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Esta es una de esas historias que cuenta varias historias en sí misma: habla de generaciones de mujeres cafeteras, de lo que significa ir a estudiar para regresar con ese conocimiento al campo, de lo que cambia cuando una mujer alcanza un logro y otras ven en ella el reflejo de que sí es posible a pesar de las adversidades. De la semilla, del grano, de la taza.
Esta es la historia de Lorena Benitez, la emprendedora que creó Narelo Coffee: “Este emprendimiento se enfoca en el café de especialidad, transformando granos cuidadosamente seleccionados en bebidas frías de autor y preparaciones calientes que resaltan los perfiles únicos de cada origen”, me dijo a travás de un buen contacto que tengo en la Cámara de Comercio del Huila.
“Detrás de este proyecto hay un propósito claro: visibilizar y representar a la mujer campesina del Huila, quien con su trabajo, conocimiento y dedicación hace posible la calidad del café colombiano. Narelo Coffee rinde homenaje a estas mujeres, llevando su historia desde el origen hasta la taza”, apunta.
Por eso Lorena pasó por nuestro cuestionario de 23 preguntas para emprendedores y sus emprendimientos y aquí van sus respuestas:
1. ¿Cuántos años tengo? ¿Qué estudié?
Tengo 36 años y soy Administradora de Empresas, especializada en Talento Humano y Gestión de Proyectos, pero mi primera universidad fue el campo. Soy tercera generación cafetera: crecí viendo a mi abuela recoger granos con paciencia y a mi madre madrugar sin quejarse. Yo soy esa mujer cafetera: planifico la cosecha, cuido las semillas, selecciono granos con ojo experto, manejo el beneficio y administro el hogar. Ese saber me dio resiliencia, liderazgo y técnica; mi formación profesional me dio herramientas para transformarlo en proyectos que dignifiquen la labor, aseguren ingresos justos, trazabilidad y mercados con valor. Mi propósito es que cada taza cuente nuestra historia y se traduzca en oportunidades reales para la comunidad.
2. ¿Cuál fue mi idea y cuándo nació? ¿Qué fue lo que creé?
Nació de una mezcla de orgullo y una espinita en el corazón: orgullo por ser hija de mujeres que trabajan la tierra y la inquietud de ver que el café suele reconocerse sin nombrar las manos que lo cuidan. Así nació Narelo Coffee —un puente entre el origen y quien disfruta la taza—, impulsado por mi convicción de poner en valor a la mujer cafetera. No quise solo vender granos; quise contar historias. Creé una marca que honra la memoria familiar y visibiliza el saber técnico y el liderazgo cotidiano de las mujeres del campo. Además, innové fusionando nuestras frutas con el café para crear bebidas de autor: recetas auténticas que celebran la tierra, amplían sabores y demuestran que la tradición y la innovación pueden ir de la mano. Narelo es calidad, identidad y justicia: cada taza lleva la voz y el trabajo de generaciones, y busca transformar orgullo en oportunidades reales para nuestras comunidades. Es así como en febrero de 2025 nació Narelo, una tienda de café de especialidad.
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3. ¿Cómo logré hacerla realidad y llevarla a los hechos?
No acepté que las manos que cuidan el café siguieran invisibles; por eso lo hice realidad, aprendiendo codo a codo con mis ancestras, en la finca pequeña y trabajando junto a los recolectores. Junté la disciplina de la universidad con el oficio que emprendí en la casa: de mi abuela, la paciencia del cafetal; de mi mamá, la entrega, el orden y el arte de madrugar.
Saqué cuentas, hice estudios y proyecté números, pero también escuché esa intuición que uno aprende entre cafetales, viendo a la mamá y a la abuela no rendirse. Hubo organización, pero sobre todo hubo fe, constancia y muchas madrugadas con olor a café.
4. ¿De dónde saqué la plata para ponerla a andar y cómo la pagué?
Arranqué con mis ahorros, peso a peso, y con un préstamo que pedí con miedo, pero también con disciplina. Cada peso lo manejé con cuidado: reinvertí las ventas, ajusté costos y tomé decisiones responsables para que el proyecto creciera sin perder la esencia.
Más adelante obtuve respaldo de Fondo Emprender (SENA), un impulso que me permitió mejorar maquinaria y generar empleo en la región. Pero no lo hice sola: la comunidad femenina en la ciudad nos ha apoyado muchísimo, ellas vieron a una mujer poniendo el alma en su sueño y apostaron por nosotros con compras, difusión y confianza. Hoy he crecido despacio, pero con raíces sólidas: financiación prudente, trabajo colectivo y reinversión constante. Para mí eso vale más que un crecimiento rápido, es construir futuro con dignidad.
5. ¿Qué estoy logrando con mi emprendimiento? ¿Qué estoy cambiando con mi idea?
Estoy demostrando que en el campo también se cumplen los sueños. Como mujer opita que estudió y volvió a sus raíces, estoy construyendo empresa desde la tierra: generando empleo en la región, abriendo mercados y mostrando que aquí se hacen las cosas con calidad y con alma. Mi proyecto no solo vende café; mueve confianza: reaviva la fe de quienes tienen bloqueos, mujeres y hombres para creer en su talento y atreverse a actuar.
Varias mujeres ya han tocado mi puerta, con gusto les tiendo la mano y comparto el conocimiento que he ganado en este camino emprendedor. Ver cómo se acercan, se organizan y empiezan a creer en su propio proyecto mueve masas y me llena el alma. Estoy cambiando la narrativa: de invisibilidad a liderazgo, de supervivencia a emprendimiento digno. Si una semilla bien cuidada puede convertirse en cafetal, nuestros sueños también pueden crecer con trabajo, disciplina y orgullo.
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6. ¿Soy feliz?
Soy feliz porque hago realidad un sueño que nació en la sangre de mi familia cafetera. Cada paso que doy honra a mi abuela y a mi mamá: a su paciencia, a sus madrugadas, a las manos que enseñaron a leer la tierra. Me llena el alma saber que el café que cuidamos desde la raíz llega hoy a una taza de especialidad, con respeto por su origen y por quienes lo cultivan.
Aprendo cada día, me reinvento y no dejo de crecer; y la alegría más grande es cuando mi camino despierta fe en otras mujeres del campo. Si mi trabajo logra que una sola voz vuelva a creer, a soñar y a actuar, entonces todo vale la pena. Soy hija, nieta y orgullo de mujeres cafeteras y quiero que cada taza cuente esa fuerza, esa historia y ese futuro posible.
7. ¿Vendería mi emprendimiento, mi empresa?
No, no la vendería. Narelo Coffee no es solo un negocio: es mi sangre, la continuación del trabajo de mi abuela, de mi madre y de todas las mujeres cafeteras que me formaron. Soy tercera generación y asumo este proyecto como un legado para cuidar, hacer crecer y honrar la tierra y la gente que la trabaja.
Mi compromiso es claro: seguir fortaleciendo la comunidad, mejorar condiciones y abrir oportunidades, no convertirlo en una mercancía pasajera. Prefiero invertir, asociarme con respeto o transmitir este proyecto a quienes compartan su propósito: preservar la memoria, dignificar el oficio y multiplicar futuro para el Huila y sus mujeres. Ese es el valor que no está a la venta.
8. ¿Qué tan duro fue para mí emprender?
Fue duro y lo digo con la verdad de quien ha madrugado y cargado el peso del sueño a la espalda. Emprender trajo miedos, noches de dudas, decisiones duras y prejuicios que muchas veces son manos que intentan detenernos: el machismo apareció en formas pequeñas y grandes, cuestionando, minimizando y exigiendo dobles pruebas. Pero soy mujer huilense y estamos hechas de otro material: la terquedad buena de mi abuela y la entrega de mi madre me enseñaron a levantarme, a leer la tierra y a no renunciar. Aprendí a combinar intuición y disciplina, a pedir ayuda sin miedo y a convertir los tropiezos en lecciones. Hoy veo esas madrugadas como inversión de vida: el esfuerzo no fue en vano porque abrió caminos para otras mujeres, fortaleció la comunidad y demostró que con trabajo, fe y solidaridad se construye futuro. Emprender fue duro, sí, pero también fue la escuela donde forjé mi coraje.
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9. ¿Cumplí mi sueño? ¿Qué me hace falta?
Estoy en camino y cada paso duele y alegra a la vez. Mi sueño nunca fue solo una marca o una cafetería: fue poner en alto la historia de mi familia cafetera, demostrar que desde el campo se crea empresa, saber y dignidad. Hoy veo frutos: empleo en la región, mujeres que empiezan a creer y una taza que cuenta nuestra memoria. Pero el sueño sigue abierto. Quiero seguir creciendo con pies en la tierra: aprender más, formar a otras mujeres y hombres del campo, multiplicar oportunidades y llevar nuestra voz a lugares que todavía no imaginamos.
Me falta camino, recursos y tiempo, pero no me falta fe ni ganas. Si algo me queda claro es esto: cuando trabajas con el alma puesta en las raíces, cada logro es un homenaje a mi abuela, a mi mamá, y una invitación para que quien lea esto se atreva. Si yo pude sembrar esta semilla con miedo y terquedad, tú también puedes empezar la tuya.
10. ¿Y ahora qué? ¿Qué sigue?
Sigo labrando el sueño con la misma fe con la que se cuida la tierra: me meto al cafetal, recojo grano a grano, zarandeo, vigilo fermentaciones y luego vuelvo a la tienda a diseñar la bebida que entrego en cada taza. Para mí el café no es solo un producto, es un proceso: lo vivo desde la mata hasta la taza, con manos que aman y ojos que no pierden detalle.
Lo que sigue es fortalecer raíces y multiplicar oportunidades: posicionar Narelo Coffee con identidad, mejorar procesos, generar más empleo en la región y formar a otras mujeres para que se apropien del oficio y del negocio. Voy a innovar con nuestras frutas y sabores, abrir nuevas rutas de mercado y consolidar alianzas que respeten el trabajo campesino. Quiero construir una red de mujeres berracas del Huila —y del campo— que compartan conocimiento, recursos y voz. Que cuando alguien pruebe una taza, reconozca historia, oficio y futuro. Seguiré creciendo paso a paso, con respeto por la tierra y la terquedad de siempre, porque cada logro es un homenaje a quienes nos enseñaron a no rendirnos. Si esto te inspira, acompáñame: aquí se sueña, se trabaja y se transforma.
11. ¿Mi emprendimiento es escalable?
Sí, totalmente. Narelo Coffee no es solo una cafetería: es la voz del norte del Huila en cada taza. Crece porque nace del trabajo directo en el cafetal: yo recojo las cerezas, selecciono los granos con cuidado, vigilo las fermentaciones y transformo ese fruto en bebidas que cuentan nuestra historia. Como mujer cafetera huilense llevo en la piel la constancia del sol y la lluvia, el saber ancestral de la finca y la resiliencia de quien reinventa su camino con orgullo. Esa autenticidad es valor: consumidores buscan transparencia y origen; marcas de café especial buscan alianzas con productores con historia; y los canales digitales permiten que nuestra narrativa viaje lejos.
Mi visión de escalabilidad es integral: ampliar puntos de venta propios, desarrollar líneas de producto (granos verdes, tostados especiales, cafés de origen y experiencias de finca virtual y presencial) y formar a más mujeres rurales para que participen y lideren el proceso. Escalo en volumen y en impacto: más empleo local, visibilizar el trabajo femenino del campo y preservar prácticas sostenibles del norte del Huila. Crecer respetando la tierra y dignificando a quienes la trabajan es la fuerza que hará que Narelo Coffee llegue muy lejos.
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12. Para crecer, ¿recibiría inversión de un desconocido? ¿Le cedería parte de mi empresa?
No. Narelo Coffee es la historia y el esfuerzo de mi familia y de tantas mujeres campesinas; no voy a cederla a otras entidades o personas. Creemos en nuestro trabajo, en la tierra del norte del Huila y en la fuerza de quien labra cada cosecha. Nuestra forma de crecer será con el propio esfuerzo: reinvirtiendo ganancias, optimizando procesos, innovando en productos y experiencias, y buscando financiamiento responsable que no implique perder el control ni la esencia del proyecto.
Protejo la autonomía de Narelo porque detrás de cada taza hay memoria, dignidad y un compromiso con la tierra que no está en venta. Avanzamos con convicción y una visión empoderada: somos mujeres dueñas de nuestro talento y destino, capaces de transformar la economía local, liderar mercados de café especial y abrir caminos para otras mujeres rurales. Narelo crecerá desde su raíz, con orgullo, resiliencia y liderazgo femenino.
13. ¿Qué no volvería a hacer?
Dudar tanto de mis capacidades. Al principio hubo miedo e incertidumbre; sentía que me lanzaba al vacío sin saber si el paracaídas abriría. Hoy sé que esa incertidumbre no define mi rumbo. Mi intuición y mi origen son mi fuerza: soy mujer campesina del norte del Huila, crecí entre cafetales y aprendí a transformar ese saber en oficio y en oportunidad. Me capacité, me equivoqué y me levanté; cada paso reforzó mi convicción.
No volveré a permitir que la duda me paralice. Confío en mi trabajo, en mi experiencia y en la capacidad de mi comunidad para construir y liderar. A partir de ahora actúo con decisión, con la certeza de que merezco este sueño y la capacidad de llevar a Narelo Coffee más lejos, con orgullo, valentía y sin volver atrás.
14. ¿Quién me inspiró? ¿A quién me gustaría seguir?
Mi mayor inspiración son mi abuela y mi mamá: mujeres huilenses que no hablaban de liderazgo, pero lo practicaban entre surcos y amaneceres. Con ellas aprendí que la disciplina, la honestidad y la humildad son la raíz de todo; que el café es herencia, compromiso y cuidado. Me enseñaron la paciencia del campo, la valentía para enfrentar la incertidumbre y la ternura para sostener la familia y la comunidad.
Quiero seguir el ejemplo de esas mujeres del norte del Huila y de todas las huilenses que combinan resiliencia y calidez: mujeres trabajadoras, creativas, orgullosas de su tierra, que luchan con manos firmes y corazón abierto. Aspiro también a ser faro para otras campesinas: liderar con coraje, reivindicar nuestro saber ancestral y abrir caminos para que más mujeres crean en sus capacidades y tomen el protagonismo que les corresponde. Cada taza de Narelo lleva esa inspiración y ese compromiso.
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15. ¿Fracasé en algún momento? ¿Pensé en tirar la toalla?
Sí. He fallado, he tomado decisiones que no resultaron y he tenido noches largas en las que la duda pesaba más que la esperanza. Hubo días de cansancio profundo, de sentir que la fuerza no alcanzaba. Pero soy mujer del campo: aprendí a levantarme con las manos llenas de tierra y el corazón dispuesto a sembrar de nuevo. Un tropiezo en la finca no borra la siembra; se corrige, se aprende y se vuelve a cuidar la planta con más paciencia y sabiduría.
Nunca pensé en abandonar este sueño porque Narelo nace de la sangre, las historias y el trabajo de mi familia. Ser mujer me dio intuición, resistencia y una ternura que no se rinde: cuando algo brota del amor por la tierra y por quienes te acompañan, las derrotas se convierten en lecciones y el cansancio en impulso. Hoy abrazo mis errores como maestras y sigo adelante con más claridad, con orgullo y con la certeza de que puedo.
16. ¿Hago parte de algún tipo de comunidad que me ayuda en este camino de emprender?
Sí. Hago parte de comunidades cafeteras, de mujeres rurales y de personas que creen en el emprendimiento y en el desarrollo del campo. En este camino he entendido algo muy importante: nadie crece solo. El café siempre ha sido un trabajo de comunidad, de apoyo mutuo, de aprender unos de otros. Por eso creo profundamente que el crecimiento del campo también debe ser colectivo. Cuando una mujer campesina avanza, también abre camino para muchas más. De igual forma, hemos tenido el acompañamiento de un aliado que ha sido fundamental para nuestro emprendimiento: la Cámara de Comercio del Huila; de su mano realizamos el proceso de registro de marca y hemos recibido capacitaciones que nos han dado el impulso para seguir creciendo, con bases sólidas.
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17. ¿Lo que estoy haciendo trasciende? ¿Podrá impactar a nuevas generaciones?
Sí, yo creo que sí. Creo profundamente en el potencial que tiene nuestro campo. Hoy el Huila es el mayor productor de café del país, y eso demuestra la fuerza, el conocimiento y la dedicación que hay en nuestra tierra. También, creo en el papel de las mujeres en este proceso. Hoy las mujeres productoras de café representamos el 30%, pero estoy segura de que podemos llegar al 50% o incluso más. Hay talento, hay conocimiento y sobre todo hay muchas ganas de salir adelante. Por eso es tan importante formarnos, aprender cada día más y compartir ese conocimiento. Porque cuando una persona del campo aprende, también puede enseñar e inspirar a otros. Mi sueño es que cuando una niña campesina vea esta historia entienda que no tiene que elegir entre estudiar o quedarse en el campo. Puede prepararse, volver a sus raíces y transformar su entorno con lo que sabe. Porque el campo también es un lugar donde nacen los sueños, donde se construye conocimiento y donde las nuevas generaciones pueden encontrar un futuro con orgullo y oportunidades.
18. ¿Cómo me veo en 10 años y cómo veo a futuro mi emprendimiento, mi empresa?
En diez años me veo liderando una marca sólida, que haya crecido sin perder su esencia. Una empresa que genere empleo digno y que siga demostrando que desde el campo también se puede construir empresa, conocimiento y oportunidades. Sueño con seguir creciendo como barista, como empresaria y también como formadora, compartiendo lo que he aprendido y ayudando a que más personas descubran este mundo tan mágico del café. Pero, sobre todo, me veo siendo inspiración para muchas mujeres del campo. Mujeres que a veces dudan de sus capacidades, pero que tienen un talento enorme en sus manos. Quiero representar con orgullo a la mujer campesina, demostrar que podemos liderar, innovar y transformar nuestro entorno. Y que, pase el tiempo que pase, siempre pueda decir con la misma convicción: soy mujer campesina y me siento profundamente orgullosa de mis raíces.
19. ¿Qué papel han jugado mi familia y mis amigos?
Mi familia ha sido mi pilar, mi apoyo incondicional en los momentos claros y también en los más difíciles. Ellos son mi raíz, quienes me recuerdan de dónde vengo y por qué vale la pena seguir luchando por este sueño. Y mis amigos también han sido parte importante de este camino. Han estado ahí para animarme, para creer en mí y para recordarme que todo esfuerzo tiene un propósito. Porque, al final uno entiende algo muy bonito en este camino: los sueños pueden ser personales, pero nadie los construye completamente solo.
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20. Yo lo logré. ¿Ayudaría a otros emprendedores a que lo logren?
Sí, claro. Siempre que alguien me pide un consejo o quiere aprender algo de este camino, lo comparto con todo gusto. Porque sé que emprender no es fácil y muchas veces una palabra, una experiencia o una orientación puede hacer la diferencia. Creo que cuando uno aprende algo en el camino, también tiene la responsabilidad bonita de compartirlo. Para mí el verdadero éxito no es llegar solo, sino abrir camino para que otros también puedan lograrlo. Si mi historia, mis errores o lo que he aprendido pueden ayudar a otro emprendedor a avanzar, entonces todo este esfuerzo también cobra más sentido.
21. ¿Qué papel jugó mi equipo? ¿Quién es?
Mi equipo ha sido fundamental en este camino. Son mujeres que han creído en este proyecto, que trabajan con compromiso y que entienden que aquí no solo servimos café. En cada taza también servimos historia, territorio y el legado de muchas manos campesinas. Ellas hacen parte del crecimiento de Narelo Coffee. Con su trabajo, su dedicación y su cariño por lo que hacemos, ayudan a que este sueño siga creciendo cada día. Porque detrás de esta marca no hay solo una persona, hay un equipo que camina con el mismo propósito.
22. ¿Cuál es mi sello personal? ¿Qué me diferencia del resto?
Mi sello es mi historia. Soy, una mujer campesina que no solo habla del café: lo vive. Yo misma entro al cafetal, recolecto el grano, participo en los procesos y después llego a la tienda a transformarlo en las bebidas que entregamos en cada taza. También me gusta innovar. Muchas de mis bebidas nacen de mezclar el café con las frutas de nuestra tierra, creando sabores que cuentan de dónde venimos. Pero más allá de una bebida, en Narelo Coffee se sirve algo mucho más profundo: una historia. Un legado familiar que viene de mi abuela, de mi mamá y de muchas mujeres campesinas que han dedicado su vida al café. Por eso cada taza que entregamos lleva algo muy especial: café cultivado por manos de una mujer campesina, con conocimiento, con amor por la tierra y con una historia que merece ser contada.
23. ¿Qué he aprendido de todo esto?
He aprendido que todo esfuerzo vale la pena. Que en la vida uno se puede tropezar mil veces, pero cada tropiezo también enseña algo y nos hace más fuertes para seguir adelante. También entendí que las oportunidades no siempre pasan dos veces, por eso cuando uno cree en un sueño tiene que atreverse a dar el paso. Porque cuando lo crees de verdad y trabajas con disciplina, poco a poco lo vas creando. Aprendí algo muy importante: que el campo no es atraso, es una potencia productiva llena de conocimiento, tradición y oportunidades. Y que la educación no es para abandonar nuestras raíces, sino para volver a ellas con más herramientas.
Pero sobre todo aprendí que cuando una mujer campesina decide creer en sí misma, no solo emprende… también abre camino y puede transformar la historia de muchas generaciones.
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