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El Gobierno confirmó que desde el 1 de febrero de 2026 el precio de la gasolina corriente caerá COP 500 por galón. La decisión, formalizada mediante resoluciones conjuntas de Hacienda y Minas, se apoya en la idea de que la gasolina en Colombia está por encima del referente internacional y ese margen permitiría un alivio al consumidor sin desordenar —en apariencia— las cuentas del Fondo de Estabilización de Precios de los Combustibles (FEPC).
El anuncio del ministro de Hacienda, Germán Ávila, llegó en medio de la rueda de prensa por la decisión de tasas de interés del Banco de la República. Allí, el jefe de cartera detalló que en los próximos días se expedirá un decreto para reducir el precio de la gasolina en COP 500 durante febrero, como parte de una estrategia contrainflacionaria.
El Gobierno prevé continuar con recortes adicionales para cerrar brechas entre el precio interno y los internacionales, una decisión que —según Hacienda— tendría efectos directos sobre los costos de transporte, el consumo y el ingreso disponible de los hogares.
“Le decisión se toma con base en las resoluciones 40095, 40096, 40097 y 40098 del 29 de enero de 2026, de común acuerdo entre el Ministerio de Hacienda y Crédito Público y el Ministerio de Minas y Energía”, afirmó la cartera.
Gobierno del presidente @petrogustavo anuncia reducción del precio de la gasolina a partir de febrero del presente año.
— MinHacienda (@MinHacienda) January 30, 2026
Medida tomada por @MinHacienda y @MinEnergiaCo. En este comunicado está el listado de resoluciones. pic.twitter.com/DFzkxKSFVT
La advertencia aparece en letra pequeña, cuando se condiciona la continuidad de la baja a las “condiciones cambiarias”.
Hace un año, el billete estadounidense rondaba los COP 4.170. Hoy, en cambio, se mueve en el rango de los 3.700 pesos, una caída de 11 %, equivalente a 470 pesos.
Por el lado del petróleo, la referencia Brent, pasó de USD 75,67 a 70,68.
Es decir, la reducción de COP 500 por galón se apoya en un entorno externo más favorable con dólar más barato y petróleo moderado, sin comprometer de inmediato el equilibrio del Fondo de Estabilización de Precios de los Combustibles (FEPC). La sostenibilidad de la medida, sin embargo, dependerá de que esas condiciones se mantengan en los próximos meses.
Aun así, para entender la decisión hay que volver al origen del problema. El FEPC, creado en 2007 para amortiguar la volatilidad internacional, acumuló un hueco fiscal masivo tras el congelamiento de precios durante la pandemia. En 2022 el pasivo alcanzó COP 36,7 billones. La corrección llegó tarde, pero llegó: entre octubre de 2022 y enero de 2024 la gasolina subió de COP 9.100 a más de COP 16.000 por galón.
Ese ajuste fue asimétrico. La gasolina se alineó —y luego superó— el precio internacional; el diésel fue el único rezagado. El resultado es un subsidio cruzado: los consumidores de gasolina financian parte del déficit del ACPM (diésel). Hoy, según cálculos académicos, la gasolina estaría alrededor de COP 3.500 por encima del precio internacional (COP 12.864), mientras la brecha del diésel se ha reducido pero persiste.
Con este ajuste, el promedio nacional de gasolina corriente bajaría de COP 16.057 a 15.557. La estimación final dependerá del informe de la Comisión de Regulación de Energía y Gas (CREG) para el segundo mes de 2026.
Así cambiarían los precios desde el 1 de febrero:
| 1 | Bogotá | 15.991 | 11.276 |
| 2 | Medellín | 15.912 | 11.301 |
| 3 | Cali | 16.002 | 11.424 |
| 4 | Barranquilla | 15.626 | 10.951 |
| 5 | Cartagena | 15.583 | 10.916 |
| 6 | Montería | 15.833 | 11.166 |
| 7 | Bucaramanga | 15.748 | 11.025 |
| 8 | Villavicencio | 16.091 | 11.376 |
| 9 | Pereira | 15.939 | 11.363 |
| 10 | Manizales | 15.966 | 11.349 |
| 11 | Ibagué | 15.907 | 11.267 |
| 12 | Pasto | 13.747 | 10.338 |
| 13 | Cúcuta | 13.900 | 9.032 |
¿Hay espacio para bajar? Sí. ¿Es amplio? No tanto
Centros de investigación como ANIF estiman que, sin recortes, el FEPC podría cerrar 2026 con un superávit cercano a COP 2,6 billones. Con una reducción de COP 300, ese colchón bajaría a COP 1,9 billones. Con COP 500, el margen se adelgaza aún más, aunque el Gobierno confía en la apreciación del peso y en la estabilización reciente del fondo.
El punto crítico es la fragilidad del equilibrio que, como dijo Hacienda, depende de una variable no controlable: el dólar.
En el peor caso, una depreciación encarece las importaciones de combustible y reabre el déficit con rapidez, un problema fiscal heredable a otros gobiernos.
Por ahora, el FEP dejó de ser una bomba fiscal, pero sigue siendo una burbuja de bajón susceptible al roce cambiario.
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