No se apresuren

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Nunca llegaron los anunciados US$60 millones por concepto de la venta de derechos internacionales de televisión. Los clubes, que ya contaban en sus proyecciones contables con ese dinero, no le perdonaron a Jorge Enrique Vélez el incumplimiento de su promesa. De nada valió demostrar que la empresa intermediaria incumplió el contrato firmado para tal efecto.

Después, ya en tiempos de pandemia, perdió el poco apoyo que le quedaba porque no supo representar al gremio del fútbol ante el Gobierno, a pesar de que una de las principales razones por las cuales lo escogieron era precisamente su capacidad para moverse en las esferas políticas del país.

Otras cosas, aunque no fueron determinantes, salieron mal. La relación con la asociación de futbolistas fue nula, olvidó que los jugadores son la materia prima de juego. La gestión del torneo de fútbol femenino no surtió efectos. Sus destempladas salidas al aire en medios de comunicación dejaron una muy mala imagen de la institución que representaba.

Como en cualquier gobierno, también hubo notas altas. Del informe de gestión de Jorge Enrique Vélez se destaca el cambio en la figura de los patrocinios. Se pasó de un solo auspiciador a una marca principal y varios colaboradores. Esto permitió pasar de $17’000.000 al año a $28.750 millones a partir de 2020.

Esta semana hay asamblea extraordinaria de la Dimayor para escoger al nuevo presidente, que, en caso de que Ramón Jesurún sea suspendido de su cargo —por la investigación del escándalo de la reventa de boletería para la eliminatoria de Rusia 2018—, será también el presidente de la Federación.

Esto abre el interés de los círculos más poderosos del país. Para nadie es un secreto que el fútbol es una herramienta de seducción como pocas para lograr votos a futuro. Mauricio Macri, por ejemplo, pasó de presidente de Boca Juniors a presidente de la nación en menos de dos décadas. Lo segundo no salió nada bien.

Es peligroso que se apresuren a nombrar a un candidato, como muchos dicen que va a suceder, tomando como referencia su buena aceptación en el Gobierno y más si viene recomendado por un club cuyo capital de inversión tiene intereses en lo público. Puede que su gestión sea transparente y despeje las dudas, pero puede que no. Mejor evitarlo a tiempo.

Quienes, con su voto, tienen la responsabilidad de definir el futuro del fútbol en Colombia deben velar para que este sea independiente, en el marco de las buenas relaciones con el gobierno de turno. El nuevo presidente debe saber de derechos de TV, relaciones comerciales, conocer la idiosincrasia de la dirigencia y sus regiones, conciliar con los futbolistas, amar el fútbol y no tener pasado reciente con la dirigencia de ningún club. Si este candidato no está listo para esta semana, que se tomen su tiempo. Del afán no queda nada.

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