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A Cecilia Murillo le dijeron toda su vida que no se podía dedicar a la moda. Le resaltaron que su color de piel, su género y su discapacidad (nació con un problema en el desarrollo de su pierna izquierda) eran obstáculos para alcanzar su sueño. “Chechy”, como es conocida, decidió ignorar esos comentarios y viajar a Medellín. “Llegué en 2011 con una muleta en una mano y, en la otra, una maleta. No me alcanzaba para mucho, pero era lo suficiente para cumplir mis metas”, recordó ayer, mientras se miraba una última vez en el espejo para acomodarse su traje, bordado a mano. Estaba próxima a subir a la tarima del Teatro Cafam, con otras 30 finalistas al premio Mujer Cafam.
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Luego de un poco más de tres horas de ceremonia, el teatro quedó en silencio. Proyectaron un video en el que describieron la labor que ella ha desempeñado con su Fundación Moda y Flores, con la que impulsa procesos de empoderamiento integral para mujeres, personas con discapacidad y población vulnerable, por medio de la moda. “Chechy hizo de la moda un propósito social”, fueron las palabras con las que la presentaron.
Con una falda larga de satín morada, una chaqueta azul bordada con algunos animales característicos de Colombia, como el jaguar, y un par de muletas púrpuras, pasó al frente para recibir el galardón que la reconoció como la Mujer Cafam 2026. Empezó su discurso agradeciendo a la organización y a las fundaciones que la han acompañado durante estos años; luego, dijo que estar parada en esa tarima “era impensable hace 15 años que llegué a Medellín. Hace 15 años no tenía cómo pagar el arriendo o un transporte, pero encontré mi propósito de vida, que es servir”.
Hizo una pausa, dejó caer un par de lágrimas y contó que su discapacidad la enfrentó a muchos retos y bullying. Pero, “no he llorado por lo que no tengo; valoro y disfruto lo que tengo. Lo entendí después de una transformación del ser”. El reconocimiento y amor por su discapacidad, añadió, fue el punto de partida que la llevó a crear su emprendimiento con el que, hasta la fecha, ha beneficiado a 3.490 personas y visibilizado a 1.050 emprendimientos.
“Hoy lloro de felicidad por entender que muchas veces decían la de las florecitas, minimizando un poco la labor. La de las florecitas ha logrado impactar la vida de más de 30 mil personas a través de sus emprendimientos. No es solo moda, es creatividad”, aseguró y después le dedicó el reconocimiento a las otras mujeres nominadas.
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Después de recibir el galardón, explicó cuáles son los ejes que guían su fundación. El primero es el empoderamiento y liderazgo. “Si nosotros estamos bien interiormente, lo vamos a proyectar exteriormente desde el emprendimiento o la empleabilidad”. El segundo es el emprendimiento y, el tercero, el artesanal. “Estamos trabajando con un laboratorio creativo, que, por ahora, no cuenta con un punto físico, sino que en cada territorio va cambiando”. Por eso, agregó, es tan importante contar con el reconocimiento de Cafam, que le entrega COP 25 millones y la posibilidad de tener un espacio físico.
Una historia impulsada por la moda
En Medellín, Chechy empezó a trabajar con el programa Tejiendo Historia, enfocado en personas con discapacidad, madres, cabezas de hogar y cuidadores. “Hacíamos todo un tema artesanal, trabajando para las empresas del sector de la ropa interior y los accesorios”, le explicó a este diario. Mientras estaba en la iniciativa, empezó a estudiar cursos relacionados con el emprendimiento. En su mapa de sueños, que elaboró cuando era pequeña en su cuarto en Apartadó (Antioquia), tenía escrito que quería hacer un emprendimiento relacionado con la moda.
“Desde pequeña siempre la moda estuvo presente. Creaba mis trajes, iba a donde la modista y elaborábamos varias piezas”. De hecho, su primer emprendimiento se basó en viajar a Medellín, conocida por ser la capital de la moda, para comprar ropa, llevarla a Apartadó y venderla entre sus amigas. “Me compraban sobre todo aquellas que estaban en el sector financiero. También las asesoraba en la forma de vestirse, pero siempre inculcando que teníamos que tener un amor propio”, aseguró.
Ese primer emprendimiento llevó a que sus amigas le sugirieran que se dedicara a la moda. Sabían que ese sería el camino que le abriría muchas puertas. “Aunque siempre fui muy apasionada por estos temas, soy una mujer afro y con discapacidad; eso en mi época era impensable”, recordó. Como su familia no conocía muy bien el campo de los emprendimientos, al comienzo le dijeron que no se fuera para Medellín.
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“Mi mamá me decía que mejor me devolviera”, agregó. Chechy, sin embargo, siguió con su idea adelante y hoy, con el galardón en su mano, se lo dedica a su mamá. “Yo le decía que me ayudara, que iba a salir adelante. Ahora, ella le apuesta a todo este proceso y participa activamente de todos los procesos de la fundación”.
En 2015 fue la primera pasarela inclusiva de la Fundación Moda y Flores y, desde entonces, no ha parado de apostarle a la moda como una herramienta para transformar la sociedad.
Hoy, como Mujer Cafam 2026, envía un mensaje a las otras mujeres y las invita a “tener un amor propio, a encontrar nuestro propósito de vida y ponerle amor y pasión”.
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