El pasado 2 de julio, una paloma de madera cruzó el Océano Atlántico y fue entregada al papa León XIV como obsequio. La escultura fue un regalo que le hizo el presidente Gustavo Petro al Santo Padre en su más reciente visita al Vaticano, junto con otras artesanías que llevó con él a la Santa Sede.
Gánale la carrera a la desinformación NO TE QUEDES CON LAS GANAS DE LEER ESTE ARTÍCULO
¿Ya tienes una cuenta? Inicia sesión para continuar
Aunque la paloma simboliza la paz y el Espíritu Santo, se convirtió en motivo de confusión. En medios se reportó que el presidente había entregado una escultura de “La paloma de la paz” de Fernando Botero. Algunos mencionaron que era una obra original del artista fallecido en 2024; otros se refirieron a una réplica.
Justamente fueron esos términos los que causaron desconcierto.
La familia del artista se sorprendió al enterarse de que una posible obra del maestro hubiera llegado a manos del sumo pontífice sin su conocimiento. Sin embargo, la historia de la paloma que llegó al Vaticano es diferente.
Según informó el equipo de Presidencia a El Espectador, el regalo que entregaron fue titulado “Paloma de la paz ancestral”, una obra de la artesana nariñense Ximena Albornoz Rodríguez de Arte Chelita, que fue adquirida a través de Artesanías de Colombia. “Inspirada en la escultura original del maestro Fernando Botero, la Paloma de la Paz Ancestral es una pieza única elaborada con dedicación y maestría en madera de cedro tallada y refinadamente enchapada en la delicada paja de trigo y tradicional técnica artesanal de tamo, propia de la cultura de los pueblos originarios de San Juan de Pasto de Colombia”, explicaron en un documento compartido con este diario.
Le sugerimos: “He entrevistado a 32 premios Nobel de Literatura. Solo me falta Bob Dylan”
La pieza que fue regalada al papa es una paloma con contornos redondeados sobre un pedestal cuadrado de color beige. El pico de la paloma es de color dorado y sobre el cuerpo del ave hay tallas con diferentes motivos andinos. Las tallas que presenta la paloma muestran un sol, espirales y motivos geométricos precolombinos.
“Esta obra es un mensaje de fraternidad y esperanza que el pueblo colombiano le entrega al Sumo Pontífice. Desde los valores universales que nos unen, la pieza simboliza nuestra voluntad de propiciar el encuentro mutuo y fortalecer el camino hacia un mundo más justo, solidario y reconciliado”, mencionó Presidencia.
Albornoz afirmó a este diario que su obra, en realidad, se titula “El poder del Espíritu Santo” y que fue hecha en memoria del maestro Botero e inspirada en su obra, bajo la curaduría de Artesanías de Colombia. La artesana contó que ha sido proveedora de esta organización en diferentes ocasiones. En esta ocasión, según relató, la contactaron diciendo que querían llevar al Vaticano una de sus piezas.
“El mensaje de la paz que estaban transmitiendo es representado por la paloma, que también es un símbolo espiritual. Por eso le di este nombre. Hice esta pieza con un diseño especial inspirado en los Andes. Le puse un símbolo que está presente en el corazón: el sol de Pasto. Me inspiré en lo ancestral y en la región andina porque allá se iba a hablar de nuestro territorio, no solo de Pasto”, comentó.
Podría interesarle: No hay ninguna razón para estar triste. Deberías darte cuenta” (Opinión)
Esta no es la primera vez en que Albornoz crea piezas como estas, pues dijo que se han convertido en obsequios protocolarios y que han llegado a diferentes embajadas y escenarios internacionales. Por ejemplo, en 2024, una de estas creaciones fue entregada al presidente de Ecuador, Daniel Noboa. Este tipo de obras han sido producidas durante tres años y cuando vio que la pieza comenzó a popularizarse decidió registrarla.
El 17 de mayo de 2024 obtuvo el Certificado de Registro de Obra Artística para “El poder del Espíritu Santo”, otorgado por la Dirección Nacional del Derecho de Autor. Según explicó Albornoz, la popularidad de la pieza no fue lo único que la motivó a adquirir el certificado. Llegó un punto en el que comenzó a ver reproducciones y decidió registrarla antes de que alguien más lo hiciera
Albornoz contó que, en el proceso de creación, le aseguraron que no estaba incurriendo en un delito como el de hacer una copia no autorizada. De acuerdo con Javier M. Rodríguez Olmos, profesor de la U. Externado de Colombia y abogado de Bogotá Auctions, “para que una creación sea protegida por el derecho de autor se exige su originalidad. Por originalidad se entiende un aporte mínimo por parte del artista, que contribuya de manera determinante a su individualidad, un mínimo de creatividad”. En ese sentido, los aportes propios para que una obra sea considerada como “inspiración” podrían incluir elementos como cambios en colores, texturas, materiales, dimensiones y proporciones. Según Rodríguez Olmos, “cuando el resultado se limita a reproducir los elementos fundamentales y distintivos de la obra original protegida, se debería considerar una copia”.
Le recomendamos: La Bogotá de otros tiempos, vista por Plinio Apuleyo Mendoza
La salvaguarda del legado de Botero
Juan Carlos Botero, hijo del artista antioqueño, quien con sus hermanos Lina y Fernando protegen el legado de su padre, comentó a El Espectador que toda reproducción de una escultura de Fernando Botero debe ser autorizada por ellos. Sin embargo, resaltó que tomaron la decisión de mantener la integridad del cuerpo de obra de su padre y no autorizar copias de las esculturas.
En vida, las esculturas de Botero eran creadas primero en barro, luego se hacía un molde en yeso y luego se hacía la escultura en bronce. Con la pieza finalizada sacaban un “número aprobado por la Unesco de seis ejemplares, cada uno es considerado una pieza única”, dijo. Cuando el artista falleció este proceso se detuvo. La voluntad de papá fue muy explícita en el sentido de no hacer más esculturas después de su fallecimiento. En el caso teórico, se tendría que hacer una solicitud. Nosotros tendríamos que darla y tendría que fundirse la escultura en Pietra Santa. Pero eso no lo hemos hecho y nunca lo haremos porque hay que preservar justamente la integridad de la obra de mi padre”, dijo.
La autenticación de obras del maestro no es una actividad ajena a sus hijos. Parte de lo que han desarrollado con la creación de la Fundación Fernando Botero tiene que ver con estrategias para hacer frente a copias o falsificaciones. “Vamos a crear un comité que va a expedir, cuando haya necesidad, un certificado de autenticación”, afirmó.
Por el momento esta labor la desarrollan esporádicamente con un galerista de vieja data. También contó que aproximadamente dos veces al año reciben solicitudes por parte de casas de subasta para certificar la autenticidad de obras que se presentan para la venta, tomando como referencia la experiencia y cercanía a la obra de su padre y una base de datos de la obra auténtica de Fernando Botero.
Si le interesa seguir leyendo sobre El Magazín Cultural, puede ingresar aquí 🎭🎨🎻📚📖