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hace 1 hora
Es uno de los proyectos de la Fundación Acción Interna

La agencia de publicidad que opera desde la cárcel

Tras ocho meses de haberse formado con los mejores publicistas del país, tres internos de la cárcel La Modelo cuentan sobre su experiencia en Agencia Interna.

John Jairo Calderón, Juan Manuel León, Johana Bahamón y Julián Petrel, miembros de Agencia Interna. / Cortesía Fundación Acción Interna

Agencia Interna, la única agencia de publicidad del mundo que funciona desde un centro carcelario, graduó a su primera promoción de diplomados en comunicación y publicidad en la cárcel La Modelo de Bogotá hace tres semanas. El diploma, otorgado a siete internos por la Universidad Sergio Arboleda, fue la consolidación de ocho meses de formación intensiva en temas de publicidad con las mejores agencias del país.

Ahora los presos deberán aplicar todo lo que aprendieron durante estos meses en estrategias reales para empresas y marcas de todo tipo. Y aunque saben que no será fácil, el proyecto les ha despertado una vena empresarial que varios de ellos esperan explotar cuando recuperen su libertad.

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La historia de la agencia

La idea de hacer una agencia de publicidad en el interior de una cárcel nació de la Fundación Acción Interna, dirigida por Johana Bahamón, que desde hace seis años lleva proyectos de resocialización, crecimiento personal y productividad a centros penitenciarios de todo el país.

Según Bahamón, la iniciativa busca generar un contacto permanente entre la población carcelaria y la civil. Al prestar sus servicios y asesorías, los internos no solo establecen ese vínculo con la población exterior, también aprenden herramientas que les servirán al momento de recuperar su libertad.

“Ellos nos han manifestado que quieren sentirse útiles para ellos, para su entorno y, por ende, para la sociedad. Tratamos de que las cárceles no sean centros de reclusión, sino centros productivos”, asegura Bahamón.

Para que los internos de La Modelo pudieran ser competitivos, Bahamón buscó que aprendieran de los mejores. De la mano del grupo publicitario MullenLowe SSP3, los 24 reos que hacían parte del proyecto inicial recibieron talleres de agencias de renombre como, McCann, The Juju, DDB, entre otras. Aprendieron a crear conceptos creativos, campañas y estrategias publicitarias, a la vez que se especializaron en temas de marketing digital y uso de redes sociales con invitados de Facebook y Google.

Al cabo de ocho meses, solo siete internos terminaron el curso. El retiro de la mayoría se debió a que fueron trasladados a otras cárceles, situación que la fundación espera poder negociar con los directivos de la cárcel para futuros casos.

Aunque las clases de publicidad continúan, el reto que deben enfrentar los nuevos publicistas es generar estrategias para marcas reales. Actualmente se encuentran rediseñando la imagen de Acción Interna y elaborando propuestas para una entidad de salud. Cuando les hayan aprobado sus proyectos y tengan varios funcionando, las familias de los internos recibirán una bonificación por su labor, además por cada par de días que trabajen en la agencia, los reos podrán redimir un día de condena.

“Ellos están aquí sin libertad física, pero son libres de pensar, de ser creativos, de mostrar su talento”, afirma Bahamón. “Tienen libertad en este espacio y la pueden aprovechar al máximo, mientras que muchas personas que estamos afuera vivimos encarceladas mentalmente”.

La vida interna

Uno de los libros favoritos de John Jairo Calderón es el Conde de Montecristo, de Alejandro Dumas y Auguste Maquet. La obra cuenta la historia de Edmundo Dantés, un hombre que es condenado a pagar una pena en prisión por un crimen que no cometió. Cuando consigue salir del castillo en que permaneció encerrado, Dantés amasa una fortuna gracias a un tesoro escondido y diez años después decide regresar a su ciudad natal para vengarse de quienes lo traicionaron. Esta vez no regresa como Edmundo, sino como el Conde de Montecristo.

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“Si quiere tener un punto de vista carcelario, le recomiendo ese libro”, reflexiona John Jairo. Aunque se trata de un relato de aventura situado en la Francia del siglo XIX, el joven asegura que es un fiel retrato de la vida en el interior de una prisión.

John Jairo es uno de los siete presos que forman parte de Agencia Interna. Tiene 27 años y es monitor educativo de sus compañeros, a quienes dicta clases de filosofía. En sus ratos libres pinta retratos que le piden por encargo o lee libros de Oscar Wilde, y aunque le gustaría dedicarse al arte, sabe que en el fondo tiene vocación de profesor. “Los libros han cambiado mi visión de las cosas. Me volví más paciente, tranquilo y observador. Una palabra puede cambiarle la vida a uno”, afirma

El joven trabaja con Julián Petrel, de 37 años. Al igual que John Jairo, es un ávido lector, pero él prefiere dibujar. “Hago caricaturas, retratos y diseños para tatuajes. El dibujo para mí lo es todo”, cuenta. Su otro compañero es Juan Manuel León, de 29 años. Aunque también se dedica a las manualidades, admite que se le dan más los tejidos. Hace bolsos, correas y gorros que manda a su familia o vende entre sus compañeros.

Para los tres internos, la oportunidad de estar en la agencia es un privilegio. “Si llegamos hasta estas alturas del curso es porque estamos comprometidos y queremos hacer un cambio en nuestras vidas”, afirma Calderón. León, por su parte, asegura que todo lo aprendido le servirá a la hora de montar su propio emprendimiento en unos años, cuando salga de prisión. “Con todas las herramientas, las capacitaciones y el aprendizaje que hemos obtenido acá podremos salir a montar un negocio propio y darlo a conocer. Es algo muy útil para cualquier persona”, indica.

Segundas oportunidades

Los internos coinciden en que uno de los días más gratificantes de sus vidas fue el 25 de febrero, cuando recibieron su diploma de la Agencia Interna con toga y birrete. Ese día Bahamón, en compañía de los profesores que participaron en el proyecto, el decano de la Facultad de Publicidad de la Universidad Sergio Arboleda y representantes del Gobierno y del Inpec les entregaron sus certificados felicitándolos por haber aprovechado una oportunidad única. “El decano nos dijo: ‘ustedes tienen a profesores que quisiéramos tener nosotros’. Eso ya es un plus muy grande”, recuerda Petrel. Varios de los diplomados pudieron invitar a algunos familiares, como fue el caso de Calderón, quien recuerda vívidamente la mirada de orgullo de su madre al verlo conceder entrevistas a propósito del proyecto.

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Petrel también dice que lo más alentador para él fue la llegada de las familias. “Lo más grande fue ver el orgullo que sienten al ver a un hijo que está encerrado, pero que está haciendo algo por su vida, que se está preparando y está saliendo adelante”. El joven afirma que en un futuro espera regresar a La Modelo ya no como interno, sino como profesor. “Hay que traerles nuevas ideas (a los presos). Hacer que se alejen de esa represión que los envuelve en la cárcel, porque el encierro le baja todo a una persona hasta lo más mínimo”, sentencia.

Ahora que Calderón está a pocos meses de salir de prisión, ha podido reflexionar sobre su tiempo de encierro. Hoy en día está convencido de que todo el mundo tiene derecho a una segunda oportunidad, porque según él “nos pone en situaciones comprometedoras, pues pensamos que no habrá una tercera oportunidad y es ahí cuando más entregamos”. Y añade: “Me ha servido para redescubrirme, para darme cuenta de que les estaba huyendo a mis talentos y que puedo vivir de eso”.