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La literatura es fuente de lo que el séptimo arte ha reflejado en la gran pantalla. Las adaptaciones de grandes títulos se han convertido en secuelas o sagas que han hecho eco en la historia del cine universal. Estas producciones han marcado referencias imborrables para directores que se aventuran a llevar libros reconocidos a versiones cinematográficas, como es el caso de Cumbres borrascosas, clásico de la literatura inglesa.
La actriz, cineasta y autora británica, Emerald Fennell, ganadora del premio Óscar, WGA y BAFTA al mejor guion original por Promising Young Woman (2020), destacó en 2023 por el exceso barroco reflejado en Saltburn. Este año, la directora se atrevió a correr el riesgo con Cumbres Borrascosas, uno de los textos con mayor variedad de interpretaciones de la literatura inglesa.
Es preciso aclarar que esta no es una adaptación, sino una relectura personal de parte de la directora en clave contemporánea con figuras como Margot Robbie, que encarna a Catherine Earnshaw, y Jacob Elordi, que luego de su reconocimiento por Frankenstein de Guillermo del Toro (2025), le da vida a Heathcliff. Estos personajes se convierten en figuras contemporáneas marcadas por la obsesión, el deseo y la violencia emocional.
La directora, que también es la guionista y una de las productoras de la película junto a Margot Robbie, no busca fidelidad con el texto de Emily Brontë, sino un diálogo íntimo con él, para mostrárselo al público. Aunque la cinta aborda factores esenciales del libro, no busca reinventarlo, sino hacer de la tormenta emocional y la relación de sus protagonistas, el punto de partida para el espectador.
En 2 horas y 16 minutos de metraje, se propone un recorrido a través de constantes simbolismos visuales que abarcan gran parte de la historia del arte. Muchas de sus pinturas referentes, que van del romanticismo hasta la pintura victoriana y ciertas piezas del impresionismo, enmarcan momentos y los convierten en atmósferas adecuadas para la emocionalidad de sus personajes.
La historia mantiene su esencia a partir de la tragedia de pasión, obsesión y venganza, que se da por la intensa e inquebrantable relación entre Heathcliff y Catherine Earnshaw en los páramos de Yorkshire. El amor imposible de la pareja, condicionado por diferencias sociales y maltratos, desencadena un ciclo de odio que perdura generaciones y transforma sus vidas en una obsesión destructiva.
Aquí las formaciones familiares y sus disfuncionalidades son criticadas, arrebatándole la solemnidad que imperaba en la época de los hechos. Fennell toma estas características y las impulsa frente a la visión actual de las relaciones nocivas y las transformaciones que han tenido las visiones del amor en la sociedad.
En la cinta se resalta constantemente cómo se percibe el mundo frente a ese pasado lúgubre. Además, todo pareciera estar sexualizado en la actualidad, tanto que un gemido que pudiera tener una interpretación erótica, termina siendo una persona colgada y a punto de desfallecer.
Existe un juego continuo con las texturas en la representación de las emociones de la protagonista, que es maltratada y opacada por Heathcliff. También está la participación de Ellen Dean (Hong Chau), que desgasta todo a su alrededor, en un lenguaje visual saturado, donde la pasión y el resentimiento se convierten en pulsos estéticos en todos sus personajes.
El uso de la cámara, cercano, casi claustrofóbico, intensifica la intimidad de los personajes, pero las atmósferas no son tan oscuras y sucias como en Saltburn. Lo que abunda es la confrontación de la falsa belleza, donde todo se daña por dentro y es próspero por fuera.
Esto enfrenta al espectador a cierta incomodidad, también impulsada por la banda sonora compuesta por Charli XCX, que incluye 12 canciones originales, cuyo estilo introduce un contrapunto irónico, subrayando la tensión entre lo sublime y lo vulgar.
Cumbres Borrascosas mantiene viva la confrontación y el debate en la relación entre Catherine y Heathcliff, que despliega, como en un campo de batalla, las clases sociales y las pulsiones íntimas, también limitadas, algo esperable en esta directora.
Robbie le aporta a Catherine sensaciones que oscilan entre la fragilidad y la crueldad, mientras Elordi encarna un Heathcliff menos espectral y más humano, mucho más frágil, atrapado en la contradicción entre deseo y resentimiento. La película insiste en que el amor aquí no es redentor; sino destructivo: un vínculo que corroe y arrastra hasta morir. Juzguen ustedes.