
En los pasillos del Comité Olímpico Colombiano no sobra optimismo frente a la delegación que desde este sábado 31 de octubre competirá en los Juegos Olímpicos de la Juventud de Dakar, Senegal. Metodólogos del organismo le revelaron a El Espectador que consideran estos Juegos un experimento fallido del Comité Olímpico Internacional (COI). No es que Colombia desconozca la importancia de esta cita para sus jóvenes talentos, sino que existen dudas sobre el verdadero alcance de la competencia y las condiciones en las que se desarrolla. El país llega con una representación reducida, golpeada por las dificultades presupuestales que empiezan a comprometer el futuro del deporte nacional, cuando faltan menos de dos años para los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028.
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La historia de los Juegos Olímpicos de la Juventud comenzó en Singapur 2010, siguió en Nankín 2014 y tuvo su tercera edición en Buenos Aires 2018. Dakar debía organizar la cuarta en 2022, pero la pandemia obligó a aplazarla cuatro años. Senegal será el primer anfitrión africano de un evento olímpico, tras una preparación accidentada y cuestionamientos sobre su capacidad organizativa. También está en discusión la continuidad del modelo. En mayo, la presidenta del COI, Kirsty Coventry, suspendió el proceso para elegir la sede de 2030 mientras el organismo revisa qué función deben cumplir estas competencias para atletas adolescentes. Su futuro está bajo examen y Dakar será una prueba determinante para establecer si el proyecto tiene continuidad.
Colombia había anunciado en abril 33 cupos para Dakar. Sin embargo, la nómina que presentó finalmente el Comité Olímpico Colombiano tiene apenas 22 deportistas, 12 hombres y diez mujeres, repartidos en 13 disciplinas. Es la representación más pequeña del país desde que nacieron los Juegos. Fuentes del COC aseguran que el viaje se organizó con lo indispensable: pocos metodólogos, apoyo administrativo y de comunicaciones reducido y restricciones que alcanzaron incluso al personal médico. El Ministerio del Deporte reportó una inversión de COP 2.523 millones, pero las fuentes advierten que los recortes acumulados afectan la preparación. La preocupación no es únicamente competir con menos representantes, sino que los atletas tampoco cuenten con todas las condiciones mínimas necesarias para desarrollar su potencial.
El problema no empieza ni termina en Dakar. Luis Arrieta, entrenador de la selección colombiana de levantamiento de pesas que compite en el Mundial de Ningbo, China, le explicó a El Espectador que las limitaciones presupuestales obligaron a reducir su equipo a diez deportistas. En el patinaje de velocidad, que acaba de dominar otra vez los World Skate Games, también se han denunciado dificultades para financiar el trabajo de la selección. El caso más grave es el de la lucha: Colombia no pudo asistir al Mundial de Astaná, Kazajistán, a pesar de contar con figuras como Tatiana Rentería, medallista olímpica, porque no había dinero para el desplazamiento. Son situaciones que evidencian cómo la falta de recursos está dejando de ser una amenaza futura para convertirse en un obstáculo presente y cotidiano del alto rendimiento.
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Los antecedentes, en los Olímpicos de la Juventud, muestran la dimensión del desafío. En Singapur 2010, Colombia llevó 25 deportistas y consiguió cinco medallas: dos oros y tres platas. En Nankín 2014 viajaron 34 y el balance fue de tres preseas, un oro y dos bronces. Buenos Aires 2018 marcó el mejor registro, con 56 representantes, cuatro oros, tres platas y tres bronces. Diez medallas en total. Para Dakar, en el Comité creen posible superar la cosecha de 2014, pero ven muy difícil acercarse a la de Argentina. Las expectativas son moderadas porque, además de tener menos deportistas, son pocos los que llegan con antecedentes internacionales suficientes para considerarlos favoritos. El balance dependerá de unas cuantas figuras y de las sorpresas que puedan aparecer durante la competencia.
La principal esperanza es Emanuel Otálvaro, de 16 años. El tenismesista de Rionegro será abanderado junto a la nadadora María Gabriela Becerra, la más joven de la delegación con apenas 15 años. Otálvaro llega con argumentos: es el segundo sembrado del torneo olímpico, fue subcampeón mundial juvenil de dobles en 2024, sobresale en el escalafón juvenil y ganó el bronce del Campeonato Panamericano de mayores en Lima. Allí derrotó al estadounidense Kanak Jha, entonces número 24 del mundo. Para los metodólogos consultados, es la apuesta más consistente, tanto por sus opciones de medalla como por su proyección a largo plazo. Su participación también permitirá medir qué tan cerca está de dar el salto definitivo hacia la élite internacional, una transición que requiere acompañamiento y recursos.
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Hay otras opciones, aunque menos certezas. Dilan Andrés Graciano competirá en lanzamiento de jabalina con una de las mejores marcas de su categoría: 74,71 metros este año, registro que lo ubicó cuarto en el escalafón mundial de la temporada. En boxeo, las posibilidades de Izzon Galea, Nikol Durango y Evelyn Trejos dependerán en buena medida del sorteo y de los cruces. Un cuadro favorable podría abrirles el camino hacia las medallas. También está Valery Edith Rubio, responsable del primer oro colombiano en los Juegos Suramericanos de la Juventud de Panamá 2026. Ganó en lucha libre, pero en Dakar disputará lucha de playa, una modalidad distinta que introduce nuevas dificultades. Hay talento para competir, pero pocas garantías de resultados.
La preocupación inmediata apunta a Los Ángeles 2028. La alerta de fondo prende las alarmas más allá del ciclo olímpico. Colombia salió de Tokio 2020 con cinco medallas y de París 2024 con cuatro, sin conseguir un oro en ninguna de las dos ediciones. Recuperar terreno exige algo más que talento: entrenadores, viajes, atención médica, infraestructura y competencia internacional. El país tiene proyectos importantes en varias disciplinas, pero necesita sostenerlos. Dakar medirá a una generación y expondrá las dificultades de su formación. Mientras los recursos se estrechan, el deporte de alto rendimiento sigue exigiendo resultados y los atletas deben superar obstáculos que van mucho más allá de sus rivales. El futuro del olimpismo colombiano, en el largo plazo, está a prueba mucho antes de que empiecen las competencias en Los Ángeles.

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