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Alexis Quevedo y los secretos para que un piano suene bien

El reparador y afinador de pianos habló sobre cómo se inició en esta labor, el método que sigue y los retos a los que se enfrenta con los instrumentos a los que se ha dedicado durante 38 años.

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Andrea Jaramillo Caro
20 de enero de 2026 - 12:42 p. m.
Alexis Quevedo afinó los pianos de la vigésima edición del Cartagena Festival de Música.
Alexis Quevedo afinó los pianos de la vigésima edición del Cartagena Festival de Música.
Foto: Cortesía
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¿Cómo se convirtió en afinador de pianos?

Fue por intermedio de mi padre, Guillermo Quevedo, quien murió hace siete años. Me involucré con él y con Oskar Binder, un alemán que era técnico de pianos Steinway & Sons, los mejores que hay en el mundo. Ellos me enseñaron; tuve la fortuna de que no fue necesario moverme entre lugares para aprender, sino que todo lo tuve aquí. De ahí nació mi gusto por los pianos. Ahora también tengo un taller de construcción.

¿A qué edad empezó a aprender sobre la afinación de pianos?

Comencé en este camino hacia los 18 años. En ese momento, no había afinadores eléctricos, que ahora la mayoría usa para trabajar. Aprendí a hacerlo a oído y me demoré dos años antes de reparar un piano. Sin embargo, sigo aprendiendo.

¿En qué hay que fijarse para afinar un piano a oído?

Se hace con el diapasón, ese dispositivo metálico que parece un tenedor, y con la nota “La”. Uno golpea el arpa del piano o una mesa o un zapato y, al poner el diapasón en el oído o en la boca, hay una vibración. Luego, uno toma la cuerda “La” y debe hacer lo mismo. De ahí uno puede seguir adelante. Muchas personas pueden decir que no tienen el oído para saber cuándo un piano está desafinado, pero eso no es cierto. Todos pueden darse cuenta de que una nota no suena bien.

¿Qué es lo que más disfruta de su trabajo?

Poder hacer un buen trabajo y entregárselo a los demás. Que cuando se sienten a tocar el piano, sonrían. Es un pago muy grande.

¿Qué le gusta más del piano por encima de otros instrumentos?

Me gusta la estructura del arpa en hierro con las cuerdas. Es una forma de ver el instrumento, es como que le da vida, al igual que su maquinaria.

¿Con qué clientes ha trabajado?

Con la Orquesta Filarmónica de Bogotá, la Orquesta Sinfónica, el Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo, la Universidad Javeriana, la Universidad de Los Andes, los auditorios del Banco de la República y la infinidad de festivales que hay en el país. Por ejemplo, el Cartagena Festival de Música, el Festival Internacional de Piano de Bucaramanga, el Ibagué Festival y muchos más.

También ha afinado pianos para personajes internacionales. ¿Cómo es su trabajo con ellos?

En un festival internacional, yo afino el piano y espero al pianista. Son músicos internacionales y, gracias a Dios, nunca hemos tenido problemas. Han quedado muy sorprendidos por la clase de trabajo que hay en Colombia. Ellos piden graduaciones o pulsaciones especiales y, de inmediato, hago lo que me piden, así se dan cuenta de que la persona sabe lo que hace. Luego de ensayarlo, si hay alguna eventualidad o algo más para hacer, lo arreglamos. Mi trabajo es facilitarle el toque al pianista y que lo disfrute. Eso es lo que hacemos los afinadores.

¿Cómo es un día de trabajo tradicional?

Cuando me llaman a la casa de una persona, sea en Bogotá o en otro lugar, porque también he llegado a afinar pianos en Leticia, desarmo completamente el instrumento. Le quito las tapas para poder ver la máquina, el teclado y el clavijero. Para esta parte tengo una llave especial y con ella empiezo a afinar. Es un proceso que me toma cerca de dos horas y media.

¿Qué es lo más difícil de este trabajo?

Dejar contento a un cliente, por un lado. Pero también la parte aguda, son las cuerdas más cortas y delgadas del piano. Suelen ser sonidos chillones y brillantes. Hasta a los pianistas no les gusta ese sector. No es tan sencillo de afinar, pero se le saca el gusto. Cambiar cuerdas también es algo que detesto.

¿Qué habilidades cree que son claves para esta labor?

El oído y la manipulación de la mano con la clavija o llave son muy importantes. Además, todo afinador debe tener paciencia. En este oficio no se pueden hacer las cosas a la carrera, porque quedan mal. Un piano tiene más de 12.000 piezas y, si uno hace algo de afán, se pueden dañar varias piezas.

¿Cómo podría desarrollar el oído una persona que no conoce mucho de música?

Hay que empezar a escuchar el piano afinado, porque veo que muchas veces las personas no lo hacen. En ocasiones empiezan a desarrollar el oído con un piano desafinado y se acostumbran a eso; cuando el piano está afinado, va a sonarles raro. Al ser humano le da gusto escuchar una nota armoniosa y se pueden dar cuenta de cuando está desafinado.

Usted también construye pianos, ¿cómo es ese proceso?

Los pianos se hacen con maderas naturales europeas. El aro de los pianos de cola era de los troncos más grandes, por lo que no había necesidad de ensamblarlos. Esos pianos traen un arpa de hierro que es fundida milimétricamente donde van a ir cogidas las cuerdas y clavijas. Todo eso se ensambla después de que se haga el aro del árbol. Luego se ensambla una tabla armónica que va en pino de mil hilos, esta va dentro del aro y, encima de ella, el arpa. Luego se colocan las ruedas. La mayor construcción de la máquina, donde van los martillos y teclas, es en madera. Este material redondea el sonido de una manera muy bonita. En cambio, con el plástico (los pianos chinos) la resonancia no es redonda, sino más brusca. Todas las partes se ensamblan: las patas con sus ruedas, tapas y atriles, son en maderas fuertes, que con las pinturas al horno, les da brillo y duración al instrumento.

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Andrea Jaramillo Caro

Por Andrea Jaramillo Caro

Periodista y gestora editorial de la Pontificia Universidad Javeriana, con énfasis en temas de artes visuales e historia del arte. Se vinculó como practicante en septiembre de 2021 y en enero de 2022 fue contratada como periodista de la sección de Cultura.@Andreajc1406ajaramillo@elespectador.com
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