11 Jun 2021 - 2:00 a. m.

Cómo el agro puede jugar un papel clave en la recuperación económica

La producción agrícola alternativa puede llevar a una mejor sostenibilidad ambiental de este renglón para Latinoamérica, según la FAO, pero también a impulsar la economía en medio de la crisis por el COVID-19.

Redacción Economía, con información de agencias

Redacción Economía, con información de agencias

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés) propuso este jueves el desarrollo de la agricultura y la ganadería sostenibles como política para encarar la recuperación económica y ambiental de América Latina tras la pandemia del COVID-19.

“Combinar productividad, medioambiente e inclusión social es un desafío muy complejo, pero es posible lograr que la ecuación cuadre, no es una quimera”, afirmó el representante regional de la FAO, Julio Berdegué.

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En su informe Hacia una agricultura sostenible y resiliente en América Latina y el Caribe, el organismo analizó siete casos reales de producción alternativa en la región y concluyó que “además de ser más sostenibles, también resultaron ser más productivos y generaron más ingresos” que contribuirían a la recuperación tras la pandemia.

“Existen opciones de transformar la agricultura sin afectar su rentabilidad y que, por el contrario, expandan beneficios económicos, sociales y de innovación y generen empleo”, consigna el documento.

En Ecuador, un proyecto de ganadería inteligente permitió que 1.056 ganaderos incrementaran su producción de leche y aumentaran sus ingresos gracias a técnicas como el pastoreo rotativo, que evitó la emisión de 24.000 toneladas de gases de efecto invernadero, según consigna el informe.

En México, más de 1.800 agronegocios redujeron seis millones de toneladas de CO2 gracias a una propuesta de fomento de tecnologías eficientes aplicada en negocios de ganado de vacuno, porcicultura y avicultura.

“Para estos productores no es fácil hacer tantos cambios. Los esfuerzos de transformación deben entenderse y apoyarse con financiamiento. Esto no se hace sin inversión”, agregó Berdegué.

La FAO también destacó una iniciativa uruguaya, que demostró que es posible reducir hasta en un 70 % el uso de herbicidas en un ciclo de producción de soja, y un acuerdo entre un grupo de pequeñas empresas familiares en Chile, que redujeron su consumo de energía, agua y plaguicidas y aumentaron un 15 % sus beneficios.

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Iniciativas similares en Guatemala, Colombia, Brasil, Surinam y Trinidad y Tobago demostraron que es posible generar empleo al tiempo que se lleva a cabo un mejor manejo forestal comunitario para conservar los bosques, reducir la pesca no intencionada o proteger la biodiversidad.

Latinoamérica, la región con más desigualdad del mundo, es también la más golpeada por la pandemia del coronavirus, que la ha hundido en su peor recesión en más de un siglo y se ha llevado por delante los avances en reducción de pobreza conseguidos en los últimos años.

Según la Cepal, la economía de la región se contrajo 7,7 % en 2020 y las tasas de pobreza y pobreza extrema se dispararon hasta el 33,7 % (209 millones de personas) y el 12,5 % (78 millones), niveles que no se veían en los últimos 12 y 20 años, respectivamente.

"No vamos a salir de este hoyo si no logramos incentivar el sector agroalimentario, y lo que tenemos que decir es en qué invertir: en soluciones tradicionales o nuevas propuestas que generen transformación", concluyó.

El panorama de los alimentos

A la vez que el organismo internacional proyecta el agro como un fuerte para la recuperación económica, también advierte que el precio de los alimentos a nivel global llegará a un máximo histórico este año. Este hecho afectaría a los países más pobres con particular fuerza y el impacto de esta alza de precios podría elevar la inflación global.

Se prevé que el costo de importar alimentos se incrementará en 12 % a US$1,72 billones, impulsado por alzas en los precios de los cereales, los aceites vegetales y las semillas oleaginosas, indicó la FAO. Los países en desarrollo enfrentan un incremento de 21 % en la factura total, en comparación con un alza de 6 % para los más ricos, según un pronóstico provisorio.

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Los últimos datos de la ONU confirman el impacto de los mayores costos en los bolsillos de los consumidores y cómo algunos de los países más pobres que dependen de las importaciones serán los más afectados.

Los precios globales de los alimentos se han disparado durante los últimos 12 meses para alcanzar en mayo el nivel más alto en casi una década, mientras que los costos de transporte también se han incrementado. Al mismo tiempo, muchas naciones menos desarrolladas han experimentado una fuerte caída de sus monedas locales, lo que ha mermado su capacidad para comprar alimentos en los mercados internacionales.

La organización, con sede en Roma, señaló que, con el empeoramiento de los indicadores macroeconómicos fundamentales, la capacidad fiscal de países ya vulnerables para importar se está volviendo crítica.

Al igual que en 2020, que estableció el récord actual de importaciones de alimentos, se espera que los volúmenes sean considerables este año, ya que el impacto económico del coronavirus no afectará la demanda mundial de comestibles, indicó la FAO.

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