
El 10 de agosto la tierra sacudió a Colombia y Cali fue una de las principales ciudades más afectadas. La emergencia natural cambió para siempre la vida de miles de familias: 154 personas murieron, 1.517 resultaron heridas y más de 12.000 edificaciones sufrieron afectaciones, 24 de ellas colapsadas, entre ellas 43 escenarios deportivos de alto rendimiento. Un mes después, mientras la ciudad sigue movilizada en tareas de reconstrucción, se preparaba también para recibir a más de 330 paratletas y 36 guías de 25 países, en la segunda edición del World Para Athletics Cali Grand Prix, última parada del circuito internacional de la temporada. El estadio de atletismo Pedro Grajales, certificado internacionalmente, fue evaluado por los entes correspondientes y declarado apto para el evento.
Que el evento se sostenga en pie, literalmente, un mes después del terremoto no es un dato menor para quienes lo organizan. Lo entiende bien Luisa Cubillos, quien además de competir en 200 y 400 metros planos, es vicepresidenta de la Federación Colombiana de Paratletismo. "Este Grand Prix es base de reactivación económica y social en Cali y en el Valle del Cauca", explica, y añade que el evento sostiene una zona destinada a emprendedores locales, además de mover hotelería, alimentación y turismo en una ciudad que necesita señales de normalidad tanto como necesita resultados deportivos.
De la cancha de fútbol a la pista
Antes de sentarse en la mesa directiva de la Federación, Luisa jugó fútbol. Nació con una amputación congénita de su miembro superior derecho, por debajo del codo —"nunca nos dieron una certeza de qué fue lo que pasó", dice sobre el origen de esa condición— y desde niña estuvo ligada al deporte gracias al fútbol escolar en Soacha, donde llegó a representar a Cundinamarca y a integrar selecciones juveniles. Durante años jugó con mangas largas y licras que le cubrían el brazo; no por indicación de nadie, sino por un proceso de aceptación que todavía no había completado.
El giro llegó en la universidad. Cursando Ciencias del Deporte y Educación Física en la Universidad de Cundinamarca, un profesor la conectó con el mundo del paratletismo, hacia 2017. Su primer evento en esta disciplina —del que salió con medallas de oro en 200 y 400 metros planos— terminó siendo, en sus palabras, "un despertar". Ver a otras competidoras con discapacidad moverse con total naturalidad la llevó a quitarse, por primera vez, las mangas largas. Dejó el fútbol y se dedicó por completo al paratletismo.
Los resultados llegaron rápido: en los Juegos Parapanamericanos de Lima 2019 obtuvo dos medallas de bronce, en 100 metros y en el relevo 4×100; en 2023, ya consolidada en su clasificación T47, fue campeona nacional en 100 y 200 metros y estableció récord nacional en ambas pruebas. Hoy vive en Sibaté, donde ha estado desde niña, trabaja como entrenadora de paratletismo y es funcionaria de Indeportes Cundinamarca, dependencia de la Gobernación.
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El otro lado del podio
Ser dirigente no fue un plan trazado desde el inicio. Cuando un excompañero del órgano administrativo de la Federación —representante de la población con discapacidad— tuvo que dejar su cargo por temas contractuales, le abrió el espacio a Luisa para asumirlo. Fue después, ya en funciones, cuando decidió cursar una especialización en dirección y gestión deportiva en la Escuela Nacional del Deporte, para entender desde adentro un mundo que hasta entonces solo había visto como atleta.
El cambio de perspectiva fue notorio. "Detrás del atleta hay un cuerpo que lo respalda: un cuerpo administrativo, un cuerpo técnico, un cuerpo metodológico", resume. Como deportista, dice, uno exige —pista, escenarios, condiciones— sin siempre dimensionar la gestión de recursos que hace posible que esas exigencias se cumplan. Ese conocimiento la acompañó de cerca en la organización de la primera edición del Grand Prix de Cali, en 2025, un evento que, según cuenta, superó las expectativas: dejó siete récords internacionales —cuatro mundiales y tres continentales— y coronó a Colombia como campeona por delegaciones.
Una edición especial por el momento del país
Para esta segunda edición, que arrancó el 13 de septiembre con las clasificaciones funcionales y entra en su fase de pruebas oficiales este jueves 17, hasta el domingo 20, la organización espera repetir o superar esas marcas: la pista del Pedro Grajales, dicen, "lo permite", y se mantendrán los incentivos económicos para quienes rompan récords mundiales, una apuesta que ya dio resultado el año pasado. Cerca de 53 pruebas se disputarán cada día, entre las 3:00 y las 8:00 de la noche.
Junto a Colombia —que llega con figuras como Karen Palomeque, Angie Nicoll Mejía, Francisco Sanclemente, Xiomara Saldarriaga y Andrés Mosquera, entre otros— competirán delegaciones numerosas de México, Ecuador, República Dominicana, Brasil y Puerto Rico, además de representantes de Estados Unidos, Kenia, Eslovenia, Polonia, Rusia, Turquía y Bosnia y Herzegovina. Por primera vez estará Granada. Para todos ellos, el Grand Prix no es solo la última parada de la temporada: es también una vía directa para sumar puntos en el ranking mundial rumbo a los Juegos Paralímpicos de Los Ángeles 2028.
Luisa hará parte de esa carrera hacia el ranking, pero llega con una cuenta pendiente. El año pasado tuvo que retirarse del Grand Prix por una lesión que la dejó fuera justo cuando ya estaba inscrita. Esta vez, con el aval médico en regla tras chequeos recientes, se prepara para competir en 200 y 400 metros planos con un objetivo doble: mejorar sus marcas personales y llegar al podio. "No guardarme nada en esa pista", dice sobre lo que se propone. A corto plazo, su meta es volver a unos Juegos Parapanamericanos, esta vez en Lima; a largo plazo, sueña con debutar en una cita olímpica.
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Lo que distingue a Luisa Cubillos no es solamente competir con una lesión superada o dirigir con una especialización recién terminada: es hacer ambas cosas a la vez, entendiendo que una alimenta a la otra. Como atleta sabe lo que se necesita en la pista; como dirigente sabe lo que cuesta conseguirlo. Esa doble mirada —la de quien exige y la de quien gestiona— es, de algún modo, un espejo de lo que representa este Grand Prix para Cali: una ciudad que compite y se reconstruye al mismo tiempo, con la misma convicción con la que Luisa habla de sus compañeros de selección: atletas resilientes, dice, "con una convicción gigante".

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