
Brayan Carreño está parado en la mitad de la pista de madera. Inhala y exhala. Entonces empieza a sonar la música y, desde ese momento, se deja llevar por la melodía.
Los brazos comienzan a moverse hacia los lados. El pecho, que hasta entonces permanece alzado y erguido, se retrae y luego se inclina hacia delante. Cada movimiento es preciso, casi parece ejecutado en cámara lenta. Con los pies se desliza por toda la pista mientras dibuja círculos en el aire con los brazos.
De fondo suena “El fin muy cerca está, lo afrontaré serenamente”. La canción es “A mi manera”, el clásico de Frank Sinatra, pero interpretado por Il Divo. El ritmo de la música avanza, melancólico. Su pie izquierdo se alza, se desplaza hacia un lado y luego va hacia atrás. Los brazos se estiran todo lo que pueden y quedan suspendidos en el aire.
Por momentos parece que sus manos, sus brazos, su cabeza y su tronco se desprenden de sus piernas, como si fueran un ser independiente. Pero ahí están. Son ellas las que conducen toda la coreografía, las que llevan el cuerpo de un lugar a otro y marcan el rumbo de cada movimiento. La música continúa: “Ya ves, yo he sido así, te lo diré sinceramente”.
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Toma impulso, aleja las manos y las entrelaza a la altura del pecho, como si sostuviera un balón de pilates. El pie izquierdo queda sembrado en el piso, con las llantas del patín contra la madera. El derecho se recoge y forma un triángulo. Una, dos, tres, cuatro, cinco y seis vueltas sobre el mismo eje.
El público rompe en aplausos. El sonido de las palmas opaca por un momento la melodía que continúa de fondo. La coreografía sigue; pasan dos minutos y diez segundos, y Carreño termina inclinado sobre la madera. Su pierna derecha está flexionada en un ángulo de 90 grados, con la rodilla hacia delante y la planta de su pie pegada al piso. Los dos brazos y la pierna izquierda permanecen estirados hacia atrás. Fin de la coreografía.
Pasan unos minutos y llega la confirmación: el colombiano se queda con la medalla de oro en los Juegos Suramericanos Santa Fe 2026. El momento es especial, además por el significado que tiene para Carreño la letra de la canción escogida para la coreografía que le acaba de dar la presea dorada. “Es muy lindo, porque la letra habla de una finalización, entonces es plasmar lo que estoy viviendo. Y muchas personas me han dicho que parece una coreografía de despedida. No lo tomo así, pero sí de lo que es mi trayectoria. Entonces es ir a patinar mi carrera deportiva. Que sería como: estoy patinando de mí, si tuviera que ponerle un título a la coreografía”.
La posibilidad de que esta sea una de sus últimas temporadas no nace de un desencanto con el patinaje. Todo lo contrario. Después de 17 años sobre los patines, Carreño cree que ha cumplido con aquello que alguna vez se propuso. “Todo lo que me he propuesto lo he alcanzado. Me siento muy feliz de todo lo que he hecho”.
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Todavía disfruta competir. Dice que sigue patinando porque le gusta y porque, con cada temporada, se enamora más del deporte. El problema está en otro lugar: en el camino que decidió emprender por fuera de la pista. “Ahí ya juega en contra la carrera universitaria que escogí. Es medicina. Voy en sexto semestre, empiezo prácticas clínicas y todo es mucho más complejo. Entonces ya me toca ir a rotar”.
Este semestre incluso decidió no matricular las rotaciones clínicas porque sabía que no podría cumplirlas mientras mantuviera el ritmo que exige el deporte. “Tengo que escoger, porque ya se vuelve muy difícil. Es eso o empezar a dilatar la universidad cada vez más años. Sin embargo, no estoy seguro si quiero tomar esa decisión”.
La disyuntiva empieza a hacerse más evidente: continuar aplazando la carrera universitaria para seguir compitiendo o comenzar a darle prioridad a una profesión que también es parte del futuro que quiere construir. “Estoy en las últimas, porque ya va a llegar un momento en el que quiera dedicarme a mi carrera de la universidad”.
Antes de colgarse el oro, Carreño recibió otra distinción que tampoco esperaba. Fue uno de los abanderados de Colombia en los Juegos Suramericanos Santa Fe 2026, un reconocimiento que asumió con sorpresa y orgullo. Era una forma de reconocer los 17 años que lleva dedicado al patinaje. “Me llenó de mucho orgullo. Incluso, lloré de tanta felicidad. Y cuando llegó el momento de estar en la inauguración, salí con el corazón lleno”.
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En casi esas dos décadas de patinador artístico, Carreño ha conseguido seis medallas de oro, dos de plata y tres de bronce en campeonatos mundiales. Fue campeón mundial en Solo Danza Sénior en Beijing 2025 y se convirtió en el colombiano con más oros en la historia de los certámenes orbitales de patinaje artístico. A ese palmarés sumó el oro en la Copa Mundo de Cesena, Italia, también en 2026.
Ahora, mientras su carrera empieza a acercarse a su último capítulo, busca volver a subir al podio en los World Skate Games, que se disputan por estos días en Asunción, Paraguay. Quizá por eso, cuando vuelve a la pista y escucha que “el fin muy cerca está”, Carreño no piensa todavía en una despedida: piensa en todo lo que ha vivido, en todo lo que ha ganado y, sobre todo, en que todavía le quedan unas últimas historias por patinar.

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