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5 Apr 2022 - 2:01 a. m.

Guía para hablar con sus hijos e hijas de acoso y abuso

Psicólogas infantiles dan pautas sobre cómo tratar el tema. Observar el comportamiento y reiterar mensajes de protección, algunas de las claves.
Paula Casas Mogollón

Paula Casas Mogollón

Medio Ambiente, Ciencia, Salud y Educación.
Guía para hablar con sus hijos e hijas de acoso y abuso
Foto: Jonathan Bejarano - El Espectador - Jonathan Bejarano - El Espectador

Siguen surgiendo denuncias de estudiantes de colegios, víctimas de presunto abuso sexual o acoso psicológico en el país. El tema alerta a más de un padre o madre, pero al tratarlo con sus hijos se enfrentan a una serie de dudas: ¿qué lenguaje usar?, ¿a qué edad es conveniente hacerlo?, o, ¿cuáles son las señales de alarma? Aquí le entregamos una guía para orientar la conversación.

📚 (Lea: Abuso en entornos escolares, una materia que sigue pendiente)

Lo primero, dice Angélica Cuenca, secretaria ejecutiva de la Alianza por la Niñez, es que desde pequeños es importante hablarles a los niños sobre su sexualidad. “Con cosas sencillas, como los órganos sexuales, pero llamándolos por sus nombres: pene y vagina. Tienen que entender un lenguaje claro”. Una puerta para abrir el diálogo es la hora del baño. Si su hijo le señala una parte del cuerpo, responda con su nombre. Ese es buen momento para hablar sobre qué partes del cuerpo son privadas.

Mayo Clinic, en Estados Unidos, sugiere que cuando hagan preguntas sobre el cuerpo de sus padres no se rían ni sientan vergüenza. “Ofrezca respuestas directas y apropiadas para su edad. Si su hijo quiere saber más, preguntará”, añade. Una de las preguntas más comunes es por qué tienes pelo ahí abajo. Por lo general, la simplicidad funciona. Podría decir que nuestros cuerpos cambian cuando crecemos y, si quiere más detalle, añada que a los niños les crece pelo cerca del pene y a las niñas, cerca de la vagina.

El Instituto de Bienestar Familiar (ICBF), por su parte, recomienda validar la inquietud e identificar qué es lo que quiere saber y por qué. Frente a las preguntas complejas, aconseja reiterar que es una pregunta interesante y que va a consultar. “Esta estrategia da tiempo para una respuesta acertada”, puntualiza. La entidad recomienda, ante cualquier inquietud, “no condenar las dudas de los niños. Por ningún motivo hay que decirles que eso no se cuestiona, que está muy pequeño para preguntar eso o que es un tema de adultos”.

Otra de las medidas es en torno al autocuidado. Preguntarle al niño o a la niña si está incómodo con alguien y respetar si no le gusta saludar a otros de beso y abrazo, por ejemplo. El secreto, señala Isabel Cuadros, psiquiatra y directora de la Asociación Afecto, es entablar la confianza. “La mejor forma de comunicarse con ellos consiste en un diálogo constante, para saber cómo están, no solo para descartar que estén siendo víctimas de abuso. Si tengo un hijo y me la paso regañándolo, nunca le preguntó cómo está y solo le pregunto si alguien le ha tocado, pues no tendrá confianza para contarme”.

Hay otro asunto clave: hay secretos que no se pueden guardar. Enseñarles que hay secretos buenos y malos. Uno bueno es el que busca sorprender a alguien y hacerlo feliz, como un regalo sorpresa que le tienen a su abuela por el cumpleaños. Los secretos malos “generan miedo y, por lo general, están condicionados: si cuentas, no te traigo más dulces o todos se pondrán bravos contigo”, aclara Cuenca.

📐 (Puede leer: ¿Cómo no repetir los errores en el caso de abuso en el Marymount?)

Hablando de los secretos, se puede integrar el concepto del mal, aprovechando el valor pedagógico de los villanos de los cuentos o dibujos animados. “Ayuda a explicar sobre cómo, independiente de lo amigables que puedan parecer algunas personas, a veces, tienden a ganarse nuestra confianza o se valen de engaños y amenazas para hacernos daño”, dice el ICBF.

Las señales de alerta

Carolina Morales Arias, profesora de la Facultad de Psicología de la Universidad Javeriana, da señales para identificar si su hijo es víctima de abuso. “Cada niño está en un momento distinto de su desarrollo y tiene diversas formas de manifestar lo que pasa”, anota. Si tiene dos años no va a contar con palabras que algo le está pasando. Probablemente los cambios están en modificaciones en su comportamiento.

Entre estos pueden estar el retroceso en su desarrollo, como en el control de esfínteres. Si deja de hacerlo, podría ser una muestra de que algo no marcha bien. También su comportamiento se altera en situaciones anímicas, problemas en la alimentación, modificaciones en el sueño, se vuelve intranquilo o con mucho miedo a dormir en la cama solos, entre otros. “Las manifestaciones sexuales explícitas, como tocarse mucho públicamente, podría leerse como un indicador de que algo pudiera estar pasando. Al igual que mostrar temor, prevención o rechazo hacía personas o lugares”, añade.

Adriana Martínez, psicóloga y magíster en rehabilitación neuropsicológica y estimulación cognitiva, indica que hay otros signosrelacionados con las reacciones del cuerpo, cuando está en amenaza y que pueden ser útiles. En ese momento, añade, se presentan una serie de señales de defensa la víctima experimenta cambios: “Libera adrenalina para enfrentarse al riesgo, y cortisol -que es la hormona del estrés-, el corazón late más rápido, los pulmones reciben más aire y de ahí la hiperventilación”, comenta.

💻 (Lea también: Acoso sexual: ¿Por qué no sabemos enfrentarlo en los colegios?)

¿Cómo hablar con los niños y las niñas que fueron víctimas?

Una vez se reconozcan algunos cambios en el comportamiento de los niños y de las niñas, Cuadros explica que la comunicación es clave para comprobar si ha sido o no víctima de algún tipo de acoso o abuso. “Una manera es haciéndoles preguntas sobre si en el colegio hay cosas que le preocupan sobre sus otros compañeros, si les han contado cómo los tratan sus papás”, apunta Morales. Otra estrategia es aprovechar los escenarios de una película o una serie. “Si ve que están tratando un tema que conecta con asuntos de abuso o acoso, pregúntele qué piensa, si conoce a alguien que le haya pasado”, agrega.

La hora del juego también es buen momento para conocer lo que siente su hijo. Cuenca señala que, con los muñecos, se puede recrear una situación para saber si ha sido víctima de abuso, siempre usando un lenguaje apropiado para la edad. “Vemos que nuestro hijo llega diciendo que no quiere regresar al colegio. Inventamos un personaje y recreamos la situación antes de ese momento, de los días que era feliz allí, para llegar a ese punto en el que no quiere volver”, señala Cuenca. Al ver la reacción, se le pregunta qué ha pasado, si se siente identificado o si conoce a alguien que pueda estar viviendo esa situación.

En muchos casos se reacciona tarde o se cree que los niños están exagerando o están mintiendo, por eso, dice Cuadros, es fundamental creerles. “No tienen la capacidad de inventarse un abuso sexual, porque no tienen una experiencia y una vivencia tan clara de una relación sexual. No tienen elementos para crear en su cabeza algo que desconocen totalmente”, asegura. Una vez el niño tenga la confianza de explicar lo que está pasando, dice Cuenca, es necesario conversar con calma, así los padres se angustien. “No es bueno transmitir la angustia, porque van a decir, ‘puse mal a mi mamá o a mi papá’, yo mejor no le vuelvo a hablar de ese tema”.

Con la calma, también se les debe transmitir a los niños confianza para que no sientan temor, de que alguien les vaya a hacer daño. Reiterarles que ustedes, los adultos, están ahí para protegerlos, para acompañarlos y para guiarlos. “El objetivo es que no sientan que el presunto abusador los amenaza. No se sientan cortados a decir información, porque ellos, por el amor que nos tienen, prefieren callar la situación”, aclara Cuenca, quien recomienda contar siempre con la orientación de algún psicólogo para evitar secuelas.

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Abuso sexual, acoso sexual y psicológico, ¿cuál es la diferencia?

Es clave entender qué se entiende como acoso psicológico, acoso sexual y abuso sexual. El psicológico, explica Martínez, es un ataque físico, verbal o psicológico reiterado, generando alto impacto en las víctimas. No está ligado a la defensa personal ni a la supervivencia y, generalmente, aparece cuando hay un deseo de superioridad y se ejecuta bajo un disfrute personal. “Es, por ejemplo, cuando constantemente se burlan de un niño o niña por su peso, le dicen que es gordo, que ´ahí está pasando una vaca´”, comenta. En la ley colombiana no hay algo que se llame acoso psicológico, sino que está bajo el concepto del acoso sexual.

El acoso sexual, de acuerdo con el artículo 210-A, artículo adicionado en el artículo 29 de la ley 1257 de 2008, es “cuando una persona, en beneficio suyo o de un tercero, y valiéndose de su superioridad manifiesta o relaciones de autoridad, o de poder, y acose, persiga, hostigue o asedie física o verbalmente, con fines sexuales no consentidos, a otro. De ser hallado culpable, incurrirá en prisión de uno a tres años”. El abuso sexual infantil, señala la organización Save The Children, es forzarle, por ejemplo, a tocar los genitales de otro o hacerlo él mismo, con el objetivo de que el otro se excite; hacer que pose desnudo para una fotografía; mostrarle material sexual; decirle a un menor que se desnude sin su consentimiento o mostrarse sin ropa delante de él.

Helena Hernández, jueza penal, aclara que cuando se habla de abuso sexual es porque se está ante un delito sexual, en el que no media la violencia, sino el aprovechamiento. “Por ejemplo, actos sexuales con una niña de 13 años es que el tío le toque sus partes íntimas, aprovechando que ella cree que eso es normal”, cuenta. En Colombia, los actos sexuales abusivos son: acceso carnal abusivo con menor de 14 años (con prisión de 12 a 20 años), actos sexuales con menor de 14 años o en su presencia o que la induzca a prácticas sexuales (con prisión de nueve a 13 años) y acceso carnal o acto sexual abusivos incapaz de resistir, que es cuando acceden carnalmente a una persona en estado de inconsciencia o que padezca trastorno mental o que esté en incapacidad de resistir (con prisión de 12 a 20 años).

A pesar de que todos los colegios deberían contar con una ruta de denuncia y un protocolo de atención, Hernández reitera que es fundamental instaurar la denuncia ante la Fiscalía, aunque la mayoría de casos de delitos sexuales no prosperan. “Es por inoperancia de la Fiscalía. Los delitos más antiguos en mi despacho son sexuales y con víctimas menores. Lamentablemente no son prioridad en la Fiscalía”, dice. Al no ser tratados con prioridad, se desencadena otro problema: al tardar tanto, cuando llega la práctica probatoria, es muy tarde. “Algunos no quieren ir, no recuerdan, se retractan, ya no se encuentran. Eso inevitablemente llevará a una absolución y a la impunidad”, señala.

📝 (Lea también: Acoso sexual en Uber, Didi, Cabify e InDriver. ¿Quién los vigila?)

Todas las psicólogas y especialistas en temas de infancia y adolescencia consultadas para esta guía señalan que, más que una receta para tratar estos casos, la clave es entender cómo es mi hijo o mi hija y comprender cuándo hay cambios bruscos en su comportamiento. “Es tratar de indagar qué está pasando y reforzar ese mensaje de tú estás aquí, yo te cuido, yo te protejo. Dime lo que está pasando”, concluye Cuenca.

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