Instagram (de propiedad de Meta) y YouTube (de Google) tienen un “defecto” en su diseño que las hace adictivas, sobre todo para niños, niñas y adolescentes. Así lo determinó un jurado de Los Ángeles, Estados Unidos, en un caso histórico presentado por una mujer conocida como KGM contra estas plataformas, que ahora tendrán que pagar una indemnización de USD 3 millones. “Celebro que haya pasado ese juicio que, por supuesto, es apenas uno de un montón que comenzarán a ocurrir en el futuro”, dice Germán Casas, especialista en psiquiatría de niños y adolescentes. Para Casas, es clave que los desarrolladores tecnológicos admitan que tienen una “culpabilidad”, “pues cuentan con una serie de herramientas (como sus algoritmos) para obtener más usuarios y que estén más pegados a esa tecnología”.
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Una opinión similar comparte Cristina Escobar Correa, directora de Protección Infantil de RedPapaz, una organización que aboga por la protección de los derechos de menores de 18 años y que ha liderado peticiones para endurecer la regulación en Colombia. A los ojos de Escobar, la sentencia sienta un precedente que le muestra a las plataformas que “hay consecuencias legales y una responsabilidad concreta por su diseño y funcionamiento”. En su opinión, esta sentencia pone sobre la mesa un debate que considera interesante: “envía un mensaje claro de que no se debe priorizar el engagement (entendido como la capacidad de captar y retener la atención del usuario) por encima de la seguridad de los niños, niñas y adolescentes”.
Entre los argumentos presentados por KGM, de 20 años, está el tiempo que comenzó a pasar en su celular para consumir contenidos en Instagram, llegando a estar hasta 16 horas al día. Asegura que empezó a usar YouTube a los seis años e Instagram a los nueve, y que, además de generar una adicción, el algoritmo contribuyó a su ansiedad, depresión, dismorfia corporal e ideación suicida.
Estos efectos, defendía en el juicio su abogado Mark Lanier, se deben al diseño de estas redes sociales, que, por medio del scroll infinito, hacen que sean más adictivas para los niños y niñas, lo que a su vez, decía el abogado, aumenta sus ganancias. “Se debe a que activan el sistema de recompensa”, explica Escobar.
Lanier también comentaba que, en gran medida, empresas como Meta y Google se habían inspirado para elaborar sus algoritmos en las técnicas conductuales y neurobiológicas que eran empleadas por algunas máquinas tragamonedas y explotadas por la industria tabacalera para maximizar la participación de los adolescentes y aumentar sus ingresos. “Estas empresas construyeron máquinas diseñadas para crear adicción en los cerebros de los niños y nilas, y lo hicieron a propósito”, indicaba el abogado haciendo referencia a uno de los memorandos de YouTube que se conoció durante el juicio, donde la empresa describía la “adicción del espectador” como uno de sus objetivos.
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El abogado de YouTube, por su parte, se defendió anotando que en el historial médico de KGM no había ni una sola mención de adicción a YouTube. Entonces, la pregunta en este punto es: ¿cuándo se puede comenzar a hablar de adicción a las redes sociales? Lo primero que aclara Casas, profesor de Psiquiatría y Pediatría en la Facultad de Medicina de la Universidad de Los Andes, es que no se puede satanizar la tecnología, sobre todo porque hay algunas plataformas que son herramientas educativas; por eso, añade, lo importante es entender cuál es la tecnología que provoca adicción. “No es buena la que genera un estímulo mecánico, que aumenta los niveles de dopamina en el cerebro y, por lo tanto, los niños y niñas se acostumbran más”, añade.
Hasta ahora, las investigaciones y estudios que se han realizado sobre este tema han definido esta adicción a las redes sociales como la incapacidad de una persona para resistir la tentación de utilizar internet, lo que puede tener efectos negativos en su bienestar psicológico, así como en su vida social, académica y profesional. Y, como anota Nancy Martínez León, directora del consultorio de Psicología de la Universidad El BosqueReR, las redes sociales tienen muchos elementos que se cree que facilitan precisamente una adicción.
Uno de los factores, por ejemplo, es el aislamiento de las personas. También está la forma en la que funcionan sus algoritmos, que tienen estudiados a los usuarios y les comparten contenido que les interesa o que están consultando para generar un scroll infinito y provocar una falsa sensación de “quitar momentáneamente el aburrimiento”. Esta, añade, Martínez, puede resultar en una práctica peligrosa porque en algún momento la persona siente que pasó en redes sociales 10 minutos para “matar el aburrimiento”, pero, al final, terminan siendo cinco horas o más.
Todo este “cóctel de factores” termina ocasionando una serie de implicaciones biológicas, como explica Diana Bedoya, directora de la Maestría y Especialización en Psicología Clínica de la Niñez y la Adolescencia de la Universidad de La Sabana. “Impacta en el desarrollo del cerebro, porque hay una sobredescarga de dopamina que sabemos que altera a su vez todo lo que tiene que ver con hábitos de sueño, alimentación y la probabilidad de incrementar el uso de la actividad física como método de regulación”, comenta e indica que la literatura científica disponible ya es muy robusta, mostrando que un uso intensivo y no regulado, sobre todo de las redes sociales, se asocia con la alteración del estado de ánimo y con problemas de las interacciones interpersonales o habilidades sociales.
De hecho, un estudio publicado en 2024 en Plos One, luego de hacer una revisión sistemática de investigaciones relevantes sobre adicción a Internet que se hubiesen realizado hasta abril de 2023, encontró que se habían presentado síntomas físicos e interpersonales, cambios en el cerebro y comportamientos impulsivos, y concluyó que la adicción afecta áreas cerebrales clave para el pensamiento, la emoción y el control de impulsos en adolescentes, lo que puede impactar negativamente su desarrollo.
Otro estudio, publicado en 2025 por la revista Nature, dio nuevas pistas sobre la compleja relación entre la salud mental de los jóvenes y el uso de redes sociales. La investigación, liderada por la Universidad de Cambridge, indagó cómo varía el uso de estas plataformas digitales en 3,340 niños y adolescentes entre los 11 y 19 años con ansiedad, depresión y otros perfiles de salud mental. Encontraron que aquellos jóvenes con trastornos mentales pasan más tiempo en redes sociales que sus pares, y que, además, están menos satisfechos con sus experiencias en línea.
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La Asociación Española de Pediatría en 2024, cuando actualizó sus recomendaciones sobre el uso de pantallas en la infancia y adolescencia, indicó que “un mayor tiempo de uso de las redes sociales y videojuegos se asocia con permanecer un menor número de horas en la cama, acostarse más tarde y mayor latencia del inicio del sueño”. También advirtió que el uso de pantallas antes de acostarse produce “un aumento de la somnolencia diurna; una disminución de la somnolencia nocturna; una reducción de la secreción de melatonina; un retraso del reloj circadiano; y una disminución y retraso del sueño REM”.
En este debate, Rocío López Ordosgoitia, doctora en Ciencias de la Información y la Comunicación, pide no perder de vista un punto importante: el contenido que están consumiendo en redes sociales. “Los riesgos físicos (como la obesidad) y los de salud mental son importantes”, dice, pero advierte que también están los riesgos al acceso a contenidos que no son verificados. “Pueden llegar a contenidos falsos, a contenido con sesgos, a estereotipos e incluso a contenidos sexuales y pornografía”, añade y recalca que es clave generar “presión para que estas plataformas puedan ser mayormente reguladas, especialmente teniendo en cuenta que hay niños, niñas y adolescentes en estos espacios”.
Pero, ¿qué hacer si un niño o niña ya desarrolló una adicción? Martínez, del Bosque, explica que las adicciones son multicausales y que, una vez se identifica el problema, se debe acudir a un profesional. “No se trata de decir: venga y le apago el internet, le quito el celular o le cierro las redes sociales”, anota. El profesional, comenta, evaluará si realmente está en un estado de dependencia, para no generar abstinencia, sino las herramientas adecuadas que permitan controlar este uso.
¿Cómo está la regulación de las redes sociales en Colombia?
En Colombia, cuenta Casas, exintegrante de la Junta Directiva de la Asociación Colombiana de Psiquiatría, se han llevado a cabo algunas iniciativas, en colaboración con organizaciones y académicos, para establecer herramientas de un uso adecuado. De hecho, recuerda, “hubo una intención de llegar al Congreso de la República, pero lamentablemente no se llegó a una regulación”, un tema al que considera que el país está llegando tarde. “La Unión Europea ya está obligando a los desarrolladores de tecnología a tener herramientas preventivas y de advertencia”, señala.
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Australia, por ejemplo, se convirtió en el primer país del mundo en implementar una prohibición total del acceso a redes sociales para menores de 16 años. La medida impuesta obliga a las plataformas a bloquear el acceso de jóvenes de esa edad o menos. Otro de los países que ha mostrado un avance en este tema es Francia, donde los menores de 15 años no podrán acceder a redes sociales sin mecanismos efectivos de control y verificación de edad. En Colombia, hasta ahora, los desarrolladores de juegos son los únicos que están obligados a controlar que a sus plataformas no accedan menores de edad, pero esto, anota Casas, todavía sigue siendo un “saludo a la bandera”.
Desde Redpapaz han adelantado algunas iniciativas. El año pasado, por ejemplo, lanzaron el Consenso Nacional del Cuidado Digital, que buscó , entre otras cosas, hacer un llamado para hacer una regulación en Colombia. Además, cuentan con una serie de guías para que los padres puedan acudir y orientarse en un mejor uso de estas tecnologías.
La gran pregunta que todos los papás y mamás (e incluso profesores de colegio) se hacen hoy es, ¿qué hacer frente al uso de las redes sociales? Aunque es una discusión con muchos matices y que ameritaría otro artículo, hay algunas recomendaciones de organizaciones y de grupos académicos que muestran un camino. Escobar Correa, desde RedPapaz, sugiere que lo principal es retrasar lo más posible el acceso de niños y niñas a redes sociales y comenta que, si ya llegaron a estas plataformas, lo mejor es el acompañamiento por parte de los padres. “Es importante saber qué están viendo, qué están haciendo y no dejarlos en solitario frente a ese contenido”.
Otra recomendación, anota López, magíster en Ingeniería de Medios para la Educación, es la de establecer acuerdos y llegar a unos planes de uso de estas plataformas. “La alfabetización digital y en cómo aprender a navegar estas diferentes tecnologías desde una mirada crítica”, también es clave tenerlo en cuenta. El mensaje en esta discusión, puntualiza Casas, no es satanizar el uso de esta tecnología, sino apostarle a una regulación y a un uso adecuado que no genere adicción.
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