El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

“Es imposible acabar Batuta”: Beatriz Mejía, presidenta saliente de la fundación

Tras un año y medio al frente, Beatriz Mejía habla de los retos que enfrenta la fundación y de su futuro en todo el país.

Emilia Vanegas Escobar

03 de septiembre de 2026 - 04:09 p. m.
Después de 15 meses en la presidencia de la Fundación Batuta, Beatriz Mejía decidió dejar el cargo.
Foto: Cortesía Batuta
PUBLICIDAD

La Fundación Nacional Batuta cumple este 2026 sus 35 años.

Gánale la carrera a la desinformación NO TE QUEDES CON LAS GANAS DE LEER ESTE ARTÍCULO

¿Ya tienes una cuenta? Inicia sesión para continuar

Nació en 1991 por iniciativa de la entonces primera dama Ana Milena Muñoz de Gaviria y fue inspirada en el modelo venezolano “El Sistema” de José Antonio Abreu, así que se consolidó como una red nacional de orquestas-escuela que combinaba formación musical con acompañamiento psicosocial, sostenida por un modelo mixto de financiación entre el Estado, la empresa privada y la cooperación internacional.

Ese modelo, que durante décadas le dio estabilidad, se puso a prueba a finales de 2024, cuando un recorte presupuestal de más del 50 %, según la entonces directora Lucía González en entrevista con EL TIEMPO en julio del año pasado, llevó al cierre anunciado de su programa insignia, Sonidos de Esperanza, que beneficiaba a cerca de 20.000 niños en 136 centros musicales. En medio de esa crisis, Batuta tuvo que reinventarse.

Al frente de ese proceso estuvo Beatriz Mejía, quien llegó como gerente de desarrollo y asumió la presidencia tras la salida de Lucía González en 2025. Quince meses después, Mejía decidió dejar el cargo.

Le puede interesar: Ulibro 2026: programación completa del 3 al 6 de septiembre en Bucaramanga

Esta conversación ocurrió, además, en la antesala del concierto “Batuta: 35 años latiendo al ritmo de Colombia”, que reunirá por primera vez al Coro y Orquesta Batuta Bogotá con músicos de la Orquesta Sinfónica y Coro de RTVE el próximo domingo 6 de septiembre en el Teatro Mayor Julio Mario Santodomingo.

Mirando el camino de Batuta en retrospectiva, ¿qué ha hecho posible que la fundación llegue hasta acá?

Batuta ha llegado lejos porque ha sido resiliente. Ha estado en la época del narcotráfico, en épocas de guerrillas y también sobrevivió a la pandemia. Es decir, ¿cómo no lograr que una organización sea resiliente después de esta historia? Los obstáculos que a mí me tocaron fueron muy difíciles, pero retos siempre habrá. Todos decimos: ¿y qué más puede pasar? Y pasan cosas que sigues resolviendo. Mi gestión fue, sobre todo, resiliente, honrando un legado que también lo ha sido.

Afortunadamente el modelo es fácil de adaptar: nosotros trabajamos incluso con instrumentos con materiales reutilizables, logramos que los niños escriban sus canciones, que hagan escritura creativa, que produzcan el sonido con su propia voz. Hay muchas herramientas pedagógicas que ya hemos desarrollado y que se pueden adaptar precisamente a cada momento.

¿Qué tan pesada ha sido esa gestión en lo personal?

Ha sido un año y medio difícil: son casi 200 centros musicales, la responsabilidad de los niños y las niñas. Ojalá Batuta tuviera una financiación permanente, sin tener estos altibajos, pero la financiación no puede ser única, no está pensada así. Pero eso sí, aprendí mucho a adaptarme a los cambios.

No ad for you

Uno de los puntos más difíciles fue el recorte presupuestal. ¿Qué hay detrás del modelo de financiación de Batuta que explica ese golpe?

Primero, Batuta no recibe aportes permanentes y obligatorios. Fue muy difícil, porque la política cultural del gobierno anterior se orientó a fortalecer a otras organizaciones y no solamente a Batuta. Obviamente eso nos abrió una crisis, un hueco presupuestal.

Nosotros somos privados como fundación, pero con patrimonio constitucionalista, donde el Estado pone una parte. Desde ahí, ese consejo de fundadores y aportantes desarrollan proyectos. A raíz de la cooperación que se ha ido (la del Ministerio de Culturas), hemos trabajado mucho en filantropía, en responsabilidad, en inversión social privada, pero no es fácil, porque las empresas tienen nichos, tienen territorios precisos; no es fácil llegar a todo el país. Con la política pública sí. Esa es la inversión más importante.

No ad for you

A pesar de esas dificultades, usted habla de Batuta casi como algo que trasciende lo financiero. ¿De dónde viene esa convicción?

El primer evento que me tocó a mí fue en la Cancillería, cuando unas niñas de Tumaco se presentaban y se despedían porque iban en diplomacia cultural a África. Ahí vi un brillo especial y me dije: “Esto vale la pena”. Y al principio pensaba que no volvería a encontrar ese brillo, pero era mentira. A donde he ido el brillo me ha acompañado. Yo veo a las personas en las agrupaciones y pregunto: “¿Por qué sigues acá?” y me responden “Porque me encanta estar en Batuta”.

También activé muchísimo el trabajo con el sistema de orquestas juveniles e infantiles en muchísimos países como Chile, Panamá, El Salvador, Venezuela, el Perú... Ahí nos empezamos a unir y dijimos: la educación no formal se tiene que empezar a visibilizar, porque esto genera transformación.

No ad for you

Una vez, nosotros llegamos a Viña del Mar con la Orquesta de vientos de Puente Aranda. Ellos hicieron ensamble, el tutti de las orquestas. En ese concierto yo invité a una de mis mejores amigas, que es como mi hermana, que vive en Chile. Ella lloró. Me decía: “Nunca imaginé que hacías tú”. Cuando tomó la palabra una de las niñas nos dijo cosas hermosas. Les dije: “Yo trabajo para ustedes, esto es mi placer. Lo único que les pido es que sigan sus vidas como van: estudien, fortalezcan sus talentos, alejen las drogas, fórmense como seres humanos íntegros, valoren la vida, valoren al otro, entiendan lo que es esta oportunidad”.

Uno de los mayores retos de adaptación fue lo que pasó con Sonidos de Esperanza. ¿Cómo lo resolvieron?

Batuta siempre había estado en horario extracurricular, porque son espacios seguros, son los espacios de tiempo libre. Yo llegué a Batuta cuando tenía Sonidos de Esperanza con una inversión regular, permanente. En un momento el ministerio decide que quiere hacer Sonidos para la Construcción de Paz, y eso tiene una apuesta distinta: eso se va a colegios en formación escolar, en horario escolar.

No ad for you

Lea también: FICCI 66 abre convocatoria: conozca las fechas, categorías y cómo participar

Batuta se adaptó. Dijo: “Okay, podemos estar en ambos lugares”. Creo que es la única organización que está en horario escolar, en colegios y establecimientos públicos, y en centros musicales donde estamos en jornada extracurricular, en casas de la cultura o casas lúdicas. Estuvimos en 85 u 86 establecimientos educativos, 27 centros musicales, más de 11 centros musicales para discapacidad, y los procesos orquestales que se venían apoyando desde antes.

No ad for you

Retrocedamos un poco: ¿cómo llegó usted a la presidencia de Batuta?

Yo entré como gerente de desarrollo. Estaba en su momento María Claudia Parias. Ahí empecé a conocer de cerca las alianzas. Yo soy economista, pero mi formación estuvo por el camino de la cooperación internacional; manejé portafolios del BID, del Banco Mundial, de la Unión Europea. Ahí me fui por esa ruta, conocí muchísimos proyectos; mi experiencia ha sido la búsqueda de cooperación internacional, la formulación de proyectos de desarrollo de largo aliento.

Cuando llegué a tomar el liderazgo de la fundación, iba a ser algo temporal, yo acepto un par de meses y digo: “Bueno, está bien”. Pero yo ya venía con una convicción, no venía de cero, venía conociendo a la fundación; entonces fue una gran oportunidad porque no fue alguien que llegaba para empezar, sino realmente para darle continuidad y fuerza.

No ad for you

Y ahora que se va, después de casi tres años, ¿cómo siente que cierra ese ciclo?

Yo le dije a la ministra: “Ministra, yo le devuelvo este regalo”. Yo nunca me imaginé ser la presidenta de la fundación, y al principio sentí un miedo enorme, porque yo ya sabía la dimensión. Pero después me llené de esa inspiración. Todo lo hice a fondo, a fondo, a fondo.

Por fortuna, Batuta sigue a flote, eso es lo importante. Fue muy intenso, muy bello, se aprendió mucho, mucho, mucho. Estoy agradecida.

No ad for you

Hablando de retos recientes, ¿cómo los golpeó el terremoto?

Los niños y las niñas han escrito por Facebook: “Por favor, no cierren mi centro musical”. Pues no lo vamos a cerrar, que ellos no se preocupen. Están Istmina, Quibdó y Buenaventura. Muchos centros se afectaron por pintura y ese tipo de cosas, pero eso ya lo estamos arreglando.

La mayor afectación fue el estado anímico de los niños: perdieron familias, nuestros profes perdieron sus casas, sus viviendas, perdieron familiares. Ha sido realmente una tragedia. Y estamos acompañando todo ese proceso de reconstrucción.

No ad for you

¿Hacia dónde va Batuta de aquí en adelante?

Nosotros nos hemos dado cuenta, y ya hemos hecho proyectos piloto, de que los padres cuando van al centro musical se quedan esperando, o cuando estamos trabajando con niños con discapacidad, sus padres se quedan ahí. Y decimos: “¿Y por qué no hacemos un trabajo con ellos?”. Hacemos coros entre niños, con discapacidad, sin discapacidad, mujeres, de todo. Eso tiene un reto, porque lo que sí garantizamos y tenemos siempre que velar es que sea de calidad. Eso requiere cambiar los estatutos y ampliarnos en el sentido de explorar la interdisciplinariedad, pero siempre con música, porque eso es lo que somos.

Le recomendamos: Jineth Bedoya recibió el Premio Nacional de Periodismo Silvia Galvis 2026 a la Trayectoria

No ad for you

Ese es el futuro. Es una población que nosotros ya conocemos muy bien porque trabajamos no solo con los niños, sino con los papás. Yo creo que hacia allá va Batuta: seguir en los territorios, seguir expandiéndose, estar donde nadie está o no puede estar, siempre con calidad, siempre con una inspiración.

¿Qué asegura, más allá del dinero, que Batuta siga existiendo dentro de otros 35 años?

Yo creo que es imposible acabarla. Es decir, ya no es un problema de dinero —que también creo que es ahí donde se concentrará Batuta, en un problema de recursos— sino que hay otras fuerzas y otros aportes que tienen más relevancia que el recurso mismo. Mira a las comunidades... hay una cosa que nos sostiene. Yo he insistido mucho en que el recurso es público, así no lo administre un privado: es sagrado.

No ad for you

Deberíamos gestionar que Batuta sea un patrimonio, no solamente que lo digamos, sino que sea una realidad, porque es intangible. Batuta va para otros 35 años, incluso cuando ya ni yo exista. Todo esto por la vida de un niño y una niña. Ese es el mantra con el que empecé, y con el que me voy.

Si le interesa seguir leyendo sobre El Magazín Cultural, puede ingresar aquí 🎭🎨🎻📚📖

Por Emilia Vanegas Escobar

Conoce más

Temas recomendados:

Ver todas las noticias
Read more!
Read more!
El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.