
Once años después Santa Fe soñaba con volver a escribir una de esas noches que engrandecieron su historia continental. Había viajado a Brasil con la ilusión de sobrevivir, de repetir una hazaña y de acercarse nuevamente a la Copa Sudamericana que conquistó en 2015. Esta vez, sin embargo, no hubo milagro. Vasco da Gama derrotó 2-0 al equipo bogotano en Río de Janeiro y acabó con su recorrido internacional. El conjunto cardenal no estará en las semifinales. Terminó la ilusión de llegar a la final que se jugará en el Metropolitano de Barranquilla.
La misión ya era complicada después del partido de ida y obligaba a Santa Fe a realizar una presentación casi perfecta como visitante. Durante varios minutos pareció posible. Vasco asumió inicialmente el control de la pelota, pero el cardenal resistió y encontró las primeras oportunidades realmente peligrosas. A los 19 minutos Hugo Rodallega recibió dentro del área y sacó un remate a corta distancia que obligó a Léo Jardim a una gran reacción. Poco después el capitán volvió a acercarse con un tiro libre, que pasó muy cerca del arco brasileño.
Eran los minutos en los que Santa Fe necesitaba golpear. El equipo de Pablo Repetto había logrado que la superioridad de Vasco con la pelota no se tradujera en ocasiones y encontró espacios para hacer daño. Incluso Christian Mafla estuvo cerca de sorprender a Jardim cuando, a los 35 minutos, lanzó un centro cerrado que terminó estrellándose contra el vertical. El problema fue la efectividad: Santa Fe perdonó cuando tuvo sus posibilidades y Vasco, en cambio, aprovechó una de las primeras concesiones importantes de la defensa visitante.
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El golpe llegó a los 37 minutos. Un centro desde el costado encontró mal parada a la defensa santafereña y Bruno Duarte aprovechó la pasividad en la marca para ganar la posición y mandar la pelota al fondo. Fue un mazazo para un Santa Fe que hasta entonces había competido y que, además, perdió por lesión a Émerson Rivaldo en la misma secuencia. Maximiliano Lovera tuvo que ingresar antes del descanso y el león se marchó al vestuario con una montaña todavía más empinada por escalar.
Vasco entendió mejor el escenario en el complemento. Lejos de encerrarse para defender la ventaja que ya tenía, salió decidido a liquidar la serie y durante los primeros minutos controló el trámite. Santa Fe necesitaba asumir riesgos, adelantar sus líneas y poblar el área rival, pero le costaba muchísimo conservar la pelota en campo brasileño.
La sentencia llegó a los 66. Vasco volvió a encontrar la fórmula que tanto daño le había hecho al rojo: atacar por afuera y lanzar la pelota al área. David Correa, que acababa de ingresar, apareció sin marca y conectó de cabeza un centro desde la derecha para establecer el 2-0. Fue prácticamente el final de la historia. Santa Fe se quedó con la pelota durante el tramo definitivo, pero sin claridad para transformar esa posesión en situaciones de gol. Los pelotazos fueron rechazados una y otra vez por la defensa brasileña y el equipo terminó atacando más por orgullo que por fútbol.
Ahí terminó también el sueño de volver a vivir una campaña semejante a la de 2015. Hace 11 años, Santa Fe construyó uno de los capítulos fundamentales de su primera conquista internacional. Después, incluso, sumó la Suruga Bank. Pero antes, en aquella Copa Sudamericana eliminó en cuartos a Independiente, y en semifinales superó a Sportivo Luqueño antes de vencer a Huracán en la final. Ese recorrido convirtió al equipo de Gerardo Pelusso en el primer y único club colombiano campeón de la Sudamericana y dejó instalada una identidad copera que esta generación intentaba recuperar. Esta vez el viaje por el continente terminó antes.
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Y tampoco pudo repetirse el golpe que Santa Fe ya había dado en esta misma edición cuando eliminó a River Plate en los octavos. Aquella clasificación alimentó la idea de que el león podía volver a convertirse en uno de esos visitantes incómodos que parecen crecer lejos de Bogotá. Superar a uno de los gigantes del continente había elevado la ilusión y acercaba inevitablemente los recuerdos de 2015. Vasco, sin embargo, planteó otro tipo de desafío: castigó los errores defensivos, fue efectivo cuando encontró los espacios y después administró con inteligencia una ventaja que Santa Fe nunca logró poner verdaderamente en peligro.
Los minutos finales fueron una imagen clara de la eliminación. Santa Fe adelantó sus líneas, buscó mediante remates lejanos, acciones individuales y centros, mientras Vasco se replegó y cerró los caminos hacia Jardim. El pitazo final confirmó el 2-0 y cerró el regreso de Santa Fe a las grandes noches continentales. La campaña dejó momentos para recordar, especialmente la eliminación de River, pero no alcanzó para reeditar aquella epopeya de 2015. Once años después de levantar la Copa Sudamericana, el equipo cardenal volvió a ilusionarse con recorrer el continente hasta el último día, pero esta vez se quedó en el camino.

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carlos(98692)•Hace 16 horasTodos los equipos colombianos avanzan hasta cierta fase y hay quedan, no se tiene el nivel para llegar más lejos.