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Groenlandia desata choque comercial: Trump amenaza con aranceles y Europa evalúa represalias

Donald Trump anunció aranceles de hasta 25 % a ocho países europeos por su respaldo a Groenlandia, lo que desató una reunión de urgencia en Bruselas. La UE evalúa represalias por USD 108.000 millones y la activación del instrumento anticoerción.

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Los mercados reaccionan con caídas y mayor aversión al riesgo.
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Foto: Agencia EFE
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Lo que empezó como un nudo de un solo amarre en Groenlandia se transformó en un entramado de capas difíciles de soltar, hasta convertirse en un problema económico entre aliados históricos: Estados Unidos y Europa.

Los Estados miembros de la Unión Europea discuten cómo responder a la última amenaza arancelaria del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien anunció la imposición de un gravamen inicial del 10 % a productos de ocho países europeos a partir del 1 de febrero, con la advertencia de elevarlo al 25 % en junio si no se alcanza un acuerdo relacionado con Groenlandia, territorio semiautónomo bajo soberanía danesa.

Los embajadores de la UE se reunieron de urgencia para evaluar un abanico de opciones que va desde reactivar aranceles de represalia por hasta EUR 93.000 millones (equivalente a USD 108.000 millones) sobre productos estadounidenses, según personas familiarizadas con las conversaciones, hasta recurrir a una herramienta inédita en la práctica europea: el instrumento anticoerción, diseñado para responder a presiones económicas de terceros países.

Para entender la magnitud del debate basta una comparación sencilla. Imponer aranceles por esa magnitud equivale, en términos comerciales, a cerrar de golpe un carril entero del comercio transatlántico.

El Financial Times informó anteriormente sobre las discusiones sobre la reactivación de los aranceles de represalia.

Trump justificó su imposición de aranceles contra los países europeos por el respaldo a Groenlandia frente a sus reiteradas insinuaciones de que Estados Unidos debería “comprar” o incluso controlar el territorio ártico. Entre los países afectados figuran Dinamarca, Alemania, Francia, Reino Unido, Países Bajos, Suecia, Finlandia y Noruega, varios de ellos aliados centrales de Washington dentro de la OTAN.

Groenlandia es estratégica por su ubicación en el Ártico, sus rutas marítimas emergentes y su potencial en minerales críticos, una pieza geopolítica en un tablero donde Estados Unidos, Europa, Rusia y China observan con atención.

La respuesta europea ha sido dura en el tono, aunque cautelosa en la ejecución. El presidente francés Emmanuel Macron calificó la amenaza de “inaceptable” y planteó abiertamente la activación del instrumento anticoerción, una herramienta que permite a la UE responder cuando considera que un socio comercial usa medidas económicas como forma de chantaje político.

Mercados en alerta

El impacto fue inmediato en los mercados financieros. Las bolsas europeas encabezaron las caídas al inicio de la semana, mientras el euro y la libra esterlina se debilitaron frente al dólar. En momentos así, los inversionistas suelen moverse hacia activos considerados refugio, como el yen japonés, el franco suizo o el oro.

“A corto plazo, cualquier escalada inesperada de los aranceles sobre Europa podría desencadenar un episodio clásico de aversión al riesgo, especialmente tras un buen comienzo de año respaldado por un sentimiento constructivo”, afirmó Florian Ielpo, director de investigación macroeconómica de Lombard Odier Asset Management. “En ese escenario, los bonos del Estado podrían beneficiarse, los activos de calidad probablemente obtendrían mejores resultados y el oro podría experimentar una subida”, añadió.

Aranceles, de nuevo al acecho

Hace apenas seis meses, Estados Unidos y la Unión Europea habían sellado un acuerdo comercial que fijaba un arancel estadounidense del 15 % para la mayoría de los productos europeos. Hoy, ese pacto está en suspenso. Legisladores europeos ya plantean congelar su ratificación como señal política frente a Washington.

Más cerca de Estados Unidos, Canadá también está tomando distancia, al acercarse a China en medio de un nuevo orden comercial, en beneficio de un acuerdo que permite la entrada anual de 49.000 vehículos eléctricos chinos con arancel reducido.

Hace menos de dos años, Canadá igualó los aranceles estadounidenses del 100 % sobre los vehículos eléctricos chinos para proteger la industria automovilística norteamericana, lo que provocó represalias arancelarias por parte de China. Luego, Trump llegó al poder, impuso aranceles a los productos canadienses y aplicó impuestos globales a la importación de automóviles, acero y aluminio, lo que afectó de manera especialmente dura a Canadá debido a las cadenas de suministro que cruzan la frontera.

Ninguna economía del Grupo de los Siete tiene unas relaciones comerciales tan unipolares como Canadá, que envía alrededor del 70 % de sus exportaciones a Estados Unidos y obtiene la mayor parte de sus importaciones allí. Carney, antiguo banquero de Goldman Sachs Group Inc., afirma que eso significa que Canadá tiene que duplicar sus exportaciones fuera de Estados Unidos en una década, un objetivo que es prácticamente imposible sin un acuerdo con China, según los expertos.

Para Colombia, aunque el conflicto parezca lejano, Europa es uno de los principales socios comerciales del país (12,6 % de las ventas externas totales, según el DANE) y un deterioro del crecimiento europeo suele traducirse en menor demanda externa, más volatilidad cambiaria y condiciones financieras internacionales más exigentes.

Groenlandia en la lupa

Desde Europa, la lectura fría es que ningún acuerdo con la administración Trump puede considerarse definitivo. Desde Estados Unidos, incluso dentro del propio Partido Republicano, surgieron voces críticas que piden activar la diplomacia en vez de tomar el camino de las amenazas arancelarias.

“Quienes pensaban que el segundo año iba a ser un año de estabilidad arancelaria deben reconocer que se parece mucho al primero”, afirmó Josh Lipsky, presidente de Economía Internacional del Atlantic Council. “Habrá una reacción conjunta. En primer lugar, debido a la unidad de Europa en la cuestión de Groenlandia y, en segundo lugar, debido al alto precio político que Europa ya ha pagado por el acuerdo de Turnberry”.

En Bruselas, la discusión continúa. Algunos gobiernos temen una escalada que termine dañando su propio crecimiento. Otros ven en la crisis un impulso para acelerar la llamada “autonomía estratégica” europea, reducir la dependencia de Estados Unidos y diversificar alianzas comerciales.

Mientras tanto, Groenlandia, con poco más de 56.000 habitantes, se ha convertido en el epicentro de una disputa que combina comercio, seguridad y poder.

Y una vez más, los aranceles funcionan como el lenguaje elegido para decir lo que antes se resolvía con diplomacia.

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