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La presidenta interina de Venezuela, Delcy Rodríguez, impulsa una nueva ley de hidrocarburos con la que busca reactivar la industria petrolera del país y atraer inversión extranjera.
Sin embargo, la iniciativa ha generado rechazos dentro del chavismo, dudas entre inversionistas internacionales y una recepción tibia por parte de Estados Unidos, según informó Bloomberg.
La propuesta intenta responder, al mismo tiempo, a tres frentes distintos: las exigencias de Washington, el interés del capital extranjero y las bases socialistas del oficialismo. Hasta ahora, ninguno de esos grupos parece plenamente satisfecho con el alcance del proyecto.
Rechazo dentro del chavismo y sindicatos
La ley ha provocado una reacción negativa entre aliados políticos de Rodríguez en el Congreso y en sindicatos, que consideran que la iniciativa rompe con el legado del expresidente Hugo Chávez, quien fortaleció el control estatal sobre el sector petrolero.
El grupo socialista Plataforma Ciudadana en Defensa de la Constitución calificó el proyecto como una “entrega sin condiciones de la soberanía nacional” y como una muestra de la “voluntad entreguista de ciertas élites nacionales”.
En la misma línea, William Rodríguez, expresidente de la Comisión de Energía de la Asamblea Nacional, afirmó que la ley “desmantela el control soberano sobre la comercialización de nuestros recursos” y la describió como una medida orientada a “aumentar las ganancias de las corporaciones transnacionales opresoras”.
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Tampoco convence al capital extranjero
Pese a que la reforma busca abrir espacios a la inversión privada, abogados y expertos internacionales advierten que el proyecto no ofrece garantías suficientes para atraer capital a gran escala, en un país donde persiste la falta de reglas legales claras.
“La propuesta es una modificación parcial de la ley vigente, no una reforma integral”, señaló Elisabeth Eljuri, experta en energía con sede en Miami. Según explicó, cambios de este tipo “no representan el marco legal necesario para la inversión internacional”.
El proyecto contempla reducciones fiscales, nuevas estructuras contractuales, la posibilidad de que las empresas comercialicen su propia producción y que las disputas contractuales se resuelvan mediante arbitraje internacional, en lugar de limitarse a los tribunales venezolanos. Aun así, Eljuri advirtió que, sin un Estado de derecho sólido, la inversión seguirá siendo limitada, especialmente por el riesgo de que el Gobierno cambie de postura o revierta la reforma.
La visión de Estados Unidos
La cautela marca la posición de EE. UU. frente a este proyecto. Durante una audiencia en el Senado, el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, señaló que la ley elimina varias restricciones heredadas de la era Chávez, pero consideró que no es suficiente para atraer la inversión necesaria para una apertura profunda del sector.
Rubio reconoció, no obstante, que la propuesta representa “un gran avance respecto a la situación de hace tres semanas”, aunque sin cumplir plenamente las expectativas de la administración del presidente Donald Trump.
La iniciativa ha colocado a Delcy Rodríguez en una posición política poco habitual en Venezuela, donde el partido gobernante suele aprobar sus políticas sin mayor resistencia. En este caso, el Gobierno se ha visto obligado a negociar y hacer concesiones para intentar equilibrar intereses enfrentados.
El proyecto de ley fue aprobado en primera discusión el 22 de enero y aún puede incorporar cambios antes de una segunda y última votación que definiría su conversión en ley. En busca de respaldo, Rodríguez y su hermano Jorge Rodríguez, presidente del Congreso, han recorrido instalaciones de la estatal petrolera en distintas regiones del país.
Algunas pequeñas y medianas empresas locales de servicios petroleros han valorado la propuesta por su potencial para impulsar el empleo.
Para Oswaldo Felizzola, director del Centro de Energía del instituto empresarial IESA, con sede en Caracas, la ley es un “buen comienzo” que podría ayudar a incrementar rápidamente la producción en campos maduros, especialmente aquellos donde es posible sumar barriles en el corto plazo, incluso antes de que termine el año.
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