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Uno de los pocos motores económicos que aún funcionan en Cuba está fallando, mientras EE. UU. toma medidas para impedir que el combustible y el financiamiento lleguen a la isla.
Los viajes internacionales a Cuba cayeron a mínimos históricos el año pasado, informó el lunes la oficina nacional de estadísticas, en momentos en que los amplios problemas económicos del país caribeño pesan sobre esta vital fuente de divisas.
Alrededor de 1,8 millones de viajeros visitaron la isla en 2025. Es la cifra más baja en más de dos décadas, excluidos los años de la pandemia entre 2020 y 2022, cuando los viajes internacionales estuvieron en gran medida paralizados.
La llegada de visitantes cayó 18 % frente a 2024 y se ubicó 62 % por debajo del récord de 4,7 millones de turistas que la isla recibió en 2018.
“La tormenta perfecta golpeó a Cuba”, dijo Paolo Spadoni, profesor de ciencias sociales en la Universidad de Augusta que estudia la isla y su sector turístico. “Está recibiendo el impacto de factores externos e internos que llegaron en el peor momento posible”.
Incluso antes de la más reciente ofensiva de EE.UU., Cuba estaba en una profunda recesión y en una crisis económica que ha provocado apagones generalizados y escasez de bienes básicos. Con la esperanza de captar divisas, el gobierno invirtió fuertemente en nuevos hoteles que pocos locales pueden pagar y que ahora permanecen en gran medida vacíos.
El año pasado, por ejemplo, abrió en La Habana un hotel de lujo de 42 pisos y 594 habitaciones conocido como Torre K. En ese momento, la ocupación hotelera promedio apenas superaba el 20 % a nivel nacional, según estadísticas oficiales.
El panorama económico de Cuba se volvió aún más sombrío desde el 3 de enero, cuando fuerzas especiales de EE.UU. capturaron al presidente venezolano Nicolás Maduro y cerraron exportaciones clave de combustible desde el país sudamericano hacia su aliado en La Habana. El presidente Donald Trump también amenaza con imponer aranceles a otras naciones que ayuden energéticamente a Cuba.
Incluso los viajeros alojados en resorts de playa administrados por el gobierno —con generadores propios y acceso preferencial a suministros— están sintiendo el impacto.
Krista Craig, de 46 años y oriunda del área de Toronto, viaja a Cuba desde 2018 y regresó nuevamente con su esposo en diciembre. El resort que frecuenta en Cayo Coco, una franja de tierra en la costa norte de la isla, suele estar lleno con unos 350 turistas. Esta vez, había menos de 100. “Pasó de estar siempre lleno a estar prácticamente vacío”, dijo.
En su última visita llevó 85 libras (38,5 kilos) de medicamentos, alimentos y otros bienes solicitados por el personal del hotel. En particular, dijo que necesitaban ungüentos musculares, antibióticos y analgésicos para tratar enfermedades transmitidas por mosquitos que se están propagando en Cuba. Aunque su resort era fumigado con regularidad y no tenía problemas de mosquitos, gran parte del personal dijo que sus familias estaban sufriendo.
Craig contó que tuvo dudas antes de viajar, preocupada porque gran parte de su dinero termina en las arcas del gobierno autoritario. Pero señaló que la gente de la isla fue la razón para regresar.
“Los trabajadores del hotel sostienen a familias extensas y están muy agradecidos con quienes siguen viajando”, dijo. “Apenas llegan a fin de mes y definitivamente no lo harían si el turismo sigue cayendo”.
Canadá sigue siendo la principal fuente de turistas, seguido por cubanos que viven en el exterior y por rusos, informó el gobierno.
Cuba atribuye la caída del turismo a las sanciones económicas de EE.UU., que elevan los costos y dificultan que la isla importe bienes.
En diciembre, el ministro de Economía y Planificación, Joaquín Alonso, dijo a legisladores que se proyectaba que el turismo generaría USD 917 millones en 2025, por debajo del objetivo de USD 1.200 millones. Aun así, la industria es uno de los principales pilares del sector servicios, que representa cerca del 70% del producto interno bruto.
La administración Trump ha hecho más difícil que ciudadanos de EE.UU. viajen a la isla, y políticas migratorias más estrictas hacen que cubanos con residencia permanente sean cautelosos a la hora de regresar a visitar, dijo Spadoni.
Washington también castiga a extranjeros. Los europeos que viajan a Cuba, por ejemplo, quedan excluidos del Sistema Electrónico de Autorización de Viaje, que les permite ingresar a EE.UU. sin una visa tradicional.
La escasez de turismo convierte a Cuba en una excepción regional. Lugares como República Dominicana y Puerto Rico, así como destinos de playa en las Grandes Antillas, informaron recientemente cifras récord de visitantes. Muchas de las islas más pequeñas del Caribe también registran una demanda sólida.
James Hepple, director general de Tourism Analytics, que estudia las tendencias de viajes en el Caribe, dijo que no sorprende que Cuba esté perdiendo frente a sus competidores. “Sus hoteles pueden ser físicamente atractivos y están en playas hermosas, pero el modelo de negocio no funciona”, afirmó.
El ejército controla gran parte de la industria turística, pero ha construido en exceso y enfrenta una fuerte restricción de liquidez, lo que deteriora el mantenimiento de las propiedades y la calidad de los alimentos. “El dinero no entra, no pueden invertir y se genera esta espiral descendente”, dijo.
Quizás más preocupantes, señaló Hepple, son las señales de que el delito menor está aumentando en una isla conocida durante mucho tiempo por su seguridad. “Antes visitabas Cuba y te sentías muy seguro”, dijo. “Ahora eso ya no es así. El delito callejero y el acoso a turistas están aumentando, porque todos necesitan un dólar”.
Darren Toderan, de 63 años y residente en Vancouver, viaja a Cuba desde 1993 y ha hecho amigos en toda la isla. Aunque se aloja en un resort en la costa sur, se esfuerza por visitar a familias en la ciudad y llevarles alimentos, medicamentos y otros suministros. Ha visto cómo pasan días sin electricidad y carecen de casi todo. Al igual que Craig, siempre viaja con provisiones extra para donar.
“¿Quiero apoyar al régimen comunista? No”, dijo. “Pero sin turistas, la población sufre todavía más”.
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