aquel partido que le ganamos 3-0 a Polonia, en el Mundial de 2018 —uno de los pocos en los que ambos dieces pudieron juntarse a tirar paredes—, quedó en la memoria colectiva casi como cuando un mal sueño permanece en la cabeza después de una noche de insomnio. ¿Pasó o no pasó?
El jueves en la mañana nadie anticipaba lo que venía, lo que será el culmen de aquel antagonismo, ahora sí, hecho realidad. James Rodríguez, vestido con la camiseta de Atlético Nacional, contra Juan Fernando Quintero, defendiendo los colores del Deportivo Independiente Medellín. ¡Qué plato sabroso! Los que “no podían jugar juntos”, según algunos, ahora se verán las caras, frente a frente, uno contra el otro.
El inesperado arribo a la Liga BetPlay del capitán de la selección, que fue alertado el 10 de septiembre al mediodía y quedó confirmado solo unas horas más tarde tan pronto como cayó la noche, no solo pondrá al nuevo 10 verdolaga a jugar contra Juanfer, y de paso con Jackson Martínez —fichado el viernes por el DIM en otra operación sorpresa—, también lo hará enfrentarse con viejos conocidos, compañeros de la misma camada que el goleador del Mundial de 2014 lidera desde hace más de una década.
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En Junior, por ejemplo, están Teófilo Gutiérrez y Luis Fernando Muriel, quien también regresó este año al FPC y ya le puso una estrella al escudo del tiburón. Carlos Bacca, de la camada atlanticense, todavía anda por nuestro fútbol, solo que ahora defiende los colores de Deportivo Cali. El goleador está en la misma ciudad en la que está Adrián Ramos, capitán del líder del torneo, América de Cali. En el Once Caldas de Manizales, cómo no, está intacto Dayro Moreno, y en Bogotá, aunque no compartió tanto con el astro cucuteño, está Hugo Rodallega, pionero de esa generación y hoy ídolo en Santa Fe.
El tiempo y, sobre todo, las limitaciones fiscales nos privaron del cara a cara con Radamel Falcao García, que hasta hace unos meses todavía estaba en Millonarios. ¡Lo que habría sido ese duelo! No obstante, el que sí estará con el embajador será Juan Guillermo Cuadrado, otro fichaje inesperado que, a última hora el jueves, también removió los cimientos del mercado. El antioqueño, después de casi dos décadas triunfando en Europa —particularmente en Juventus, equipo con el que solo le faltó ganar la Champions—, es otro de los de esa camada que regresa a Colombia. Aunque lo lógico era pensar que su retorno sería al DIM, club del que surgió para dar el salto hacia Italia, el de Necoclí se decantó por el embajador, que vio la oportunidad de traer a un futbolista apurado por el cierre del mercado del FPC de los jugadores libres, que fue el viernes.
James Rodríguez llegó en la misma ventana, y tanto él como Cuadrado tomaron la determinación como última opción, cuando ya sonaba la campana, después de no poder conseguir club en una liga de mayor nivel. De hecho, dos días antes de que Nacional lo anunciara como el fichaje del año para la Liga BetPlay, el surgido de Envigado estaba negociando con el Avellino de Alessandro Nesta, equipo de la Serie B de Italia.
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Aunque volver a Europa le habría dado un buen estatus al ex-Real Madrid, la realidad es que en Medellín cayó mucho mejor parado. El mediocampista llega a un equipo muy armado, una plantilla que debería ser una aplanadora. Para empezar, James estuvo a poco de jugar con su excuñado, David Ospina, que hoy está sin equipo, contemplando el retiro y sin muchas chances de volver al verdolaga. ¿La razón? Que los antioqueños acaban de firmar el regreso de uno de sus grandes ídolos: Franco Armani. El argentino, campeón del mundo en Catar 2022, es la principal carta de presentación del cuadro verde, que también cuenta con jugadores como William Tesillo, Milton Casco, Andrés Felipe Román, Jorman Campuzano, Marlos Moreno, Juan Manuel Rengifo, Cristian Arango, Ian Poveda y Alfredo Morelos. En la nómina están, además, otros dos cruciales de la camada de la selección de Colombia, Edwin Cardona y Mateus Uribe, piezas de una nómina que, sumando el nuevo refuerzo, está obligada a quedar campeona de todo y competir el próximo año en la Copa Libertadores.
Por supuesto, en Antioquia James Rodríguez se jugará su prestigio, que no está precisamente en su mejor momento tras el Mundial con Colombia. Lo mismo le pasó a Falcao García en Millonarios, que tras una verdadera etapa frustrada en la capital, no dejó una buena sensación luego de su paso por el FPC. Cualquier cosa que no sea quedar campeón será duramente juzgada y al 10 —número que, por cierto, le sacó a Cardona— le juega en contra la falta de continuidad. En Estados Unidos, el colombiano jugó un puñado de partidos este año y completó menos de 300 minutos con Minnesota United. El cucuteño tiene que llegar a acomodarse a una liga que ya está lanzada y en un equipo que, de la mano de Lucas González, está funcionando bien. La calidad del James da para pensar que con un poco de ritmo puede empezar a deslumbrar en Colombia, pero tampoco será llegar y establecer su dominio caminando.
El panorama es similar con Juan Guillermo Cuadrado, que no llega con menos presión. Sobre todo, porque la hinchada en Bogotá está desgastada tras el ciclo con Falcao García. En Millonarios ya saben lo que es traer a un astro con mucho recorrido, pero sin el brillo de otrora. A eso se suma la falta de títulos en los últimos años. El antioqueño llegará a un equipo que venía entonado, pero que de la nada sacó a su entrenador, Fabián Bustos, y reinició el proceso para traer por segunda vez al banquillo a Alberto Gamero.
Juzgando la nómina, el necocliseño llega a un equipo muchísimo más endeble y él, de hecho, también representa un tema delicado. En Pisa, su último equipo en la Serie A, estuvo casi 200 días, de la anterior temporada, lesionado. Los problemas físicos, de hecho, fueron los que le costaron antes su salida tanto de Atalanta como de Inter de Milán. 100 % físicamente, seguramente, Cuadrado seguiría en Italia. Su problema es que ya acumula más de tres años entre algodones y desde que salió de la Juve su nivel nunca fue el mismo.
Por eso el riesgo es similar al de James, a correr la misma suerte de Falcao. A la mínima, tan pronto como afloren los problemas, la sentencia puede ser muy cruel. Juan Guillermo Cuadrado también debe acomodarse rápido al ritmo y no puede subestimar el torneo local, que entre chiste y chanza y con tanta figura cerca del retiro, logró armar un torneo interesante.
Y es que al oponer, al inicio de este artículo, a dos figuras como James y Quintero, además del morbo que despierta semejante cara a cara, la búsqueda iba encaminada a dimensionar el nivel de la liga. La llegada de estas figuras le da jerarquía al torneo y prenderá más televisores, justo en plena discusión por lo que pasará con los derechos de televisión en los próximos años. Sin embargo, Rodríguez y Cuadrado se pasearán por los estadios del país y no recibirán, precisamente, aplausos como reconocimiento a lo que hicieron por la selección. Tendrán que enfrentarse a escenarios hostiles, estadios complejos y equipos que, en el ámbito local, saben competir.
En medio de ese escenario, es imposible negar que la nostalgia ha encontrado un lugar inesperado. La generación que durante más de una década nos acostumbramos a ver en las convocatorias de la selección de Colombia empieza a encontrarse otra vez, pero ahora desperdigada por los grandes equipos del país. Es una señal inequívoca del recambio que debe y está por venir. Ya no están persiguiendo juntos el sueño de llevar a Colombia a un Mundial ni compartiendo concentraciones en Barranquilla; ahora completarán una colección de duelos que hace unos años habría parecido imposible imaginar por estos lares.
Hay algo inevitablemente melancólico en ese cuadro. Que tantos de aquellos nombres estén hoy en Colombia también habla del paso del tiempo y del final cada vez más cercano de una época, la que devolvió al país al mapa del balompié mundial. Para algunos fue poco, para otros fue mucho, pero nadie puede negar que esos jugadores definieron una era completa de nuestro fútbol.
Quizá por eso el duelo entre James y Juanfer, que desde ya se avizora, resume tan bien este extraño momento. Durante años discutimos si podían jugar juntos y ahora estaremos expectantes para verlos jugar separados, cada uno en su orilla. El fútbol colombiano tendrá a muchas de las caras de su mejor época reciente otra vez frente a sus ojos, solo que con camisetas distintas y bastantes kilómetros acumulados en las piernas. Habrá tiempo para descubrir cuánto fútbol les queda. Por ahora, vale la pena disfrutar la ironía: después de buscarlos juntos durante tantos años, finalmente tendremos a la mayoría en el mismo lugar.

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José Luis(jx49o)•13 de septiembre de 2026 – 13:35Este campeonato ya es otra versión de la MLS: un montón de estrellas apagadas, o semi apagadas, buscando un… ¿digno?… final de carrera. Hay excepciones notables, por supuesto, como Rodallega y Dayro.