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El Estado está recaudando más impuestos que hace un año. El problema es que no recauda lo suficiente para cubrir lo que gasta.
A noviembre de 2025, la Dirección de Impuestos y Aduanas Nacionales (DIAN) reportó un recaudo tributario acumulado de COP 277,09 billones, un crecimiento de 11 % frente al mismo periodo de 2024. Pero aun así, faltan más de COP 28 billones para cumplir la meta anual fijada en 305,5 billones, el equivalente a todo lo que el Estado recauda en un mes bueno concentrado en diciembre.
Solo en noviembre, la entidad recaudó COP 27,9 billones, un aumento de 7,6 % en comparación con penúltimo mes de 2024.
El desafío es mayúsculo: para cerrar la brecha, diciembre tendría que romper todos los récords y superar los COP 28 billones. La vara está alta si se mira el pasado reciente: en 2024 apenas se llegó a 17,41 billones, en 2023 a 15,76, en 2022 a 15,17, en 2021 a 13,35, en 2020 a 9,75 y 2019 a 9,89.
La historia muestra que diciembre nunca ha sido tan generoso.
El propio director de la DIAN, Carlos Emilio Betancourt, ya lo había admitido: la meta no se cumpliría y el desfase rondaría los COP 11 billones. De este modo, diciembre cerraría en 17 billones, y el año, en COP 294 billones.
¿De dónde viene la plata que sí entró?
En lo corrido del año, el recaudo se sostiene sobre tres pilares claros:
- Impuesto de renta: COP 93,56 billones (33,8 % del total).
Es la columna vertebral del sistema tributario. Empresas y personas naturales siguen cargando el peso principal.
- Impuestos a las ventas (como el IVA): COP 63,56 billones (22,9 %).
Reflejan consumo, pero también inflación: cuando todo cuesta más, el impuesto también sube.
- Aduanas: COP 46,22 billones (16,7 %).
Aquí está una de las sorpresas del año: más recaudo por importaciones, incluso por encima de lo previsto (subió más de 12 % este año).
Más impuestos, pero un gasto que corre más rápido
Hasta aquí, la historia parece positiva: más recaudo, crecimiento anual de dos dígitos, meses sólidos. El problema aparece cuando se mira el otro lado del balance.
Según el Comité Autónomo de la Regla Fiscal (CARF), el gasto primario del Gobierno Nacional Central alcanzaría en 2025 COP 362,2 billones, cerca del 20 % del PIB. Es decir, el Estado está gastando mucho más rápido de lo que crecen sus ingresos.
Uno de los datos más delicados está en el impuesto de renta. Aunque es el mayor aporte al recaudo, va rezagado frente a lo que exigía el Marco Fiscal de Mediano Plazo (la hoja de ruta fiscal a 10 años).
En contraste, los impuestos externos —aduanas— están por encima de la meta, lo que sugiere que la caja se sostiene más por lo que entra del comercio exterior que por la rentabilidad interna de la economía.
No es una buena señal de largo plazo. Sin contar que parte del recaudo se debe a la autorretención impuesta por adelantado; es decir, menos recaudo potencial en 2026.
El costo invisible: la deuda
Hay otro dato que suele pasar de largo, pero que explica por qué la plata no alcanza.
En septiembre, el 30,5 % del recaudo neto se destinó solo a pagar intereses de la deuda. Hace un año era 28,6 %.
Esto quiere decir que cada 10 pesos que entran al Estado, más de 3 no financian hospitales, carreteras ni educación, sino deudas pasadas.
Además, la deuda bruta del Gobierno llegó al 66 % del PIB, el nivel más alto en la historia reciente, con un componente preocupante: cada vez más deuda de corto plazo, más costosa y más riesgosa.
Desde el informe de junio, la DIAN limitó la transparencia frente a cuánto del recaudo se dirige al pago de la deuda.
Por ahora, la diferencia de COP 11 billones frente a la meta de 305 billones será un lastre para 2026, que ya suma una emergencia económica para cumplir con el presupuesto de este año, que se descalza en COP 16 billones tras la caída de la tributaria en el Congreso.
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