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La escalada militar de Estados Unidos e Israel contra Irán no solo ha sacudido el tablero geopolítico de Medio Oriente. También ha abierto un escenario inédito para el Mundial 2026, a disputarse en Norteamérica. Aunque el torneo comenzará el 11 de junio y la planificación sigue en pie, las últimas 48 horas han puesto sobre la mesa una pregunta incómoda: ¿qué ocurriría si Irán no participa?
Los bombardeos sobre ciudades iraníes, que según el presidente estadounidense Donald Trump podrían extenderse varias semanas, han generado un clima de inestabilidad interna. En ese contexto, el presidente de la federación iraní, Mehdi Taj, admitió que tras los ataques “no se puede esperar que el país afronte la Copa del Mundo con entusiasmo”, y dejó la decisión final en manos de las autoridades deportivas.
Desde la vereda opuesta, la FIFA mantiene oficialmente la calma. Su secretario general, Mattias Grafstrom, reiteró que el objetivo es celebrar un torneo seguro y con todos los clasificados. Sin embargo, la propia normativa del organismo contempla escenarios de retirada o exclusión.
Las posibles razones de una ausencia
Existen tres caminos plausibles hacia una no participación:
- Boicot voluntario de Irán como respuesta a la ofensiva militar.
- Determinación de que no existen condiciones de seguridad adecuadas.
- Restricciones impuestas por el gobierno estadounidense.
La administración Trump ha insistido en que equipos y aficionados serán bienvenidos. No obstante, ya existen antecedentes de restricciones migratorias a ciudadanos iraníes, con excepciones limitadas para delegaciones deportivas. Además, en meses recientes algunos representantes iraníes habrían tenido dificultades para obtener visados en eventos oficiales vinculados al Mundial.
La frase pronunciada desde la Casa Blanca —“cada decisión de visa es una decisión de seguridad nacional”— deja abierta la puerta a escenarios de última hora.
¿Qué dice el reglamento?
El artículo 6 del reglamento del Mundial 2026 otorga a la FIFA amplia discrecionalidad ante un caso de “fuerza mayor” o retiro de una asociación miembro. En términos prácticos, el ente rector podría:
- Mantener el Grupo G con tres selecciones, anulando los partidos de Irán.
- Designar un reemplazo y ajustar el calendario.
Irán tiene programados sus tres encuentros en Estados Unidos: contra Nueva Zelanda el 15 de junio en el SoFi Stadium de Los Ángeles, frente a Bélgica el 21 en el mismo escenario y con Egipto el 26 en Seattle. Una baja obligaría a rehacer la logística en sedes clave del torneo.
El dilema del reemplazo
Escoger sustituto no sería sencillo. El sistema asiático de clasificación es escalonado y complejo. Uzbekistán obtuvo cupo directo como segundo del grupo de Irán. Catar avanzó en instancias posteriores, mientras que Emiratos Árabes Unidos quedó a la espera tras caer ante Irak en un repechaje regional. Irak, a su vez, disputa un playoff intercontinental ante el ganador entre Bolivia y Surinam.
Dependiendo del momento en que se concrete una eventual salida, la FIFA podría optar por el siguiente mejor clasificado asiático o incluso mirar fuera del continente. El precedente más cercano no es un Mundial de selecciones, sino el Mundial de Clubes 2025, donde se organizó un partido extra para cubrir una vacante a pocas semanas del inicio.
Sin antecedentes modernos
No hay un caso contemporáneo de una selección que se retire tras haber clasificado a un Mundial. El antecedente más cercano data de 1950, cuando varias federaciones desistieron antes y después del sorteo, obligando a reestructurar el torneo en Brasil.
Hoy el escenario es mucho más complejo. El Mundial 2026 será el primero con 48 selecciones y una logística multinacional. Cualquier modificación implicaría ajustes contractuales, operativos y de seguridad en cuestión de semanas.
¿Está en riesgo la sede?
Por ahora, no hay indicios de que la condición de anfitrión de Estados Unidos esté en discusión. No se han reportado amenazas directas a la seguridad interna relacionadas con el conflicto, ni existe una normativa que obligue a la FIFA a trasladar partidos por acciones militares del país organizador.
Sin embargo, el impacto simbólico sería enorme: un Mundial organizado por una nación en conflicto directo con uno de sus participantes sería un hecho sin precedentes.
El fútbol suele intentar blindarse de la política, pero la historia demuestra que no siempre lo consigue. Si Irán decide no acudir o se ve impedido de hacerlo, el Mundial 2026 enfrentará su primera gran crisis antes de que ruede el balón.
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