El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

Sandra Meluk: “Bogotá se ha convertido en un destino cultural muy importante”

La directora del FIAV explica cómo este evento reúne compañías nacionales e internacionales, dinamiza la economía cultural y busca acercar el teatro, la danza y el circo a nuevos públicos.

Laura Camila Arévalo Domínguez

16 de marzo de 2026 - 09:14 a. m.
Actualmente, Sandra Meluk también trabaja como gerente fundadora de Meluk Kulturmanagement.
Foto: Alberto Sierra Restrepo.
PUBLICIDAD

El FIAV es un festival nuevo, esta es su segunda versión: ¿cómo se lo presentaría a una persona que no sepa nada de él aún?

Lo que le tengo que decir es que tiene diez días para no perderse la oportunidad de ver lo mejor de Bogotá, Colombia y el mundo en términos de teatro, música y danza.

¿Por qué cree que el FIAV le suma tanto a una ciudad como Bogotá? ¿Qué dice de la capital un encuentro como este?

Bogotá se ha convertido cada vez más en un destino cultural muy importante, con todas las actividades que se realizan de todo tipo: música, todo tipo de danzas, teatro y festivales. Entonces, ¿cómo no tener el mejor plan de Semana Santa cuando usted no tiene que ir a trabajar, no tiene que ir a estudiar, sus niños están en casa? ¿Cómo no aprovechar esto?

Además, desde el FIAV también dinamizamos el sector de la cultura porque tenemos 43 grupos distritales contratados, más 36 compañías nacionales, y fuera de eso todo el ecosistema de la producción: los trenes, transporte, etcétera. Así que también le estamos aportando a la economía de la ciudad.

¿Cómo comenzó a trabajar en la cultura?

Me formé como músico y era profesora de la Universidad Javeriana. Enseñaba teoría y una clase allá que se llamaba Literatura y Materiales de la Música.

En algún momento en la facultad iba a cambiar el director de carrera, estaban haciendo empalme, y quien lo iba a tomar en ese momento al fin dijo que no. Y mi teoría es que el decano, a quien quiero mucho, el maestro Guillermo Gaviria, salió al corredor a ver a quién iba a poner ahí, porque él tenía un viaje de tres meses y tenía que quedar alguien. Se encontró conmigo y ya: me quedé sentada.

Y claro, uno cuando está en el ejercicio artístico siempre piensa que la administración es lo peor, que todo lo malo pasa por culpa de la administración. Yo le dije que de eso no tenía ni idea, pero que le hacía el favor durante esos tres meses. Y ese favor me duró siete años. Me apasioné por la gestión.

¿Qué fue lo que tanto le gustó de la gestión cultural? Usted lo ha dicho: muchos creen que ese campo puede ser abrumador y hasta desagradecido...

No hay nada mejor que la gestión cultural. Es muy importante —y eso lo digo para las nuevas generaciones de gestores, que son increíbles— estar uno formado como artista y ser un interlocutor válido. Pero también hay que formarse en la administración y las finanzas para ser también un interlocutor válido en la otra parte.

Read more!

Qué orgullo más grande que hacer parte de eso y asumir la responsabilidad de hacer que todo eso sea posible. A mí me encanta. Y eso incluso en las cifras y los números, porque sin eso nada es posible.

Ha sido muy interesante ver lo que la gente del sector ha opinado sobre lo que dijo el actor Timothée Chalamet sobre el ballet y la ópera: que eran artes que no le importaban a nadie. ¿Usted qué piensa?

Yo creo que es una opinión desde el desconocimiento y desde una mirada un poco sesgada. Claro, tú puedes ver El Lago de los Cisnes, pero representada a través de una coreografía que se hizo hoy. Ese coreógrafo lo está viendo desde hoy, está haciendo una mirada en 2026, haciendo una relectura de todo. Es como si dijéramos que ya no podemos leer a Shakespeare, que no podemos leer a García Márquez, que no podemos leer a tantos autores maravillosos. Es lo mismo con la música.

Además de la razón obvia de que artes como el teatro o la danza son en vivo, con el público en frente del escenario, hay algo de poesía en decirles “artes vivas”, ¿no cree? ¿Cómo relaciona usted la vitalidad con el arte?

Son las “artes vivas” porque, primero, ya no podemos hablar solo de un festival de teatro: las barreras entre las distintas manifestaciones del arte se han roto. Realmente compartimos muchos escenarios interdisciplinarios en la mirada que le estamos dando a todos los proyectos artísticos. Y está vivo porque ocurre en el escenario y con el público. Si tú ves una obra cinco veces, la ves cinco veces distinta. Porque primero hay un público que la recibe distinto cada noche. Y cada noche el actor o el bailarín es diferente: le pasó otra cosa en el día, su emocionalidad es distinta. Además, se relaciona con el público que está mirando. Entonces está vivo.

Read more!
No ad for you

Por Laura Camila Arévalo Domínguez

Periodista en el Magazín Cultural de El Espectador desde 2018 y editora de la sección desde 2023. Autora de "El refugio de los tocados", el pódcast de literatura de este periódico.@lauracamilaadlarevalo@elespectador.com
Conoce más

Temas recomendados:

Ver todas las noticias
Read more!
Read more!
El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.