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Donald Trump no fue a Davos a reconciliarse con el consenso. Fue a desafiarlo. Aun más de lo que fue el año pasado. Su intervención en el Foro Económico Mundial no tuvo el tono conciliador que suele dominar el encuentro, sino el de un líder que regresa al centro del poder con la idea de que la economía global debe adaptarse a Estados Unidos, no al revés.
Desde el escenario alpino, Trump habló de comercio, aranceles, energía, inflación, tasas de interés, geopolítica y del papel de Estados Unidos en el mundo. Trump puso bandera en su idea proteccionista y transaccional basada en la primacía nacional.
El episodio más visible fue el de Groenlandia. Trump anunció que se abstendría de imponer aranceles a productos europeos que estaban programados para entrar en vigor el 1 de febrero, luego de lo que describió como un “acuerdo marco para el futuro” sobre la isla y, más ampliamente, sobre la región ártica.
El anuncio llegó tras una reunión con el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, y supuso un viraje frente a una amenaza explícita: días antes, Trump había planteado aranceles del 10 % a productos de ocho países europeos, con una escalada hasta 25 % en junio, si no había avances sobre Groenlandia.
Los mercados reaccionaron de inmediato.
- El S&P 500 subió 1,2 %, su mayor avance desde noviembre.
- El Nasdaq 100 alcanzó máximos de la sesión.
- El rendimiento del bono del Tesoro a 10 años cayó a 4,25 %.
- El índice Bloomberg del dólar tocó su máximo diario.
Los inversores interpretaron el anuncio como un freno, al menos temporal, a una nueva escalada arancelaria.
Pero el contenido del acuerdo quedó envuelto en ambigüedad. Trump no detalló sus términos. Dinamarca descartó negociaciones sobre la cesión de la isla. Axios informó que el marco incluiría el respeto a la soberanía danesa, mientras que The New York Times reveló discusiones dentro de la OTAN sobre posibles concesiones territoriales limitadas a Estados Unidos.
Trump, fiel a su estilo, mantuvo el suspenso: habló de un acuerdo “infinito”, “a largo plazo” y “definitivo”, sin precisar si implicaría control territorial, derechos mineros o solo cooperación estratégica.
Aranceles congelados y la “Cúpula Dorada”
La amenaza de Trump a Europa empujó al bloque a poner sobre la mesa el Instrumento Anticoerción Económica, conocido en Bruselas como la “bazuca comercial”, el mecanismo más duro que ha diseñado la UE para responder cuando otro país usa el comercio como presión política. La UE evaluó represalias por USD 108.000 millones y la activación del instrumento anticoerción. Por ahora, están congeladas.
Sin embargo, Trump insistió en los ejes estratégicos de Groenlandia: seguridad frente a Rusia y China, producción energética y minerales críticos y defensa antimisiles (especialmente bajo el proyecto “Cúpula Dorada”).
El escudo, según el, costaría unos USD 175.000 millones, aunque análisis de Bloomberg lo elevan hasta USD 1,1 billones, al incluir tecnología espacial aún no probada.
Canadá y la economía como palanca
Tras el discurso del primer ministro canadiense, Mark Carney, quien declaró en Davos que el “orden internacional basado en normas está muerto”, Trump respondió: “Canadá vive gracias a Estados Unidos”.
Carney había advertido que las grandes potencias están usando la integración económica como coerción, tanto de aranceles como palancas, infraestructura financiera como presión y cadenas de suministros como un grifo que abren y cierran a su antojo.
El primer ministro canadiense insistió en la necesidad de firmar acuerdos limitados con China y aumentar el gasto en defensa, mientras que Trump reafirmó que el acceso al mercado estadounidense reincide en un cambio de alineamiento.
La Reserva Federal: presión directa al corazón monetario
Uno de los momentos más inquietantes de Davos fue la ofensiva verbal de Trump contra Jerome Powell, presidente de la Reserva Federal.
Trump dejó claro que no quiere que Powell mantenga influencia más allá de su mandato como presidente, que termina en mayo, y lanzó una advertencia personal: “Si eso ocurre, su vida no será muy, muy feliz”. La amenaza se suma a la de hace unos días, cuando dijo que no quería verlo en el tribunal que investiga a Lisa Cook, gobernadora de la Reserva Federal, por presión de la administración Trump.
Trump ha intensificado su presión sobre la Fed, incluyendo citaciones relacionadas con la renovación de su sede en Washington. Powell respondió denunciando “presión política”, alimentando especulaciones sobre si permanecerá como gobernador hasta 2028.
Trump confirmó que la búsqueda de un nuevo presidente de la Fed está avanzada. Los nombres que circulan:
- Rick Rieder, de BlackRock.
- Kevin Hassett, director del Consejo Económico Nacional.
- Christopher Waller, gobernador de la Fed.
- Kevin Warsh, exgobernador.
Trump insinuó que ya tiene un favorito. El mercado, por ahora, observa con cautela: la independencia del banco central sigue siendo uno de los pilares de la confianza financiera global.
Davos a pocas horas del remolino
Trump congeló aranceles, pero no deslegitimó un método que ya había acordado sellar con la Unión Europea desde julio de 2025. Defendió la integración de la OTAN, pero presionó con condiciones militares. Habló de reglas, pero con el velo de la incertidumbre en qué pasará con Groenlandia.
El Foro terminó con los mercados más tranquilos, sí, pero con los gobiernos más alertas.
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