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La Supercopa de Europa entre París Saint-Germain y Aston Villa tuvo un protagonista que iba mucho más allá de los dos equipos que disputaron el título. Aunque PSG se llevó la copa, el que se quedó con los focos fue Omar Abdulkadir Artan, árbitro somalí de 34 años, quien fue el encargado de impartir justicia en Salzburgo en una designación histórica.
Detrás de su presencia, que lo convirtió en el primer juez no europeo en dirigir este partido, hubo también un potente componente político en plena guerra entre Aleksander Čeferin y Gianni Infantino por el futuro de la FIFA.
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La historia comenzó antes del Mundial de 2026. Artan, elegido mejor árbitro africano de 2025, había sido seleccionado por la FIFA para participar en la Copa del Mundo, pero nunca pudo ejercer su función. Cuando intentó ingresar a Estados Unidos, las autoridades migratorias le negaron la entrada y terminó deportado. La FIFA trató sin éxito de solucionar el problema y uno de los jueces que había preparado para su torneo más importante quedó por fuera antes siquiera de poder arbitrar.
Fue entonces cuando apareció Čeferin. El 11 de junio, cuando el Mundial apenas comenzaba, la UEFA anunció que Artan sería el árbitro de la Supercopa de Europa del 12 de agosto. La decisión fue presentada dentro de la cooperación entre UEFA y CAF y el dirigente esloveno reivindicó valores como la unidad, la igualdad y la no discriminación. Patrice Motsepe, presidente de la Confederación Africana, agradeció directamente a Čeferin por permitir que uno de los principales árbitros del continente dirigiera uno de los partidos más importantes del calendario europeo.
La designación, por lo tanto, no nació como consecuencia de la actual rebelión contra Infantino. Fue tomada varias semanas antes. Sin embargo, cuando Artan finalmente pisó el césped para dirigir la Supercopa, el contexto era completamente diferente. Entre junio y agosto, la relación entre los dos principales dirigentes del fútbol mundial se rompió todavía más y Čeferin terminó convertido en una de las cabezas visibles de la oposición contra el presidente de la FIFA.
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¿Qué pasó entre los presidentes de FIFA y UEFA?
El gran punto de quiebre llegó después del Mundial. Infantino impulsó un controvertido proyecto para transformar parte del negocio de la FIFA mediante una nueva estructura comercial y permitir la entrada de capital privado. Entre las posibilidades planteadas estaba vender un 20 % de los derechos comerciales de los Mundiales a inversionistas por alrededor de 4.200 millones de dólares. La iniciativa provocó una reacción inmediata dentro del fútbol internacional y UEFA encabezó buena parte de la resistencia.
La presión fue suficiente para hacer retroceder a Infantino. El presidente de la FIFA abandonó el proyecto a finales de julio después de recibir críticas desde diferentes sectores, pero retirar la propuesta no terminó la crisis. UEFA sostuvo que la actual dirección de la FIFA había perdido su confianza y advirtió que ninguna alternativa debía descartarse. El cuestionamiento dejó entonces de ser exclusivamente contra una decisión comercial para convertirse en una discusión sobre el propio liderazgo de Infantino.
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Čeferin tampoco quedó solo. UEFA, AFC y Concacaf aumentaron esta semana la presión mediante una carta abierta en la que acusaron a Infantino de haber quebrado la confianza y actuar unilateralmente con el proyecto. Las tres confederaciones pidieron una revisión independiente y llegaron a plantear consecuencias sobre su participación en las competiciones de la FIFA si no reciben garantías de que una operación semejante no volverá a impulsarse. Infantino todavía conserva importantes apoyos entre las 211 federaciones, pero la oposición a su gestión dejó de estar concentrada exclusivamente en Europa.
Artan como símbolo
Es dentro de esa batalla que la presencia de Artan en la Supercopa adquiere otra dimensión. El árbitro que Infantino tenía seleccionado para el Mundial, pero al que la FIFA no consiguió garantizarle la entrada a Estados Unidos, terminó siendo colocado por Čeferin en el centro de una de las principales finales organizadas por UEFA. Resulta difícil separar su simbolismo del enfrentamiento que domina actualmente la política del fútbol mundial.
El contraste es especialmente poderoso. Mientras la FIFA quedó expuesta por no poder resolver la situación de uno de sus propios árbitros durante el Mundial, UEFA convirtió a Artan en protagonista de un partido internacional y además presentó su elección bajo un discurso de igualdad y reconocimiento. Čeferin no necesitó mencionar a Infantino para construir el mensaje: el hombre que no pudo arbitrar el torneo de FIFA terminó haciendo historia bajo la organización de UEFA.
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Por eso, la Supercopa entre PSG y Aston Villa también tuvo un partido que no figuraba en el marcador. Artan había sido elegido para dirigirla antes de que explotara la última gran crisis de Infantino, pero terminó haciéndolo cuando Čeferin lidera uno de los mayores desafíos que ha enfrentado el presidente de la FIFA.
En medio de una discusión sobre poder, dinero y el futuro de la organización, UEFA encontró en un árbitro somalí una imagen difícil de ignorar: el juez que FIFA no pudo tener en su Mundial fue el elegido por Čeferin para impartir justicia en una final europea.
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