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Alejandra Rincón: “Los momentos de crisis son muy fértiles para la creación”

¿Cómo puede una parte del cuerpo despertar un recuerdo? En De ternura estoy hecha por dentro, Alejandra Rincón convierte el cuerpo en el mapa desde el que reconstruye la memoria, la pérdida y la identidad.

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Andrés Osorio Guillott
02 de julio de 2026 - 07:49 p. m.
Portada del libro "De ternura estoy hecha por dentro", de Alejandra Rincón.
Portada del libro "De ternura estoy hecha por dentro", de Alejandra Rincón.
Foto: Archivo particular
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Cuando Alejandra Rincón comenzó a escribir De ternura estoy hecha por dentro, todavía no sabía cuál sería la forma definitiva de ese proyecto. La idea empezó a rondarla hacia 2020, cuando, paralelamente a su trabajo como artista plástica, empezó a asistir a talleres de escritura creativa con la intención de profundizar en un conjunto de textos que compartían un mismo interés: explorar el cuerpo y la salsa como puntos de partida para contar una historia.

Con el tiempo, esos talleres le permitieron encontrar una estructura para el proyecto y trabajar de manera cercana con una editora. Sin embargo, el libro terminó transformándose por un acontecimiento que atravesó su vida personal: la enfermedad y posterior muerte de su padre. Esa experiencia modificó el rumbo de la escritura y llevó a que la narradora reconstruyera su historia a partir de las distintas partes del cuerpo, tanto del suyo como del cuerpo enfermo de su padre, convirtiendo la memoria en el eje que articula la novela.

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En conversación con El Espectador, Rincón explicó que la relación con el cuerpo también nació de una búsqueda personal. En 2020 comenzó a bailar salsa, una decisión que coincidió con un momento de crisis emocional y con preguntas sobre su propia identidad.

Nacida en Tuluá y criada en Bogotá, encontró en ese baile una manera de volver sobre sus orígenes y de reconciliarse con una dimensión física que, según cuenta, sentía necesario recuperar después de una separación afectiva.

Esa experiencia terminó dialogando con el proceso de escritura. En la novela, cada parte del cuerpo funciona como un detonante de recuerdos. Unos pies, unas manos o unas entrañas permiten reconstruir episodios del pasado, enlazar la historia de la narradora con la de su padre y revelar intereses que van más allá de la anécdota familiar.

La música, los intentos por aprender distintos instrumentos y el descubrimiento de la salsa aparecen así como elementos que acompañan la reconstrucción de una memoria atravesada por el afecto y la enfermedad.

La formación de Rincón como artista plástica también dejó una huella evidente en el libro. La presencia de la danza, la fotografía, el cine y la música responde, según explicó, a la necesidad de construir una narradora cercana a su propia experiencia, utilizando lenguajes que conoce y con los que ha trabajado durante años. De allí surge también el título de la novela, inspirado en un verso de Jairo Varela que habla de la ternura desde las entrañas. Esa imagen llevó a la autora a pensar en las partes blandas del cuerpo, aquellas que suelen permanecer ocultas y que, sin embargo, concentran buena parte de la fragilidad humana.

Durante la conversación también apareció una reflexión constante sobre el dolor. Más que entenderlo como un destino, Rincón lo relaciona con la posibilidad de formular preguntas. Para ella, los momentos de crisis pueden convertirse en el origen de un proyecto creativo porque obligan a mirar la realidad desde otro lugar. Esa idea atraviesa De ternura estoy hecha por dentro, una novela que propone recorrer el cuerpo como un territorio donde conviven la memoria, la pérdida, la música, la ternura y la posibilidad de seguir reconstruyéndose a través de la escritura.

¿Por qué le interesó reconstruir la figura del padre a través del cuerpo?

La idea era trabajar la memoria. Cada parte del cuerpo funciona como un detonante, como aquello que ilumina una experiencia de la narradora. Hay recuerdos relacionados con su pasado musical o con sus intentos por aprender piano o violín. También aparecen los pies de un padre que, en el presente, están hinchados por la enfermedad, pero que antes fueron ágiles. Eso hace que la narradora mire sus propios pies, piense en cuánto se parecen a los de él y en todo lo que ahora puede hacer con ellos mientras baila salsa. Así se va reconstruyendo un cuerpo que no pretende ser una representación completa, sino una serie de fragmentos capaces de despertar distintas memorias. A partir de ahí también se revela quién es la narradora, qué le interesa observar, escuchar y recordar, siempre en diálogo con ese cuerpo enfermo del padre.

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La música, la danza, el cine y la fotografía atraviesan el libro. ¿Cómo dialogan esas disciplinas con su escritura?

Mi formación es como artista plástica y construir esta narradora desde mi propia experiencia hacía imposible separar una cosa de la otra. Me interesa trabajar con aquello que conozco de primera mano y llevarlo a la escritura. La danza conduce a pensar la música y, poco a poco, cuando empecé a bailar salsa, también empecé a escuchar con atención las letras de las canciones.

Fue ahí cuando apareció Busca por dentro, de Jairo Varela, de donde proviene el verso “De ternura estoy hecho por dentro”. Me parecía muy bello que hablara de la ternura desde las entrañas, desde esas partes del cuerpo que normalmente no vemos y que tampoco solemos valorar. También encontré esa misma idea en otra canción suya, Entrega. Esa insistencia en la ternura me llevó a pensar el cuerpo desde su fragilidad y desde la contradicción que existe entre sentirnos hechos de ternura y, al mismo tiempo, ser personas rígidas o “troncas”, como suele decirse cuando alguien no sabe bailar.

Esa contradicción también habla de nuestra condición humana. Somos frágiles porque somos blandos, porque enfermamos, porque el cuerpo cambia y puede ser invadido por enfermedades. Esa vulnerabilidad fue una de las ideas que más me interesó explorar.

El color azul aparece de manera recurrente en el libro e incluso domina la portada. ¿Qué representa para usted?

No había pensado en la relación entre el azul del texto y el de la portada, pero me parece una observación muy bonita.

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El cuerpo, cuando pierde oxígeno, empieza a adquirir una tonalidad azulada. Al mismo tiempo, el cielo y el mar parecen azules, aunque en realidad esa es una ilusión óptica. Me interesaba esa relación porque, de alguna manera, ese gran azul que nos rodea termina siendo un anuncio de la muerte. Cuando un cuerpo comienza a ponerse azul por falta de oxígeno, esa imagen parece confirmar aquello que el cielo ya venía anunciando. Me parecía muy sugerente establecer ese diálogo entre el cuerpo, el color y la idea de la muerte.

En la novela también hay una exploración constante del dolor...

No quisiera decir que sea un libro doloroso, aunque es evidente que el dolor está presente. Creo que los momentos de crisis son muy fértiles para la creación. En otras etapas de mi vida esas crisis dieron origen a instalaciones o a trabajos audiovisuales; esta vez dieron origen a un libro.

Hay una frase de Borges que siempre recuerdo: “La derrota es más rica que la victoria”. Comparto esa idea porque la derrota y el dolor obligan a hacerse preguntas. La felicidad, en cambio, muchas veces se vive como un punto de llegada. Las crisis, por el contrario, nos interrogan y nos hacen mirar de otra manera lo que vivimos.

También pienso mucho en un texto de Teoría de la gravedad, donde se habla de amasar el pan con rabia, con tristeza y con los recuerdos. Esa imagen me resulta muy poderosa porque siento que esos sentimientos también son la materia de la escritura y de todo lo que terminó habitando este libro.

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