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La historia del Almirante Padilla, el personaje que el Gobierno homenajeará en el cine

La vida del almirante José Prudencio Padilla, apodado “Príncipe del mar”, llegará próximamente a la gran pantalla en una producción financiada por MinTIC.

Redacción Cultura

05 de marzo de 2026 - 08:09 a. m.
El actor estadounidense Cuba Gooding Jr. interpretará al almirante José Prudencio Padilla.
Foto: Óscar Pérez / Wikimedia Commons
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Recientemente se confirmó que la vida de José Prudencio Padilla próximamente llegará al cine en una película protagonizada por el actor Cuba Gooding Jr. Del proyecto cinematográfico se sabe que se espera que sea estrenado en salas de cine y en plataformas a mediados de año y que el Gobierno invirtió más de COP 15.000 millones en él.

Más allá de los detalles sobre la película, el Almirante Padilla fue uno de los personajes destacados del periodo de independencia del país.

Nacido en Riohacha el 19 de marzo de 1778, hay fuentes que lo identifican como pardo y otros como zambo. Se sabe que su padre era negro. Sin embargo, el origen de su madre ha sido disputado, pues hay quienes la identifican como descendiente de wayúus y otros como descendiente de españoles.

A pesar de esto, el futuro almirante se crio en medio de las actividades de su padre como carpintero y era el mayor de 5 hermanos. A los 14 se años se alistó como muchacho de cámara en un buque que navegaba el Mar Caribe. Así empezó su historia en el mar.

Para 1803, a los 19 años, Padilla se enlistó en la Real Armada Española y, en 1805, en medio del a alianza entre Napoleón I y Carlos IV, Padilla fue enviado con una escuadra franco-española a luchar en la invasión de las islas británicas. A este hecho luego se le conoció como la batalla de Trafalgar, en la que ganaron los ingleses y razón por la cual Padilla permaneció preso y trabajando forzosamente allí.

Su liberación llegó en 1808 y de acuerdo con lo escrito por Jesús C. Torres Almeyda en su libro, Padilla, a su regreso, fue designado contramaestre de navío “por sus magníficas aptitudes náuticas”. Esta era una “plaza que no se concedía a los servidores americanos-anota el Capitán de Fragata Gregorio Cerra, su primer biógrafo y compañero de armas-, pero ni aún a los europeos, sino después de bien probadas sus aptitudes en el servicio”.

Con este cargo, se estableció en Cartagena, en Getsemaní. Mientras sucedía la invasión napoleónica a España, Padilla se sumó a los esfuerzos independentistas que se gestaron en Cartagena para declarar a la ciudad como “Estado libre soberano e independiente”. Participó en el amotinamiento de Getsemaní el 11 de noviembre de 1811 y “en la guerra contra las provincias realistas de Santa Marta y Riohacha desde principios de 1812, distinguiéndose en varios combates navales”, de acuerdo con la historiadora Aline Helg.

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En 1813 conoció a Simón Bolívar y se sumó a su campaña. Este acto llevó a Padilla a prisión, al ser acusado de traición por el general Mariano Montilla, a quien ya contaba como su enemigo desde que, según el Banco de la República, una mulata conocida como Juanita Rodríguez abandonó al general por irse con Padilla.

El futuro almirante fue puesto en libertad en 1815, aunque, durante ese mismo año, tuvo que dedicarse a la defensa de Cartagena, luego de que el rey Fernando VII ordenara al general Morillo la reconquista. “Sobrevivió los 106 días de sitio impuestos por Morilla ala ciudad portuaria. Además, Padilla fue de los que pudieron escapar, y en comanda de una goleta, logró romper la línea española y abrir paso a otros buques patriotas para refugiarse en Los Cayos, en Haití”, escribió Helg.

De acuerdo con la biografía publicada por el Banco de la República, Padilla “al mando de la cañonera Concepción, en las bocas del Atrato, venció a la fragata española Neptuno, en la cual navegaba el mariscal de campo Alejandro Hore con su familia, los que fueron capturados junto con 18 oficiales, 274 soldados, más de 2000 fusiles, equipo, vestuario y correspondencia de gran valor para las tropas patriotas”. Por esta acción le fue concedido el título de comandante de fragata, otorgado por Bolívar, en 1817.

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Entre 1817 y 1819, Padilla participó y ejerció cargos de mando en diferentes campañas por el Orinoco y el Atlántico. “A lo largo de los tres años siguientes, Padilla actuó de manera decisiva como capitán de buques de guerra, tanto en el Orinoco, el Apure y el Magdalena, como en la costa caribeña. Junto con Montilla, contribuyó a liberar Riohacha, Santa Marta y Cartagena, sometiendo esta última a un sitio de cinco meses en 1821″, describió la historiadora.

José Prudencio Padilla fue entonces propuesto para el grado de general de Brigada y se le otorgó el cargo de comandante del Tercer Departamento de Marina, que se extendía desde Riohacha, Santa Marta, Cartagena y costas del Atrato hasta el Escudo de Veraguas.

Para 1822 se encontraba en la campaña de Maracaibo, donde alcanzó el pico de su carrera militar. En 1823 se dio la batalla del lago de Maracaibo, en la que se reconoce que Padilla “orzó con su flotilla la barra de defensa española que bloqueaba la entrada al lago por el Mar Caribe, y segundo cuando aseguró la victoria de los patriotas—y la independencia de Venezuela—en la batalla naval de Maracaibo del 24 de julio de 1823″, según Helg.

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Posteriormente, Padilla fue elegido senador por el departamento del Magdalena. En 1823 llegó a Bogotá para ocupar su curul. En 1825, con la instalación del Congreso Nacional, a Padilla le fue aprobada una pensión de 3.000 pesos, a la que renunció y pidió a Santander que fuera dada a otros. Sin embargo, per sí pidió, en recompensa por la victoria en Maracaibo, el grado de general de división (vicealmirante).

Más tarde, su enemistad con Montilla continuó afianzándose, mientras que Bolívar seguía atormentado por el fantasma de una “pardocracia”, un término que se refería a un gobierno de la casta parda en la colonia. A Padilla se le acusó de querer generar una guerra de razas, aunque no existe evidencia de que hubiera emprendido ese camino.

Para 1828, “se le acusó de armar el Pronunciamiento de Cartagena para defender la Convención de Ocaña, y de participar en los tumultos e esta ciudad. Bajo el cargo de rebelión, fue apresado por el general Montilla, quien rápidamente lo envió Bogotá, a donde llegó el 26 de mayo”, según el Banco de la República.

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El 25 de septiembre de ese año, mientras Padilla seguía en prisión, se llevó a cabo un intento de asesinato contra Bolívar y, al mismo tiempo, los conjurados de la conspiración intentaron liberarlo e instaurarlo como jefe. Padilla se negó y, a pesar de no estar enterado de la conspiración ni haber participado en ella, igualmente fue condenado a muerte y fusilado el 2 de octubre de 1828.

Años más tarde, en 1831, su memoria fue rehabilitada y sus honores militares fueron reconocidos de nuevo.

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