Por fin

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Por fin un equipo colombiano de los varios que transitaron e hicieron sufrir por las Copas Libertadores y Sudamericana alimenta una esperanza de estar más arriba en el escalafón internacional.

Júnior, que tuvo todo para asegurar en los 95 minutos la casilla, derivó en esa instancia, aliada con la suerte que resulta siempre la definición desde el punto penal, porque al minuto de juego ante La Calera había neutralizado el gol visitante obtenido por los chilenos en Barranquilla gracias al soberbio golazo de Miguel Ángel Borja. Es más, cuando terminó la etapa inicial, y a pesar del empate parcial, ganaba en puntos y en el global de las anotaciones.

Mientras La Calera jugaba bastante bien, haciendo circular la pelota por el piso e insistía sobre todo en el sector donde estaba Fuentes, el técnico Luis Amaranto decidió reforzar el esquema defensivo que se notaba fácilmente vulnerable. Por eso entraron Viáfara, Ditta y Larry Vásquez, tres jugadores más acostumbrados a marcar y defender, dejando de lado las intenciones de salir al ataque. Es probable que Amaranto, viendo lo que ocurría, haya recurrido a Sherman Cárdenas, buscando un respiro y un eventual socio para Teo. Al final el asunto estuvo complicadísimo con la irresponsable expulsión de Teo Gutiérrez, que cargó sobre un rival en zona neutral, es decir, en la mitad del terreno. Después Larry quiso exhibir sus dotes boxeriles y se llevó la roja. Ya con nueve en el campo, no quedaba sino un camino: apertrecharse en el fondo a esperar el pitazo final.

Sebastián Viera atajó el primer lanzamiento y comenzó el declive emocional de La Calera, y de ñapa Borja cobró de forma impecable para crear ilusión en los hinchas del tiburón.

Cierto es que Júnior, teniendo buen plantel, sufrió mucho en la última línea, la defensiva y quizá por eso es más valiosa la clasificación. Lo que sí parece raro es que con buena cantidad de jugadores, y de buena condición técnica, se enrede tanto y permita que el contrario lo controle y someta en sectores claros del terreno de juego. Es ahí cuando surge la pregunta que no tiene respuesta por ahora y que viene creciendo en el ambiente: ¿qué les pasa a los jugadores locales? ¿Se asustan o asumen con cierta displicencia sus compromisos? Menos mal Júnior sacó la cara y es el único colombiano en 2020 a nivel de clubes en Suramérica que puede regalar una satisfacción. Viera y Borja, los pilares del partido, donde Júnior jugó de forma timorata, pero avanzó. No siempre gana quien juega mejor.

Un párrafo sobre el Deportivo Cali, del cual se esperaba mucho más. Si sus jugadores no entienden el sentimiento que acompaña a su técnico, quien como buen uruguayo no admite la derrota sin luchar, pocas esperanzas en su futuro inmediato les queda. Le corresponde al señor Arias trabajar más que en el campo de entrenamiento, que en la mente de sus jugadores para convencerlos y obligarlos a que tomen con seriedad sus compromisos internacionales. Por fin, y gracias a Júnior, esperamos contar historias más emocionantes.

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