Sandra Patricia Cárdenas lleva 35 años enseñando matemáticas y física en colegios públicos y privados de Medellín. Sus clases suelen mantener algo que ahora es cada vez menos común: orden. En conversaciones con colegas de diferentes instituciones de la ciudad ha notado que hay una pregunta cada vez más frecuente: ¿qué hacer para que los estudiantes se porten bien?
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“Hablaba estos días con un compañero que me contaba que pasa casi toda la clase pidiendo orden. En un salón se ven niñas maquillando a otras, niños peinando a otros, utilizando el celular… En fin, haciendo de todo menos prestar atención”, sostiene.
Lo que menciona no es solo una opinión personal. Recientemente, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) publicó los resultados del Estudio Internacional sobre la Enseñanza y el Aprendizaje, TALIS, por sus siglas en inglés, donde mostró, entre otras cosas, que los profesores ahora pasan más tiempo manteniendo el orden en sus clases que hace seis años.
En el caso de Colombia, por ejemplo, el 12 % del profesorado declara perder bastante tiempo porque los alumnos interrumpen las clases (una cifra inferior a la media, que es del 18 %). Esto quiere decir que, por una hora de clase, los profesores dedican casi once minutos a mantener el orden; esto corresponde al 18 % de tiempo, y es una cifra superior al promedio global, que está en el 15 %.
Estos datos muestran un aumento en comparación con 2018, cuando se lanzó el primer informe TALIS. En esta segunda edición, donde consultaron a 280.000 educadores de 55 sistemas educativos en diferentes países, la OCDE menciona que entre 2018 y 2024, la proporción del tiempo de clase dedicado a mantener el orden aumentó 2 puntos porcentuales, pero en Colombia aumentó 5 puntos.
Aunque el informe no ahonda en las razones, para Cárdenas, que lo evidencia a diario, hay varios factores que están influyendo en el comportamiento de los estudiantes. “Muchos son niños huérfanos de padres vivos, eso quiere decir que tienen a sus papás, pero no hay acompañamiento porque argumentan, principalmente, que están trabajando”. También señala la influencia que han tenido las pantallas. “Ahora les cuesta mucho más concentrarse en una sola cosa porque cuando están en los celulares cambian de redes sociales y de contenido cuando quieren”, agrega la docente.
Pese a esto, la relación entre profesores y estudiantes es buena. El 97 % de los docentes del país está de acuerdo o muy de acuerdo en que suelen llevarse bien con los alumnos. Sin embargo, el comportamiento sí podría afectar otra cosa: el número de docentes que abandonan la profesión, según la OCDE.
“El personal que informa más estrés también tiene más probabilidades de considerar dejar el puesto por un trabajo diferente que no esté en el sector”, señala el informe de la OCDE. Este fue el caso de Diana*, licenciada en filosofía con especialización en gerencia educativa y proyectos, quien después de 25 años como profesora decidió hacer un alto en el camino el año pasado.
“Las circunstancias actuales y las exigencias del contexto educativo en Colombia afectan la salud emocional de los docentes, y con 25 años de labor educativa a punto de jubilarme, estoy priorizando mi bienestar tanto físico como emocional”, dice la docente.
Casos como el de Diana son especialmente inquietantes si se tiene en cuenta que, según la Unesco, se necesitarán 44 millones de profesores adicionales para 2030. Para el caso de América Latina, la cifra es de 3,2 millones de docentes. A esto se suma que, en 2015, la tasa de abandono de profesores era del 4,6 %, y a mediados del año pasado aumentó a cerca del 9 %. Pero el comportamiento de los estudiantes no es la única razón.
Las fuentes de estrés
Según el informe de la OCDE, en Colombia, las fuentes de estrés que más reportan los docentes son ser responsable del rendimiento estudiantil (34 %), mantener la disciplina en el aula (31 %) y tener demasiado trabajo administrativo qué hacer (31 %). A nivel global, son diferentes: tener demasiadas tareas que hacer al mismo tiempo; los deberes adicionales debido a la ausencia del personal, particularmente en entornos para niños menores de 3 años; y acomodar a niños con necesidades educativas especiales, particularmente en entornos preescolares.
“Algo que pasa sobre todo en las instituciones privadas es que los docentes deben llevar trabajo a casa. En sus horarios académicos tienen asignadas una o dos horas para trabajos pedagógicos, como calificar evaluaciones, talleres y otras actividades, pero estas suelen ser ocupadas para reemplazar a los docentes que faltan”, resalta la licenciada en filosofía.
A pesar de estos casos, el informe destaca algo: nueve de cada diez docentes afirman estar satisfechos con su trabajo en general. “La educación y el cuidado de la primera infancia (ECIC) tienen el potencial de abordar diversos objetivos; sin embargo, para aprovechar al máximo su potencial se requiere una fuerza laboral capacitada y motivada”, señala el informe TALIS.
Por esto, una de las recomendaciones que hace la OCDE para los tomadores de decisiones es elevar los incentivos de la profesión asegurando que los salarios del personal estén alineados con sus responsabilidades. Sobre las ausencias de profesores, lo que sugiere el informe es que haya políticas que puedan garantizar que las ausencias no interrumpan el trabajo, por ejemplo, desarrollando grupos de personal de reemplazo y una asignación mejor o más flexible de los recursos humanos en las instituciones.
*El nombre se cambió a petición de la fuente.
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