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Un día, por allá del 2011, en una llamada hecha desde un teléfono fijo, le pregunté a Joan Laporta, el titulado “arquitecto del Barça”, ¿Cómo se manejaba el liderazgo de un equipo en donde “todos son estrellas? Y se lo preguntaba porque él era el presidente de un club que en ese momento estaba en la cúspide con Lionel Messi, Xavi Hernández, Víctor Valdés, Andrés Iniesta y un cúmulo de estrellas que valían cientos de millones de euros.
“Nunca el presidente que lidera un club de fútbol debe inmiscuirse en las funciones de los profesionales del deporte que realmente entienden del fútbol. Le puede gustar mucho el fútbol, es necesario que conozca el deporte más popular del mundo y lo ame, pero sobre todo no se debe caer en la tentación de intervenir en los temas técnicos. Así cada uno realiza sus funciones. Es liberar el vestuario de presiones”, me respondió.
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Recordé esa entrevista porque la expresión de “cada uno realiza sus funciones” siempre me ha dejado claro que, si en un equipo cada integrante hace lo que de verdad le toca, difícilmente las cosas pueden salir mal, a menos que el contrincante, ya sea en la cancha o en los negocios como el cualquier renglón de la vida, lo haga un poco mejor que nosotros y por eso se quede con el triunfo. Pero entonces, cuando perdemos, incluso pensando que tenemos el mejor equipo, ¿qué?
Vayamos con lo que dos leyendas del fútbol dijeron en medio de un conversatorio del Foro Económico Mundial. Alessandro Del Piero, jugador de fútbol profesional entre 1991 y 2014, como en un penalti, fue al punto: “Hay que cometer errores para crecer, hay que perder partidos para ganar partidos”, dijo durante ese encuentro de líderes. ¿Cómo así que perder para ganar? Y entonces recordé a Francisco Maturana, el entrenador colombiano criticado en los años 90 cuando dijo: “Perder es ganar un poco”.
Se refiere Del Piero a que la única forma de avanzar es perdiendo el miedo a fallar, como lo enseñan en las escuelas de negocios, porque lo que viene de inmediato es un aprendizaje que, en el futuro, ayuda a corregir los errores que cada persona va cometiendo en el transcurso de la vida, de las empresas, de sus emprendimientos. Del partido. Sí, porque una vez más, la escuela del fútbol es el reflejo de la vida misma.
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El mensaje también llega para recordar que en el próximo junio estaremos ante al mayor espectáculo deportivo global, la Copa del Mundo, donde 48 equipos que representan a igual número de países competirán entre sí para alzar la famosa copa de los campeones. Pero cuando eso pase, 47 mejores selecciones del mundo vivirán el fracaso y solo uno saboreará llegar a la cumbre.
Del Piero, para recordar un poco más quién es, vestía la camiseta de la selección italiana que se quedó con la Copa del Mundo en el 2006: “Llegar a la cima y levantar el trofeo más importante y emblemático que un futbolista puede conseguir. Diré ”Completo", porque no encuentro otras palabras que lo describan mejor".
Ahí, en el mismo panel, Arsene Wenger, entrenador del Arsenal Football Club entre 1995 y 2015, también hablaba de lo que significa liderar en el fútbol como en la vida: “Se necesita esa fortaleza para gestionar la responsabilidad repentina de llevar el orgullo de todo un país sobre los hombros y, por lo general, en las selecciones nacionales, se necesitan jugadores que puedan absorber esa presión y soportarla”.
¿Quién no se ha enfrentado a la presión cuando asume cualquier posición de liderazgo? ¿Quién no se ha enfrentado a la presión cuando ha querido crear algo? ¿Quién no se ha enfrentado a la presión cuando debe pagar una nómina? ¿Quién no se ha enfrentado a la presión cuando no se llega a los números prometidos en una junta directiva? Pero, ¿Quién realmente es capaz de “absorber esa presión” de la que habla Wenger"?
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Del Piero parece tener esa respuesta, pues dice que el fútbol puede ayudar a desarrollar esas habilidades: “A veces lo que más te afecta es lo que te hace crecer. Y se aprende mucho más de las derrotas que de las victorias”. Cuesta creerlo, pero dicen estas leyendas que se aprende más cuando se pierde un campeonato que cuando se gana.
Claro, todo esto parece obvio cuando se ve a través de la pantalla del televisor, o como cuando vemos la realidad de otros desde un puesto privilegiado. Entonces Wenger vuelve sobre el aprendizaje: “El miedo es la madre de todos los males”. “A los entrenadores más jóvenes siempre les digo que se acerquen a los jugadores más jóvenes y les quiten el miedo a intentarlo. Porque el intento, el error, es educativo”.
Se refiere a que si logramos enseñar a los demás como seguramente algún líder nos enseñó a nosotros a “confiar en sus propias decisiones”, se fortalecerá la capacidad de ese ser humano para aprender de sus propias fallas como de sus propios aciertos. Al final siempre seremos mejores mañana que hoy, porque mañana ya tenemos todos los aprendizajes que absorbimos hoy a las buenas o a las malas, con ganancias o con derrotas. “La educación consiste en formar criterio del jugador, y eso solo se consigue si es capaz de tomar la iniciativa”, agrega el entrenador francés.
Y, ¿Qué sería de todo esto si no nos produjera alegría? Sí, resulta que el fútbol nos genera sonrisas a pesar de los fracasos. “Necesitamos esa alegría, el amor por el juego, el amor por estar juntos y la alegría de estar juntos, la mezcla de culturas y la belleza de compararse con los demás. Y ya se sabe, a veces se gana, a veces se pierde”, sentencia Del Piero. Lo que me recordó uno de los módulos que recientemente cursé en el programa “1.000 líderes por Colombia”: en la diversidad está la verdadera forma de liderar. En comprender a los otros y construir entre todos. “Quizás sea mucho mejor ganar, sin duda, por muchas razones, pero ese viaje tiene que ser así y crea grandes recuerdos”, apuntó el italiano.
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¿Por qué dos leyendas del fútbol hablan de liderazgo, fracaso, derrota, educación y disciplina en un foro de economía? Porque el negocio del fútbol, esta pasión global, de acuerdo con información del Foro Económico Mundial citando “El deporte para las personas y el planeta”, podría alcanzar un valor de 8,8 billones de dólares en 2050.
Entonces, ¿le resulta familiar aquello de aprender de los errores para construir mejores seres humanos? Sin una sola duda, el fracaso puede ser el mejor maestro, solo si aprendemos de él para no repetirlo. Eso lo saben los jugadores y jugadoras de fútbol. Pero también todos los que alguna vez en la vida hemos vestido la camiseta de una selección en medio de la tristeza o la felicidad, del triunfo o del fracaso de tener que perder para soñar ganar.
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