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Cada vez que se publican los resultados de PISA, la conversación termina concentrándose en el mismo lugar: qué puesto ocupa Colombia y cuántos puntos obtuvo. Pero PISA 2025 revela algo quizás más preocupante sobre lo que ocurre dentro de las aulas y sobre la manera como nuestros jóvenes se relacionan con el aprendizaje. Más allá de los puntajes, hay al menos diez señales que deberíamos mirar.
La primera señal es inquietante: a los estudiantes colombianos les resulta menos atractivo aprender. Entre 2022 y 2025 aumentó la percepción de que aprender cosas nuevas es aburrido. No es un fenómeno exclusivo de Colombia: este indicador empeoró en 60 sistemas educativos y no mejoró en ninguno.
La segunda es la crisis de atención. Colombia aparece entre los países con alta distracción por dispositivos digitales durante las clases. PISA encuentra, además, que la distracción digital se relaciona negativamente no solo con el desempeño, sino con la curiosidad, la perseverancia, la capacidad de fijarse metas y el sentido de pertenencia al colegio.
Tercera: el celular ya compite con el profesor por la atención de los estudiantes. El problema no es utilizar tecnología. PISA encuentra que un uso moderado con propósitos educativos puede estar asociado con mejores resultados. El problema aparece cuando los dispositivos se utilizan para entretenimiento durante la jornada escolar: más de una hora diaria de uso recreativo está consistentemente asociada con menor desempeño.
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Cuarta: mientras muchos sistemas educativos están reaccionando, Colombia todavía necesita reglas mucho más claras sobre los celulares en el colegio. Casi la mitad de los estudiantes de la OCDE ya estudia en instituciones donde estos no están permitidos, frente al 34% en 2022. Los colegios con prohibiciones o reglas específicas reportan menos distracción. No demuestra que prohibir el celular, por sí solo, aumente el aprendizaje, pero sí que ayuda a recuperar algo escaso y fundamental: la atención.
Quinta: la inteligencia artificial ya llegó a las tareas escolares antes que la regulación. En 2025 la mayoría de los estudiantes de muchos países ya utilizaba chatbots de IA para trabajos académicos. Colombia está entre los países donde su utilización es extendida. El hallazgo más interesante es que PISA no encuentra que más IA signifique automáticamente más aprendizaje: quienes no la utilizan para ciertas tareas específicas suelen obtener mejores resultados que quienes sí lo hacen.
Sexta: aparece una nueva desigualdad, la brecha en alfabetización en IA. Los estudiantes que utilizan IA para aprender y que en el colegio reciben formación para evaluar críticamente la calidad de sus respuestas obtienen resultados ligeramente mejores. Pero esas oportunidades son más frecuentes entre los estudiantes socioeconómicamente favorecidos. Ya no basta, entonces, con discutir quién tiene acceso a la tecnología. La nueva brecha será entre quienes saben utilizar la IA para aprender y quienes simplemente la utilizan para obtener respuestas.
Séptima: Colombia continúa teniendo un problema de infraestructura digital de calidad. El país aparece entre los sistemas donde una alta proporción de estudiantes estudia en colegios cuyos rectores consideran que la falta, insuficiencia o mala calidad de los recursos digitales limita su capacidad de enseñar. Y PISA advierte que estas carencias son mayores en colegios públicos y socioeconómicamente desfavorecidos.
Octava: los estudiantes están dedicando menos tiempo a las tareas. En promedio en la OCDE, el tiempo destinado a ellas cayó 11% desde 2022, hasta 1,4 horas diarias. Más tarea no significa necesariamente más aprendizaje, pero PISA encuentra algo interesante: el tiempo dedicado a ella está positivamente relacionado con curiosidad, perseverancia y capacidad de establecer metas.
Novena: la familia está acompañando menos el aprendizaje. En prácticamente todos los sistemas con información comparable disminuyó el apoyo familiar desde 2022, especialmente entre hombres y estudiantes desfavorecidos. Y lo que parece importar no es que los padres hagan las tareas, sino algo mucho más sencillo: interesarse por lo que sus hijos están aprendiendo cotidianamente.
Y décima: faltar a clase importa mucho más de lo que solemos admitir. PISA encuentra una relación negativa muy consistente entre ausentismo y desempeño, curiosidad, perseverancia, autorregulación y sentido de pertenencia. Colombia aparece entre los países donde faltar a una clase o un día de colegio está asociado con menores resultados incluso después de considerar las diferencias socioeconómicas. El ausentismo debería dejar de verse únicamente como un asunto disciplinario y convertirse en una alerta temprana de desvinculación educativa.
Estas diez señales cuentan una historia más profunda que cualquier ranking. El problema no es solamente cuánto están aprendiendo nuestros estudiantes, sino que se están debilitando algunas de las condiciones necesarias para aprender: atención, curiosidad, perseverancia y esfuerzo.
La pregunta que deja PISA es, entonces, mucho más incómoda que saber en qué puesto quedó Colombia: ¿cómo logramos que nuestros jóvenes vuelvan a querer aprender y estén dispuestos a hacer el esfuerzo que aprender exige?
*Decana, Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas de la Universidad Javeriana
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