El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

Colombianismos: un jurgo de palabras que nos definen como país

Como parte de las celebraciones del 20 de julio, repasamos algunos de los términos que diferencian la forma de hablar de los colombianos del resto de los hispanohablantes.

Santiago Gómez Cubillos

20 de julio de 2026 - 09:00 a. m.
Foto: Eder Rodríguez
PUBLICIDAD

A un míster desprevenido que llegue a esta tierra podría darle un yeyo con el jurgo de palabras que a lo mejor no le enseñaron en sus clases de español en línea. Porque si bien se trata del mismo idioma del resto de los hispanohablantes, el acervo lexical colombiano tiene términos y expresiones que nos diferencian del resto de la región. Aquí nos quemamos las pestañas, hacemos la oreja, pedimos la ñapa, recogemos los corotos y terminamos el día con una fría. Ese es el curso natural de las lenguas, que cuando se asientan en un territorio empiezan a mutar, a adaptarse. Los hablantes las forman y, a su vez, ellas forman a sus hablantes.

Gánale la carrera a la desinformación NO TE QUEDES CON LAS GANAS DE LEER ESTE ARTÍCULO

¿Ya tienes una cuenta? Inicia sesión para continuar

A propósito de un año más de la celebración del grito de Independencia, quisimos enfocarnos en el español que se habla en Colombia, al tratarse de uno de los marcadores de identidad por excelencia. Cómo hablamos entre nosotros (y sobre nosotros) es parte fundamental de lo que nos hace colombianos. Muchos lingüistas e investigadores lo han entendido así también y, por lo tanto, en lugar de conformarse con el tradicional Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, tan citado entre los puristas, emprendieron su propia búsqueda de términos en los pueblos y las ciudades de todo el país que lograran dar una idea de cómo se habla en Colombia.

Uno de los más recientes fue el “Diccionario de colombianismos”, del Instituto Caro y Cuervo, publicado en 2018 y desarrollado con el apoyo del entonces Ministerio de Cultura. Este proyecto estuvo dirigido por las entonces investigadoras del instituto Nancy Rozo Melo y María Clara Enríquez. El compilado requirió un trabajo de tres años, en los que se lograron recoger cerca de 6.000 entradas, 1.500 expresiones, 8.000 definiciones y 4.500 ejemplos. “Contiene vocabulario general, juvenil, coloquial, de la fauna y la flora, del folclor y de la cultura”.

Le puede interesar: Así será el Macondo de la segunda temporada de la serie “Cien años de soledad”

Gloria Duarte y María Bernarda Espejo, investigadoras del grupo de lingüística de este Instituto, hablaron para El Espectador sobre la construcción de este proyecto y su papel en la conservación del patrimonio léxico del país.

Según relataron, este diccionario tuvo varios antecedentes importantes, como el “Diccionario de americanismos”, de la Asociación de Academias de la Lengua Española (2010); el “Nuevo diccionario de colombianismos”, dirigido por los investigadores alemanes Günther Haensch y Reinhold Werner (1993), y del “Breve diccionario de colombianismos” (2012), desarrollado por la Academia Colombiana de la Lengua. Cada uno de ellos fue una ficha clave en el desarrollo del texto del Caro y Cuervo, pero a la vez cada uno se quedaba corto en algún aspecto. El primero no se limitaba a palabras que se utilizaran en el país, el segundo estaba desactualizado y no incluía muchas palabras de la jerga juvenil, y el tercero no pretendía abarcar la totalidad de voces que componían nuestro español.

“Es un ejercicio de memoria, un testimonio histórico y un reflejo de nuestra identidad en muchos campos: en el musical, en el gastronómico, el de nuestras costumbres, nuestros oficios... Por ejemplo, he escuchado historias de varias personas que se encontraron con el diccionario en la Feria del Libro y decían cosas como: ‘Si encuentro tal palabra, lo compro’ y, en efecto, muchas veces las encontraban. Ahí es donde el proyecto cumple su propósito, cuando la gente puede identificarse en las palabras que se usan en sus regiones o en aquellas que recuerdan de su infancia, como pasa mucho con personas mayores”, contó Duarte.

Además, la investigadora mencionó varios campos semánticos —es decir, grupos de palabras de una misma categoría— que destacaron por su riqueza en todo el país. Sobre todo, fue el caso del gastronómico y del laboral, por lo que del “Diccionario de colombianismos” se derivaron dos compilados más en los años siguientes: el “Diccionario de oficios y afines” (2021) y el “Léxico de la alimentación en la vida cotidiana” (2023). En el primero, según explicó Duarte, “figuran términos relacionados con oficios que puede que para muchos ya sean desconocidos. ‘Embolador’ puede ser el más actual, pero ‘chivero/a’, que es quien se dedica a vender dulces en una tienda, o ‘gañán’, que es un trabajador del campo, similar al jornalero, ya no son tan comunes. También está el caso de ‘arepera’, que hoy tiene otras connotaciones, pero que se refería originalmente al oficio de elaboración y comercialización de arepas”.

No ad for you

El segundo, por otro lado, recoge los platos, ingredientes y preparaciones típicas de cada región del país. La achira, el alfandoque, las cucas, el canelazo, el champús y tantas otras que nombrarlas ocuparía todo este periódico y no llegaríamos ni a la tercera parte. Aunque, por supuesto, no hay que dejar por fuera al sancocho, que adopta una forma distinta dependiendo de dónde se pregunte, porque puede ser trifásico, de guandul, de gallina, entre tantos otros. Pero digo que no se puede dejar por fuera, no solamente porque sea ya un producto insignia de la gastronomía colombiana, sino porque también representó la metáfora perfecta para Juan Manuel Espinosa, subdirector académico del Instituto Caro y Cuervo cuando quiso hablar sobre el papel que cumple la lengua en la formación de nuestra identidad.

“Podemos imaginarnos a la identidad como un caldero donde se va a hacer un sancocho, entonces ahí es donde entran todos los ingredientes, incluyendo la lengua. Pero cuando el sancocho está bueno es cuando todo eso se mezcla. Cada elemento se va desperdigando por el resto hasta el punto de que es imposible probar uno sin el otro y la lengua podría ser esa sustancia que conecta a todas las otras, aunque también hay que reconocer que hay mucho que existe sin ella”, explicó. Se trata, evidentemente, de un proceso supremamente complejo, pero que atraviesa las distintas esferas de nuestra vida. No es solo que el hecho de que el ajiaco se prepare con las papas típicas de la región, sino que se le llame así por una tradición heredada del pueblo muisca de la época de la Colonia.

No ad for you

Lea también: Angosta Editores: diez años apostando por las nuevas voces de la literatura

Es en ese cruce en el que un libro como el “Diccionario de colombianismos” cobra especial relevancia, pues sería miope asumir que se trata únicamente de un inventario de palabras usadas en el país. Más bien es el reflejo de un complejo sistema léxico-cultural que ha requerido de siglos de formación y que está atravesado por procesos históricos, geográficos, étnicos y sociales. Espejo puso como ejemplo de esto a la palabra “gaitanismo”, que forma parte de nuestro léxico y que derivó del auge del caudillo liberal antes de su asesinato en 1948. Y como este existen muchos ejemplos de apellidos que derivan en corriente política, que dejan de reflejar el pensamiento de un hombre para marcar el rumbo de un colectivo. Es ahí donde realmente se entiende cómo hablamos los colombianos.

No ad for you

Lo que levanta otra cuestión, que surge constantemente entre las discusiones del habla, y es sobre un español “correcto”.

¿Es posible afirmar que hay personas que hablan mal?

Para Espinosa, esta pregunta no está desligada del contexto en el que se plantea. “La respuesta corta es: el español correcto es el que le permite a usted lograr sus objetivos: convencer, tranquilizar, o incluso, amedrentar si es lo que quiere hacer”, afirmó. Ahora bien, es cierto que la lengua se ha utilizado a lo largo de la historia como un diferenciador de clases, de razas, niveles educativos, etc. Es decir, también ha sido una herramienta de discriminación. Vale recordar que una de las burlas hacia la vicepresidenta Francia Márquez tenía que ver con cómo pronunciaba “helicóptero”. Y esto, para él, no es algo que pueda regular una institución, una universidad o cualquier organismo similar.

No ad for you

“Volvemos al principio: la lengua nos hace y nosotros hacemos a la lengua. Es decir, tenemos la capacidad de pensar sobre nuestra propia lengua, y eso a mí me parece fundamental, porque es ahí donde radica el cambio psicológico, ético y político de los hablantes. Tenemos que reflexionar más acerca de eso e identificar cómo la lengua atraviesa nuestros juicios y actitudes. Eso podría hacerse en los colegios, por ejemplo, donde un niño que hable una lengua nativa no debería ser considerado un ‘mal hablante’ del español, sino una persona bilingüe o multilingüe”, concluyó Espinosa.

Era de esperarse que la conclusión de una pregunta por la identidad no diese una sola respuesta, mucho menos cuando se trata de la lengua, que en el país parece tan distinta dependiendo de la región. Sin embargo, es la oportunidad para sentarnos a reflexionar acerca de cómo el lenguaje es parte de lo que nos hace colombianos.

No ad for you

Pensar que nuestras palabras están atadas a nuestra historia y a nuestras costumbres y, por lo tanto, no podrían considerarse formas erróneas de hablar el español, es parte de celebrar lo que una fecha como el 20 de julio representa: la capacidad de vivir por y para nosotros mismos. Más que una regla inamovible sobre esa forma de hablar, el “Diccionario de colombianismos” es una fotografía de cómo se comunicaba el país en una época específica, pero eso seguirá moviéndose, seguirá creciendo y, eventualmente, habrá que actualizarlo: ese es el curso natural de una lengua.

Siga leyendo: Un vistazo al archivo personal de Germán Castro Caycedo que llegó a la Biblioteca Nacional

Por Santiago Gómez Cubillos

Periodista apasionado por los libros y la música. En El Magazín Cultural se especializa en el manejo de temas sobre literatura.@SantiagoGomez98sgomez@elespectador.com
Conoce más

Temas recomendados:

Ver todas las noticias
Read more!
Read more!
El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.