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Si Inglaterra gana el partido contra Argentina el miércoles, los británicos volverán a una final de una Copa del Mundo luego de 60 años. La última la disputaron en el Estadio de Wembley, en 1966, contra Alemania Federal. Fue la última, y la única que han jugado y ganado.
Si Jude Bellingham y compañía logran derrotar al equipo de Lionel Messi y ganan la Copa, en Londres se prepara en “secreto” un desfile masivo por las calles, y hasta la proclamación del 24 de julio como día festivo nacional. El primer ministro del Reino Unido, Keir Starmer, se mantiene silencioso al respecto porque dice que no quiere “darle mal de ojo al equipo”, pero que le pregunten una vez lleguen a la final, en la cual los ingleses tienen un porcentaje de victoria del cien por ciento.
En Inglaterra, sin embargo, no todos están contentos con esta posible celebración colectiva. Algunos piensan que crear este día festivo de la nada podría traer grandes pérdidas económicas para el país. En This Morning, un programa televisivo inglés, han advertido que se pueden llegar a perder hasta 2.6 mil millones de euros en el PIB debido al cierre repentino, y otros medios han manifestado que puede afectar a las citas hospitalarias.
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Mientras Thomas Tuchel y Jude Bellingham se debaten entre quién tiene mayor conocimiento del juego, y se reclaman el uno al otro sobre el pase a semifinales (el entrenador argumentando que “tuvieron suerte” y el mediocampista del Real Madrid diciendo que “jugar en esas condiciones y contra esos jugadores no es fácil, y que algunos, como su entrenador, no saben lo que es eso”), el World Matchplay ya se preparó para un posible pase del equipo de Harry Kane a la ansiada final.
Si los dirigidos por Tuchel alcanzan el partido definitivo, el histórico torneo de dardos que se juega del 18 al 26 de julio ha decidido aplazar sus partidos para la noche sin ningún tipo de vergüenza o timidez. Saben que el fútbol se robaría las miradas y no quieren tener tropezones.
Por otro lado, el equipo de Lionel Scaloni, aunque no está obligado a ganar, vería con malos ojos una eliminación temprana. Los argentinos han alimentado con su fútbol y su tenacidad una campaña que invita a pensar en que la cuarta Copa es posible, y Lionel Messi y todos los récords que ha conseguido en este mundial —máximo goleador histórico, máximo asistidor, más partidos y más victorias, racha de goles en partidos consecutivos y jugador que en más ocasiones ha sido galardonado como mejor jugador del partido— han sembrado la posibilidad como una semiobligación ante la hinchada.
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Aunque Scaloni ya afirmó en la rueda de prensa luego de ganar a Suiza que el partido contra Inglaterra “es tan solo un partido de fútbol y nada más”, restándole importancia al rival, y también eliminando un poco de presión en sus dirigidos, la verdad es que los hinchas argentinos ya se ven en la final, dejando, una vez más, igual que hace 40 años, a Inglaterra en el camino —con suerte, esta vez, sin trampa—.
Messi está excitadísimo. Será su primer enfrentamiento contra la selección de Inglaterra, casi al final de su carrera, pero con el juego en una plenitud asombrosa, y con un olfato e instinto intactos.
Mientras, la Federación de Veteranos de Guerra de Malvinas, por su lado, se pronunció en un comunicado de prensa abogando a la calma y al respeto: “Pedimos a la sociedad, a los comunicadores y a la hinchada que acompaña a la Albiceleste que, al alentar al equipo, mantengan en lo más alto el respeto por quienes dieron su vida por la Patria. Que el fútbol sea un puente para malvinizar y para recordar al mundo que nuestro reclamo sigue más vigente que nunca”.
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Un mensaje algo opuesto al que algunas figuras históricas del equipo inglés han tomado (en cuanto al juego), como Joe Cole, que, radical, aseguró en The Rest Is Football que: “Lo vamos a mandar a dormir a Messi. Lo digo ahora mismo: vamos a llegar a la final del Mundial. Tenemos demasiada velocidad para las fortalezas de Argentina”. Es una postura similar a lo que piensa Gary Neville, quien tildó a la dupla de defensores centrales de Argentina como “la mejor-peor del mundo”, entendiendo él que regalan, al menos, un gol por partido.
Lo único cierto es que deberemos esperar hasta el miércoles para saber cuál de las dos posturas de aparente calma es la que ganará y llegará a una final a la que le han restado presión, pues se rumorea entre las masas que el ganador está en la otra llave en la que ya ganó España.
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