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En la premier mundial de “Cinco años, cuatro meses”, presentada el 7 de julio en la competencia oficial del Festival Internacional de Cine de Karlovy Vary, la actriz colombiana Carmiña Martínez volvió a poner rostro a una de las heridas más profundas del país: la desaparición forzada y el dolor de las madres que buscan a sus hijos.
Un estreno que conmovió al público europeo
Tras la proyección, la respuesta del público confirmó que la historia había trascendido las fronteras colombianas. “Cuando me giré y vi la sala completamente llena, pensé: ‘Qué maravilla, tanta gente viendo nuestra película’”, recordó la actriz. Más allá del aplauso, fue el silencio durante la proyección y el diálogo posterior con los espectadores lo que más la conmovió. “Sentían que habían acompañado a esas madres durante todo el viaje y deseaban que pudieran encontrar a sus hijos”, explicó.
Para Martínez, ese silencio compartido es una forma distinta de comunicación con el público. Acostumbrada durante décadas al contacto directo del teatro, reconoció que el cine ofrece otra experiencia. “En el teatro la energía es inmediata; está ocurriendo aquí y ahora. En el cine el trabajo ya está hecho, pero el silencio del espectador también habla. Ese silencio te dice que la película está conectando”, dijo.
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De La Candelaria al reconocimiento internacional
La intérprete, recordada internacionalmente por “Pájaros de verano”, lleva gran parte de su vida artística en Bogotá, donde estudió Artes Escénicas y desarrolló una larga trayectoria en el Teatro La Candelaria junto al maestro Santiago García. Durante 26 años hizo parte de una compañía considerada una referencia latinoamericana por su trabajo de creación colectiva.
“Ese proceso hacía que todos participáramos en la construcción de la obra. Los actores también escribíamos, creábamos personajes, resolvíamos aspectos técnicos y aprendíamos cada parte del montaje. Era una escuela de teatro y también una escuela de vida”, señaló.
Dar voz a las madres de los falsos positivos
Pero en “Cinco años, cuatro meses”, el desafío era diferente. Para preparar su personaje escuchó durante el proceso testimonios de madres de Soacha, víctimas de los llamados “falsos positivos”, uno de los capítulos más dolorosos del conflicto colombiano.
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“Escuchar sus historias fue muy duro. No era una sola madre, eran muchas. Uno quisiera poder hacer algo. La pérdida de un hijo es un dolor que nunca sana”, afirmó.
Ese acercamiento también exigió un esfuerzo emocional como actriz. Martínez explicó que durante el rodaje debió asumir el sufrimiento del personaje para hacerlo creíble, pero que después resulta indispensable desprenderse de ese dolor.
“Hay que hacer una limpieza espiritual y corporal. Si no, todos esos personajes se van acumulando y pueden terminar afectándote.”
El cine como herramienta de memoria y reparación
Más allá del trabajo interpretativo, considera que la mayor fuerza de la película está en hacer visible una realidad que durante años permaneció oculta.
“Esta película permite mostrar una problemática que durante mucho tiempo se quiso mantener escondida y de la que no se podía hablar. Que el cine pueda contarle esto al mundo también es una forma de liberación.”
La actriz subrayó, además, que la desaparición forzada no es una tragedia exclusivamente colombiana. “También ocurrió en Argentina, en México y en muchos otros lugares. Es un problema que atraviesa a muchas sociedades.”
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Un llamado a proteger la cultura
En medio de un panorama político incierto para el sector cultural, Martínez también expresó preocupación por los posibles recortes al apoyo estatal.
“Mi llamado al nuevo gobierno es que no deje de lado la cultura. La cultura hace parte del ser humano y necesita respaldo para seguir existiendo.”
Pese a esa incertidumbre, observa con optimismo el momento creativo del país. Considera que tanto el cine como el teatro colombiano viven una etapa fértil gracias al trabajo de nuevas generaciones que han recogido el legado de colectivos históricos como La Candelaria.
Mientras continúa impartiendo clases en la Facultad de Artes de la Universidad Distrital, sigue esperando nuevos personajes. Sueña con interpretar figuras clásicas del teatro universal y trabajar algún día con directores españoles y mexicanos. “No se deja de soñar”, dijo con una sonrisa.
Un cine que rompe el silencio
En Karlovy Vary, ese sueño ya tiene una nueva parada. Con “Cinco años, cuatro meses”, Carmiña Martínez no solo presentó una película en uno de los festivales más prestigiosos de Europa. También volvió a demostrar que el cine puede convertirse en un espacio para la memoria, capaz de romper silencios que durante demasiado tiempo permanecieron intactos.
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