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Dos minutos de temblor y meses para reconstruir: los negocios que buscan ponerse en pie

Aunque el énfasis de la respuesta al terremoto ha estado centrada en rescate, atención a víctimas y evaluación de daños físicos, hay una etapa que debe irse realizando en paralelo con estos esfuerzos: la reactivación empresarial en las zonas afectadas. ¿Cómo avanzar en esta tarea?

06 de septiembre de 2026 - 07:40 p. m.
El sismo tuvo una magnitud de 7,4 en la escala de Richter.
Foto: Archivo Particular. Collage El Espectador.
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Tener en manos una pieza de cerámica implica que el artesano o la artesana amasó, moldeó, alisó, texturizó, secó, esmaltó y quemó. En eso pasan 30 días solo para una pieza como un pocillo o un plato y si se trata de un jarrón decorativo los días suben a 45. La cerámica, digna de cualquier artesanía, es de creación lenta, de hecho se puede dañar si se apresura alguna parte del proceso.

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El terremoto del pasado 10 de agosto no le hizo justicia a estos tiempos lentos: entre 90 segundos y dos minutos de movimiento sísmico se partieron en pedazos al menos 20 jarrones hechos por Carolina Henao Castro, cocreadora de Nina Rústika Cerámica (de ahora en adelante Nina), un emprendimiento de Manizales, Caldas.

Abrieron su primera tienda en el centro histórico, en una casa que se construyó en 1926 justo al lado de la Catedral que también tuvo afectaciones graves y el colapso parcial de su torre nororiental. Su inauguración fue exactamente una semana antes del temblor y ahora sobre esa carrera 22 no hay flujo peatonal ni vehicular.

Hasta el momento, el sismo dejó 331 personas muertas, así como más de 200.000 viviendas averiadas, al menos 651 edificios colapsados y más de 37.500 casas destruidas, según la UNGRD.

Si bien este es el primer renglón de afectaciones (vidas y viviendas), hay un nivel que, aunque puede parecer algo más sutil, representa uno de los principales retos de la reconstrucción: cómo volver a reactivar las empresas y comercios que dejaron de existir en ese par de minutos de la mañana del 10 de agosto.

Dimensionar el reto

Durante la primera semana después del sismo, 40 % de los negocios afectados no vendió ni un peso, según Ricardo Gómez Giraldo, presidente ejecutivo de la Cámara de Comercio de Caldas. La reconstrucción en el departamento, según cifras de Gómez, costará al menos COP 3 billones, incluyendo calles, viviendas y comercios.

El golpe en este lugar lo sintieron negocios como Valen Brown, una empresa de brownies de milo, que tuvo que desalojar dos de sus puntos de venta en el Edificio Paola que queda sobre la avenida Santander. Allí llevaba seis años, tenía un café y la planta de producción.

Manizales no fue la única ciudad afectada por el temblor de magnitud 7,4 que sacudió al país. El Eje Cafetero también vivió fuertes impactos, como en Pereira en donde se reportan 35.000 viviendas afectadas y 120.000 personas damnificadas.

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En Risaralda el 89,7 % de las empresas que se registraron en el Censo Único de Emergencia son microempresas.

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Este es un patrón que se repite en otros departamentos como por ejemplo Chocó, Quindío, Valle del Cauca y Caldas. En otras palabras, las empresas más pequeñas o los comerciantes que viven del día a día son los más afectados por esta tragedia.

Según César Jaramillo, administrador del almacén Las 3BBB, casi el 15 o el 20 % de los negocios en el centro de Pereira desaparecieron. A las tiendas de Las 3BBB llega cualquier taxista sin necesidad de dirección, cuenta Jaramillo, ellos venden insumos para manualidades desde hace más de 75 años y siempre estaban en el mismo sitio, sobre la calle 27 del centro de la ciudad. De esta empresa dependen 40 familias.

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En Valle del Cauca hay hasta ahora 16.128 empresas censadas con afectaciones por el temblor, dentro de esas, 7.279 están ubicadas en Cali y 1.351 en Buenaventura. En este departamento los sectores económicos con mayores impactos fueron los del comercio, el alojamiento, la gastronomía, el turismo y las industrias manufactureras.

Sandra Maribel Mosquera es la dueña del restaurante caleño La Casona Vegetariana, que abrió en 1992, cuando Mosquera tenía 18 años. Hoy no tiene local en donde funcionar.

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Es el mismo panorama que enfrenta Compra Flores, una floristería que solía estar en la calle novena con 38. Hoy, sus dueños reciben mensajes de transeúntes, personas que ni siquiera son clientes, acerca de lo extraño que es pasar por allí, no ver el negocio y en su lugar ver escombros.

En el departamento del Chocó, epicentro del temblor, se han reportado 792 empresas afectadas, 161 están en estado crítico y Quibdó presenta la mayoría de los casos con 582 negocios con daños. El 95,8 % de los negocios perjudicados son microempresas.

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Julio César Lozano, dueño de la Finca La Esmeralda en Istmina, Chocó, empezó a hacer eventos y recibir huéspedes hace seis años. De esto viven él y su familia. Después del terremoto los visitantes no han podido regresar y Lozano tuvo que devolver el dinero de las reservas que estaban para estos meses. ¿Quién responde mientras todo sigue en pausa, pero las cuentas se acumulan e igual hay que seguir viviendo?

“La recuperación empresarial no depende únicamente de conocer el tamaño de la afectación. Depende de entender dónde están las necesidades, qué sectores requieren atención prioritaria y qué mecanismos permitirán que las empresas vuelvan a operar, sostengan el empleo y continúen generando bienestar para sus comunidades”, afirma María del Mar Palau, presidenta de la Cámara de Comercio de Cali.

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Entre las peticiones que tienen las cámaras de comercio de los departamentos más afectados se encuentra la priorización de las compras locales en el proceso de reconstrucción, por ejemplo con materiales de obra. O incluso que se impulsen programas dirigidos a comerciantes informales o actores sociales económicos.

A casi un mes del terremoto, ¿qué necesitan las personas detrás de cada uno de estos negocios? Reparar sus instalaciones, maquinaria o equipos, recuperar inventario o insumos, pero también clientes y ventas, que los trámites tengan una ruta más sencilla, recibir capital semilla y subsidios para sostenerse, obtener algún alivio de las obligaciones financieras actuales o simplemente un nuevo espacio para trabajar, así sea temporal.

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Este sábado, el Gobierno anunció una iniciativa de reactivación económica, con COP 40.000 millones para microempresas, comercios y actividades turísticas afectadas.

“Están en marcha COP 40.000 millones para microempresas, comercios y actividades turísticas afectadas por el terremoto a través del Ministerio de Comercio. De estos recursos, cerca de COP 30.000 millones serán destinados a créditos para el pago de nóminas, arriendos, proveedores e inventarios y recuperar locales, maquinarias y activos productivos. Habrá COP 10 mil millones en capital semilla, para los ciudadanos que quieran empezar su emprendimiento”, señaló el mandatario.

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Para cada persona la tragedia fue distinta

La Asociación Colombiana de las Micro, Pequeñas y Medianas Empresas (Acopi) enfatiza en la necesidad de recursos por parte del Estado para que los negocios sobrepasen estos meses por ejemplo con un apoyo temporal a las nóminas. Para el gremio la reconstrucción física es igual de prioritaria que la reconstrucción productiva.

“Muchas micro y pequeñas empresas viven del flujo de caja diario. Si durante varias semanas no venden, pero siguen teniendo obligaciones laborales, financieras, tributarias, arrendamientos y servicios públicos, el riesgo de cierre aumenta rápidamente. Cada empresa que salvamos significa empleos, ingresos familiares y actividad económica que también salvamos”, afirma María Elena Opsina, presidenta de Acopi.

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Esteban Gómez Consuegra, cocreador de Nina (el local de cerámica en Manizales) y César Jaramillo de Las 3BBB coinciden en algo a pesar de estar en ciudades distintas y es que las calles “parecen zonas de guerra”.

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Cientos de negocios quedaron en escombros, a otros cientos se les cayeron el techo y algunas paredes, como es el caso del restaurante La Casona, y otros cientos tienen riesgo de derrumbe, así como Valen Brown.

“Nosotros nunca nos podemos comparar con alguien que perdió un familiar, cada persona tiene sus propias tragedias. La de nosotros los empresarios es que en un segundo perdimos un capital muy importante de trabajo y algo que en particular a mí me dolió mucho es que ese era el trabajo manual de mi esposa”, cuenta Gómez. Ellos perdieron inversiones que acaban de hacer, las piezas y sobre todo los meses dedicados a cada una de ellas.

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“Tienes que reponer lo que perdiste en tiempo, en plata, en producción y en trabajo, pero en esos meses o repones lo de la tienda o recibes otros trabajos que generen flujo de caja: no puedes hacer ambas al tiempo” afirma Carolina Henao, de Nina Rústika.

Además de perder ingresos en estos días, perdieron la capacidad de recompra. Un gran porcentaje de sus ventas viene de los restaurantes que adquieren juegos de vajilla, pero ahora ante la contingencia esas transacciones se frenaron porque el sector gastronómico también quedó tambaleando.

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Las 3BBB es un “costurero grande”, así lo define Jaramillo porque el valor de las ventas no es grande, la gente suele comprar casi que al granel: un paquete de agujas, dos botones, tres metros de cinta o cuatro broches. De las cinco tiendas que tenían en Pereira, tres de ellas quedaron sin posibilidad de abrir. Se pasaron entonces a las ventas en línea pero esto representa solo el 10 % de los ingresos que normalmente recibían.

“Las ventas en línea no son suficientemente grandes para poder cubrir el gasto que tenemos, que es alrededor de ocho millones de pesos diarios para el sostenimiento de la empresa porque cerrada o abierta hay que seguir manteniendo a todo el equipo de trabajo”, dice Jaramillo.

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De la floristería caleña Compra Flores solo quedó el 5 % de la mercancía, eran unos peluches, según Jhonatan Velasco el actual dueño del negocio. Él tiene 25 años pero su familia lleva manejando la floristería desde hace 16 y durante el temblor las columnas del edificio vecino se cayeron encima de la casa.

Mientras tanto se instalarán en un lugar más pequeño sobre la carrera 38, pero insisten en querer volver a la esquina de siempre de la calle novena. Porque en esa esquina los caleños ya sabían que encontraban flores.

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La caleña Sandra Mosquera, dueña de La Casona Vegetariana, cuenta que apenas está reorganizándose: “Hago cuentas pero ya no sé cómo jugar con la economía porque ya no estoy en el lugar que conozco”, dice.

Según el censo de la Cámara de Comercio de Quibdó, en la capital del departamento el 62,3 % de los empresarios reportan afectaciones emocionales y psicológicas tras el terremoto, además de las afectaciones ya existentes en términos de infraestructura.

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“Hay muchos tipos de pérdidas después de algo así, una de ellas es la pérdida de independencia porque las personas empiezan a depender de otras cosas o personas para sobrevivir. Algunos ya no tienen la independencia de tener su propia comida, de tener su propia casa (y en estos casos tampoco su local). La vida deja de ser como era antes”, afirma Sofía Betancourt Salamanca, psicóloga y voluntaria en el Centro de Atención Psicológica de la Universidad de los Andes donde han acompañado a personas que necesitan primeros auxilios en psicología gratuitos después del sismo.

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Solucionar “como un pulpo”, a ocho brazos

La primera semana después del terremoto, la mirada estuvo en rescatar a quienes estaban atrapados bajo los escombros, donar o recibir ayudas humanitarias y empezar a evaluar daños.

Ahora los comerciantes tienen que pensar en soluciones, llevarlas a cabo, hablar con proveedores, clientes y arrendadores, pagar gastos y, si es posible, retomar las ventas. Todo esto para poder sostenerse económicamente mientras intentan reconstruir sus redes de apoyo y reaprender a vivir su ciudad.

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En Istmina, por ejemplo, la economía ya se está reactivando pero la finca de Lozano aún no, ellos podían alojar a 30 personas y recibir hasta 100 para los eventos. “Ese es el patrimonio que uno construyó durante toda su vida y que le generaba ingresos. Ahora quedamos con las manos vacías para volver a empezar”, cuenta Lozano.

Hasta ahora, dice, la ayuda ha llegado principalmente de amigos cercanos, que han aportado ladrillos, cemento y varillas. Para volver a operar calcula que necesitará materiales de construcción y espera poder recibir visitantes entre noviembre y diciembre.

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“Estamos buscando la forma de vender y estoy hablando con los proveedores pidiéndoles que tengan paciencia con los pagos porque es importante colocar la cara para que los productores no piensen se les va a embolar la plata”, cuenta Jaramillo sobre el caso de Las 3BBB en Pereira.

En Cali, Velasco y su familia están trabajando desde su casa y pasaron a ser proveedores de otros colegas del sector de las flores que no perdieron su local. Para ellos la solución es la colaboración así sea temporal y reinventarse como se pueda: también están decorando habitaciones.

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Por eso “moldearse” es lo que sostiene Mosquera, ella enfatiza en la importancia de reaprender con lo que quedó después del 10 de agosto. La Casona Vegetariana está trabajando desde una cocina oculta para seguir entregando almuerzos así sea a domicilio. Paga el valor de un día en la cocina, que corresponde a COP 70.000, y para cubrir ese gasto tiene que vender al menos cuatro almuerzos.

La reconstrucción de los locales perdidos se complica cuando depende de terceros: arrendadores, administradores de edificios o entidades estatales. Valentina Mideros, creadora de Valen Brown, no ha podido aplicar a los subsidios ofrecidos por las instituciones porque su arrendatario no ha querido darle respuesta frente al estado del local: habitable, en riesgo o inhabitable.

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Aun así, por seguridad decidió sacar sus cosas e instalarse nuevamente donde empezó: en la casa de sus padres.

Desde ahí Mideros impulsa un fondo para el futuro de los comerciantes. Su meta es vender 10.000 cuchareables, un brownie de milo con chantilly y nutella, para destinar un porcentaje de esas ventas a la reconstrucción de Valen Brown y otro porcentaje al fondo solidario. Los comerciantes deberán postularse para ser beneficiarios y la idea es que este permita resolver los gastos más puntuales que van desde daños en un horno, hasta adecuaciones de los puntos eléctricos y arreglos de tubería.

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“Al final la ciudadanía es la que salva la ciudadanía”, afirma Mideros.

Manizales es una “familia grande”, como dicen Esteban Gómez y Carolina Henao, todos se ayudan con todos. Los emprendedores que no perdieron su local están abriéndole las puertas a aquellos que sí y entre todos están organizando talleres o bazares donde puedan reavivar las ventas.

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Desde la Cámara de Comercio organizaron una feria de cuatro días en el sector de Milán, uno de los más afectados por el sismo, y en total hubo COP 150 millones en ventas. “Sirvió mucho para volvernos a encontrar después de la tragedia y también para activar la caja de estas empresas que están afectadas”, afirma Ricardo Gómez.

“Llega un momento donde todo el mundo dice: ‘tengo que volver a la vida, tengo que volver a producir porque tengo que volver a comer’. Hay que seguir”, sostienen los dueños de Nina quienes están ofreciendo talleres de cerámica mientras recuperan el inventario y el tiempo perdido.

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Sobre esto la Cámara de Comercio de Armenia implementó una campaña de comunicación a través de redes sociales, llamada “Reabrir también es Resistir”, para visibilizar los negocios y movilizar a los ciudadanos a comprar local.

La psicóloga Betancourt enfatiza que “es difícil tener estabilidad emocional sin estabilidad económica. Lo que sí se puede hacer ahora es aceptar, tolerar el malestar y ver lo que podemos hacer con los ingredientes que hay hoy en la mesa. Igual lo primero es curar la necesidad básica del hogar, reconstruir las viviendas, después de eso validar a la persona y no minimizar lo que está pasando, ni lo que está sintiendo”.

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Después del par de minutos que duró el temblor se vienen meses de recuperación en medio de la reconstrucción física de ciudades y municipios. Se estima que hay más de 45.000 negocios afectados a nivel nacional, que hoy buscan reactivarse con lo que tienen a la mano.

“Entre todos nos ayudamos a pararnos de a poquito”, concluyen Carolina Henao y Esteban Gómez.

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Por Sophie Echappé Palomino

Comunicadora social y politóloga con énfasis en periodismo e investigación para la paz de la Pontificia Universidad Javeriana. Fotógrafa por afición. sechappe@elespectador.com
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