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5 Jun 2022 - 2:00 a. m.

La historia de cómo Boyacá tendrá, por fin, aviación comercial

En junio serán inauguradas las dos primeras rutas del aeropuerto Juan José Rondón, de Paipa. Conectar Boyacá con Medellín y Bucaramanga es una apuesta con la que el departamento espera ganar en competitividad y en independencia de Bogotá.
Este mes empiezan los vuelos desde el Aeropuerto Juan José Rondón, de Paipa. /Alcaldía de Paipa
Este mes empiezan los vuelos desde el Aeropuerto Juan José Rondón, de Paipa. /Alcaldía de Paipa

Al finalizar este mes, todos los departamentos del país contarán con aviación comercial regular, por fin. Para Paipa, y para Boyacá en general, es una apuesta por la competitividad, una oportunidad para atraer turistas, e incluso, tal como lo ven algunos, el pago de una deuda histórica. Los próximos 22 y 23 de junio, EasyFly empezará a operar las rutas a Medellín y Bucaramanga, dos vuelos que la administración departamental llevaba buscando siete años.

Conectar las regiones es una tarea pendiente en la que también entra en juego el transporte aéreo. Justamente, el rezago en materia de infraestructura carretera fue uno de los factores que motivó a que en Colombia se fundara la primera aerolínea rentable del mundo: la Sociedad Colombo-Alemana de Transportes Aéreos (Scadta), creada en 1919 y hoy conocida como Avianca. (Lea: Los 100 años de Avianca)

Tal como lo cuenta el historiador Sven Schuster, el éxito de la compañía, cuya sede era Barranquilla, se atribuye a varios factores. Después del auge de esta industria en Alemania, las restricciones del Tratado de Versalles obligaron al personal calificado, como pilotos e ingenieros, a tomar nuevos rumbos. La búsqueda los hizo aterrizar en este lado del mundo, sin experiencia en ese campo, pero con potencial. Para explotar esa capacidad fue determinante el liderazgo de Peter Paul von Bauer, geógrafo austríaco. “Entendió las ventajas que tenía Colombia por sus ríos, sabía que existía una élite dispuesta a pagar por los vuelos y conocía los problemas de infraestructura”, asegura Schuster.

De ese modo, los ríos, especialmente el Magdalena, se convirtieron en pista de acuatizaje para los aviones Junkers fabricados en duraluminio, de última tecnología para la época. En la historia de la Scadta se incluye su éxito, que despertó recelo de Estados Unidos, la guerra contra el Perú e incluso acusaciones por influencia del nazismo. Lo que deja dudas es por qué si desde entonces la aviación comercial tenía potencial en Colombia, e incluso en algunos aspectos el país era pionero, más de cien años después Boyacá hasta ahora está celebrando el inicio de las rutas.

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¿Vuelo retrasado?

La competitividad es uno de los alicientes para insistir en la aviación regular en Boyacá. Para Alejandro Mejía, director de inversión y comercio de la Gobernación, la llegada de las dos rutas marca un precedente, teniendo en cuenta que en el pasado perdieron hasta la posibilidad de tener nuevas empresas por la falta de vuelos. “En dos ocasiones hicimos gestiones con sectores empresariales, pero cuando llegábamos al punto de competitividad aérea nos veían en el puesto 32 y se iban. Al final se instalaron en Bogotá y Cali”.

Esa es una de las razones por las que dejar de depender del Aeropuerto Internacional El Dorado se convirtió en una prioridad, hace cerca de siete años. Según Mejía, cuando tocaba puertas, le recordaban el estado de la vía Bogotá-Tunja y lo cerca que está Boyacá de la capital del país. La respuesta era insuficiente. Armando Araque, empresario y cafetero, reconoce que la falta de vuelos comerciales ha sido un obstáculo para cerrar negocios porque no solo se trata de Bogotá. Hasta ahora, cuando un boyacense quiere volar, debe salir con muchas horas de anticipación. Si vive en Duitama y viaja para Medellín, por ejemplo, tiene que movilizarse por tierra durante cuatro horas, asumiendo que no hay trancón.

Eduardo Malagón Bravo, asesor histórico-cultural de la Gobernación de Boyacá, recuerda que desde marzo de 1956 Taxi Aéreo de Santander (Taxader), con sede en Bucaramanga, ofrecía vuelos a Paipa y Sogamoso. Sin embargo, esa ruta desapareció pocos años después.

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Para las autoridades consultadas, la falta de vuelos se debe a la dependencia que durante años ha tenido el departamento de la capital del país. El alcalde de Paipa, Fabio Medrano, culpa al centralismo y sostiene que hay una deuda en inversión para el departamento que no solo se evidencia en la aviación. Por eso, en general, una de las metas es mejorar la logística.

En pro de ese objetivo, Boyacá creó la estrategia Reactivación Aeropuertos del Bicentenario, en 2016, dos años después recuperó la certificación de operación del aeropuerto de El Espino, puerta al Parque Nacional Natural El Cocuy. Un peldaño importante para el turismo de la región, ya que los viajeros internacionales, como ejemplifica Mejía, después de largas horas de viaje prefieren tomar un vuelo chárter y no gastarse nueve horas en bus desde Bogotá.

Pero el mayor paso, sin duda, es la habilitación del Aeropuerto Juan José Rondón, de Paipa. En noviembre de 2019, Mejía recibió una llamada de la Aeronáutica Civil donde le informaron que ya se habían aprobado recursos: $18.350 millones para rehabilitación y mantenimiento. El proceso se inició en enero de 2020 y terminó un año después. Desde entonces, la Gobernación, la autoridad aeronáutica y la Alcaldía han trabajado de la mano.

La fase final fue cautivar a EasyFly. La aerolínea de bajo costo decidió apostarle a Boyacá, según Karen Ramírez, directora de mercadeo, “por el potencial turístico”. Ahora, esperan que el mercado responda y poder abrir en el futuro más rutas. Con el vuelo de prueba desde Bogotá, el pasado 9 de abril, la expectativa en el departamento ha crecido. El avión modelo para la pista es el ATR 42-600, con capacidad para 45 pasajeros.

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Después del despegue

Uno de los siguientes retos es el proyecto de ampliación del aeropuerto de Sogamoso. “Tenemos una pista para aviación de largo alcance, que podría medir 4.600 metros en fase tres, la de El Dorado mide 3.800. Por eso Sogamoso será una opción para apoyar las operaciones”, dice Mejía. Y agrega que para el aeropuerto de Tunja tienen en la mesa un proyecto con la Aeronáutica Civil. Así mismo, se planea que en el Juan José Rondón haya dos aviones pequeños, uno que saldrá a El Espino y otro para Muzo, en el occidente de Boyacá. La recuperación de esta última pista estaría en cabeza de la Gobernación.

La primera gran apuesta es el turismo. Antonio Leguízamo, secretario de esa cartera en el departamento, pone sobre la mesa que después de Bogotá (62,45 %) y Cundinamarca (9,84 %), la mayoría de turistas de Boyacá provienen de Santander (5,79 %) y Antioquia (4,12 %). Las expectativas para este segundo semestre son altas, ya que esperan que los vuelos sean un impulso en medio de la reactivación económica y de la recuperación del empleo. “El termalismo es una de las potencias, pero también tenemos ecoturismo y destinos como el lago de Tota y el Parque Nacional Natural el Cocuy”. El turismo corporativo y empresarial es otra de las apuestas.

“Se parte la historia de Paipa en dos. Ya nos hemos posicionado como capital turística del departamento y con la aviación tenemos el potencial de fortalecer municipios vecinos como Villa de Leyva, Nobsa y Monguí, entre otros”, asegura Medrano. Para ese cometido, los alcaldes de la zona crearán rutas turísticas que vinculen varios municipios. Mejía, por su parte, espera que a final de año Paipa tenga rutas hacia la costa Atlántica, el Eje Cafetero y los Llanos Orientales.

Por otro lado, el alcalde habla sobre la expectativa de que el sector agropecuario también se beneficie de la aviación: “Por qué no pensar que después se puede generar una dinámica de transporte de alimentos, de distribución de productos agropecuarios, la papa, la cebolla o frutas como gulupa y mora”. Mejía explica que esta opción sería posible en el aeropuerto de Sogamoso.

Conectar las regiones

La iniciativa de impulsar el transporte aéreo a Boyacá no es un hecho aislado, por el contrario. Este año en Colombia se han autorizado 24 nuevas rutas nacionales: solo la semana pasada el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo y Fontur anunciaron la operación de diez rutas en el marco de la estrategia Vuela Sin Parar, que incluye un incentivo de $850 millones para la promoción de las rutas ofrecidas por las aerolíneas que fueron seleccionadas por convocatoria pública.

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La campaña priorizó las rutas regionales porque el objetivo es conectar de manera directa los territorios, no solamente para descongestionar El Dorado, sino también para apostarle a la sostenibilidad (reduciendo las emisiones contaminantes) y al turismo en las regiones. De hecho, en esa presentación, la ministra de Transporte, Ángela María Orozco, afirmó que el aumento en las rutas aéreas comerciales se articula con programas como Colombia Rural, que se enfoca en mejorar las vías terciarias.

El camino para tener un país conectado es, sin duda, largo. No serán suficientes los grandes aeropuertos y las carreteras nacionales si en los territorios la infraestructura sigue siendo precaria. Ahora bien, que los 32 departamentos del país ya tengan rutas comerciales regulares no significa que Colombia esté completamente conectada, pero es un paso más en esa dirección.

Por ahora, Boyacá espera que su despegue con EasyFly tenga el suficiente impulso para mantener las rutas e incluso poder ampliarlas.

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