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San José del Palmar tiene 5.130 habitantes y ningún muerto por el terremoto de 7,4 que sacudió al país este 10 de agosto. Tampoco registra muertos en sus vías desde 2024. De hecho, según la Agencia Nacional de Seguridad Vial, es uno de los quince municipios del Chocó que llevan dos años sin registrar un solo fallecido en las vías. La estadística, leída rápido, suena a milagro. Leída despacio, es un pueblo sin salida. Casi no hay dónde tener un accidente.
Al buscar San José del Palmar en internet, el resultado es un pueblo duplicado. El satélite de Google Maps reconoce cuatro sitios básicos: una iglesia, un parque, un colegio y una biblioteca. Ningún nombre de calle, aunque adentro hay dos panaderías, dos hoteles, dos restaurantes, un centro infantil, un juzgado, una papelería, una estación de servicio y la alcaldía, repartidos en un rectángulo de tres carreras por catorce calles.
Al país le ha faltado voluntad para pasar de los bosquejos, de los planos y las ideas, a una ruta real que entre por dentro del Chocó. Para ir a Quibdó, la capital del propio departamento, desde San José del Palmar, el camino obliga a bajar hasta Risaralda y Valle del Cauca, y volver a subir en una especie de remolino innecesario. Son siete horas y un viaje de 304 kilómetros. Si estuvieran conectados, debería rondar los 100. Pero ni siquiera lo están vía fluvial, entre los once ríos que los dividen, incluidos el Atrato y el San Juan.
Hasta las vías aéreas de la región están limitadas: no hay vuelo directo entre Quibdó y Buenaventura, dos capitales del mismo litoral. Hay que pasar por Cali y por Medellín para volver.
“Los paros del departamento del Chocó siempre han sido por lo básico: agua, luz y vías”, afirma Andrés Mosquera, fundador de la iniciativa Enamórate del Chocó. Mosquera vive en Medellín, y el sismo lo dejó doce horas sin saber si su madre, en Quibdó, estaba viva. Con el terremoto falló todo: las pocas vías, pero también el fluido eléctrico y, con este, las comunicaciones.
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Desde Bogotá, la ruta más corta al epicentro pasa por Manizales, La Virginia y Argelia: trece horas, 472 kilómetros, y solo si el camino está habilitado. Si no, por lluvia, por inseguridad o por lo que sea, hay que subir primero a Quibdó y bajar después, en el mismo remolino innecesario: 21 horas, 912 kilómetros.
De fondo, el problema de transporte del Chocó es que la mayoría de sus vías son imaginarias. No pasan del papel. Según el Departamento Nacional de Planeación (DNP), de los 10.000 kilómetros de vías secundarias y terciarias mejoradas durante el cuatrienio de Gustavo Petro en todo el país, al Chocó le correspondió una tajada de 100. Apenas el 1 %. Y no fue un problema propio de esa administración: la gran familia dispersa del Chocó no ha dejado de vivir desde su primera aldea en una condición de olvido histórico.
San José del Palmar es un reflejo: casi la totalidad de las vías secundarias y terciarias son caminos de polvo y el 90 % de las comidas y los pasajeros que entran y salen lo hacen en chiva. La calle 11, la que sigue el cauce del río Ingará por el oriente, está cerrada; también la carrera 3, una de las dos salidas sur. La otra se bifurca en dos caminos que se detienen en medio de la selva.
Es una situación que se repite en otros lados. Por ejemplo, el alcalde Istmina, Jaison Mosquera Sánchez, aseguró que ha sido imposible llegar a la parte rural de su municipio por cuenta de derrumbes y malas vías. Y que la movilidad hacia otras partes del departamento sigue siendo muy fragmentada. “Aquí tenemos un aproximado de 3.000 personas que se quedaron sin casa”, dijo Mosquera.
Este miércoles, la gobernadora del Chocó, Nubia Carolina Córdoba, dijo que “hoy cerramos formalmente en PMU la fase de búsqueda y rescate para concentrarnos en la fase de respuesta enfocada en la atención a los damnificados”. No hay reportes de desaparecidos en Chocó en las cifras oficiales, pero estos números también pueden cargar un peso de subregistro debido a la incomunicación del departamento.
Lo que cuesta ser Chocó
El chontaduro, el cacao, el aguacate, el borojó y el plátano son la base agrícola de San José del Palmar. Pero la agricultura de un municipio sin vías tiene un techo bajo: lo que no sale en las próximas horas, se pudre en la finca. Los cultivos que debían salir el lunes hacia Cali o Medellín quedaron estancados en el departamento.
El dinero que llega desde Bogotá tampoco equilibra la balanza. Según cifras del DNP, en lo que va de 2026 el Presupuesto General de la Nación aprobó COP 740.100 millones para el Chocó y ejecutó COP 472.500 millones —el 63 %—. Atlántico, con una economía completamente distinta aunque caribeña y más conectada, aprobó COP 1,1 billones y ejecutó más del 75 %, casi el doble en términos absolutos de lo que ejecutó Chocó.
Edder Velandia, ingeniero civil y profesor de la Universidad de La Salle, propone que la pregunta a realizar para el gobierno nacional y departamental es si hay una disposición real de invertir lo necesario para la infraestructura en el Chocó, así eso implique dejar de lado la “viabilidad económica tradicional”. “¿El Departamento cuenta con la capacidad de asumirlo? Sabiendo que su participación es clave para garantizar una larga vida útil de la infraestructura. Entre sus diferentes necesidades existentes y reconociendo que hay limitaciones de caja, ¿a qué se le debe dar prioridad a corto plazo?”, plantea Velandia.
La brecha no es de un año. Entre 2005 y 2025, la economía chocoana se multiplicó por siete, casi: pasó de 1,23 billones de pesos a 8,50 billones. En el mismo periodo, la economía nacional se multiplicó por más de cinco. Con todo y ese crecimiento, Chocó apenas subió del 0,36 % al 0,46 % del PIB nacional. Veinte años de trabajo para ganar una décima de punto. En 2025 seguía siendo la novena economía más pequeña del país.
Mientras tanto, la pobreza en la región desaparece más lento. Al revisar las cifras del DANE, el 30,8 % de los chocoanos vive en pobreza multidimensional, más del triple del promedio nacional (9,9 %). En el campo, donde se pudre la cosecha que no encuentra vía, la cifra sube a 41,5 %, casi el doble del promedio rural del país (22,4 %). El dato ha mejorado, pues en 2018 era 46,3 %, pero mejorar despacio, en un país que también mejora, lo mantiene lejos de su potencial.
Cuando se mira el escenario desde la perspectiva de la pobreza monetaria (datos que recién actualizó el DANE), se ve que, aunque entre 2024 y 2025, el indicador disminuyó en el departamento (67,4 % a 65,3 %), los números muestran que, aproximadamente, a dos de cada tres personas no les alcanzan los ingresos para cubrir sus necesidades básicas.
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Más allá de San José del Palmar
Las vías departamentales Quibdó-Medellín y Quibdó-Pereira están parcialmente cerradas, confirma Alexis Cuesta Córdoba, periodista y presidente de la Asociación de Medios Afros e Independientes del Chocó. “Las vías son malas por la lentitud de los contratistas que tienen esos proyectos. El gobierno nacional no ha cumplido; para el Chocó todo es demorado”, dice.
Además, en estas vías departamentales hay derrumbes permanentemente, incluso si no llueve. Es por esto que según Jorge Américo, miembro del Comité Cívico de Infraestructura de Quibdó, no hay que trabajar únicamente en la pavimentación de las vías, sino también en la seguridad vial.
En Quibdó, la emergencia se repartió de forma desigual. “La zona sur ha sido atendida de primera mano por el Gobierno y los primeros socorristas. La zona norte —barrios como El Futuro, Villa La Victoria, Obrero La Brisa, Villa España y El Reposo 1 y 2— creemos que está totalmente sin atención directa aún”, dice a este diario Yan Carlos Palacios, director ambiental de la fundación, que el 12 de agosto se movía entre Quibdó, Tadó e Istmina para evaluar el terreno. Son cerca de 500 familias identificadas sólo en ese sector de la zona norte, 200 de ellas en El Reposo, 300 en Obrero La Brisa.
La única vía terrestre hacia la capital departamental, la que conecta con Medellín, también reportó afectaciones. “De Quibdó a Tadó la vía se mantiene estable y transitable. Pero saliendo de Tadó hacia Pereira y Risaralda hay afectaciones por derrumbes”, confirma Palacios. Las rutas fluviales, en cambio, funcionan con normalidad, y podrían convertirse en la entrada de ayudas hacia los municipios inaccesibles por tierra, ingresando por el río Atrato desde el Urabá.
En la vía Cartago-San José del Palmar, la más crítica de todas, la cifra de derrumbes varía según quién cuente: Fundech había reportado inicialmente unos 10 deslizamientos grandes; testimonios más recientes desde Quibdó hablan de 18.
Veintinueve de los 31 municipios del Chocó reportaron afectaciones por el sismo. Son más de 10.000 familias, en lugares como Istmina, Condoto, Las Ánimas, El Cantón de San Pablo, Nóvita, Quibdó y, por supuesto, San José del Palmar.
La comunidad que se resuelve sola
“Cuando suceden estas catástrofes es cuando más se siente la situación porque las ayudas no llegan o los traslados se hacen más costosos”, cuenta Mosquera, quien perdió a un amigo bajo los escombros mientras intentaba salvar a otra persona.
En Quibdó, el presidente Abelardo de la Espriella llegó antes de que se cumplieran 24 horas del sismo. Se paró frente a los edificios caídos y se fue. No hubo albergues oficiales esa noche. La gente durmió en los andenes, con lo poco que le quedaba, mientras llovía. Solo 48 horas después, Big Pola, rapera y activista de la organización Son Prieta, empezó a oír que había llegado ayuda institucional a su barrio. No la vio, solo escuchó hablar de esta hacia las nueve o diez de la mañana del miércoles. En su cuadra, ocho casas colapsaron por completo. De un edificio, la propia comunidad sacó a una persona atrapada.
Ese silencio de cifras empezó a llenarse esta semana desde varios frentes que no se habían puesto de acuerdo entre sí. Un contacto de Pola en San José del Palmar confirmó lo mismo que ya sabía la Personería municipal: cero víctimas fatales, entre el 80 % y el 90 % de las viviendas afectadas. Tadó, municipio vecino, reportó también cero muertos, y ya envía ayuda humanitaria, por cuenta propia, hacia el epicentro.
Mientras tanto, “a la gente no le han dado ni una aguapanela”, dice Cuesta. Son muchas ayudas y pocas rutas para que lleguen. Mosquera propone lo único que, según dice, no tiene excusa: helicópteros. “Si quieren llegar por carretera, miren las carreteras. Si quieren llegar por aire, manden sus helicópteros. Tienen todo para poder llegar”, dice. En Quibdó habilitaron el coliseo de boxeo como albergue temporal. En los barrios, la gente cocina en ollas comunitarias, presta su casa a quien no la tiene y espera.
“En algún momento los ojos van a mirar para otro lado”, dice Luis Eduardo Gutiérrez, músico chocoano radicado en Medellín. “No nos dejen solos”.
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Estos son algunos de los centros de acopio de donaciones en Bogotá:
- El Instituto Distrital de Recreación y Deporte activó un punto de acopio para el departamento del Chocó: Palacio de los Deportes (Calle 63 # 54A-06)
- Cruz Roja Colombiana en Bogotá: Samu Sur (avenida carrera 68 #31-41 sur), Samu Norte (calle 134 – carrera 7B bis #132-31), el Centro de Salvamento Acuático (avenida La Esmeralda #63-81), la sede administrativa (carrera 24 #73-38), la bodega Cruz Roja (diagonal 79B #62-53) y el Palacio de los Deportes (calle 63 #59A-06).
- La Alcaldía de Bogotá dispuso tres sitios: Universidad Jorge Tadeo Lozano (carrera 4 #22-61), un punto en Usaquén (calle 161A #7F-55) y el centro comercial Unicentro (carrera 15 #124-30).
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