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Echemos Carreta: memoria viva de las recicladoras de oficio

Desde 2022, este proyecto editorial se ha convertido en un espacio donde recicladores de Bogotá comparten sus historias y reivindican la dignidad de su labor a través de la palabra.

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Micaela Abigail Chiliquinga Sánchez
13 de marzo de 2026 - 12:49 p. m.
En 2022, gracias a la iniciativa de Sharon Garzón y Ana María Quintero, jóvenes del colectivo Barrios Más Unidos, los relatos de estas mujeres, que han dedicado su vida al reciclaje, tuvieron un lugar común donde encontrarse: así nació la Editorial Echemos Carreta.
En 2022, gracias a la iniciativa de Sharon Garzón y Ana María Quintero, jóvenes del colectivo Barrios Más Unidos, los relatos de estas mujeres, que han dedicado su vida al reciclaje, tuvieron un lugar común donde encontrarse: así nació la Editorial Echemos Carreta.
Foto: Juan Yaruro
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En las calles del barrio Ciudad Hunza, con costales al hombro y carretas que empujan durante extensas jornadas, un grupo de mujeres ha encontrado en el reciclaje una forma de sustento y de vida. Debido a la precarización de este trabajo y la discriminación que enfrentan por su género, las historias de las recicladoras han sido frecuentemente invisibilizadas. Sin embargo, eso no les ha impedido seguir buscando espacios donde su voz pueda ser escuchada.

En 2022, gracias a la iniciativa de Sharon Garzón y Ana María Quintero, jóvenes del colectivo Barrios Más Unidos, los relatos de estas mujeres, que han dedicado su vida al reciclaje, tuvieron un lugar común donde encontrarse. Así nació la Editorial Echemos Carreta, un proyecto que, a través de la escritura y la creación de libros, convierte a las recicladoras de oficio en las narradoras de sus propias historias.

El nombre surgió como una doble coincidencia: “echemos carreta” es una expresión utilizada como sinónimo de conversar o “echar chisme”, pero también hace referencia a la herramienta de trabajo de las recicladoras: la carreta o el “zorrito”, con el que transportan el material recolectado en su día a día.

Los primeros encuentros con el gremio se dieron gracias a la alianza con la lideresa de la asociación Loma Verde, Graciela Quintero. Antes ya se había intentado realizar procesos de alfabetización con recicladores, pero, según Quintero, al ser espacios “tan académicos y formales”, se creó cierta resistencia en la población. Sin embargo, en los talleres de Echemos Carreta lograron construir un lugar distinto.

“No eran talleres comunes y corrientes, sino espacios situados en el contexto de nosotras, las mujeres recicladoras, respetando nuestros tiempos y valorando nuestro trabajo. Tener un lugar diferente para expresarnos y encontrarnos fue una gran oportunidad para la asociación y para otras organizaciones de recicladores”, mencionó Quintero.

Los talleres se caracterizaron, además, por la elaboración de un tipo de publicación específica: los libros cartoneros. En 2003, la editorial comunitaria argentina Eloísa Cartonera impulsó la elaboración de estos libros, debido a una reciente crisis económica que atravesó el país. Estos ejemplares son hechos con el material comprado a los cartoneros, nombre que reciben los recicladores de oficio en Argentina.

De aquí surgió “Palabra de mujer recicladora”, la primera publicación de la editorial, que cumple con el propósito no sólo de reivindicar este trabajo, sino de darle un lugar a las mujeres que lo desempeñan: “Siempre hemos sido discriminadas: por ser recicladoras y por ser mujeres. En las primeras organizaciones en las que estuvimos, casi todos eran hombres y nosotras no teníamos ni voz ni voto (...). Por eso nos tocó crear Loma Verde como una organización donde decíamos que la palabra de la mujer vale, y más la palabra de una mujer recicladora”, declaró Quintero.

Este primer libro está compuesto por tres apartados: una cartografía con algunas de las rutas más importantes para las recicladoras, un abecedario con palabras utilizadas dentro del gremio y varios microrrelatos que, desde las vivencias de estas mujeres, permiten un acercamiento distinto entre el lector y esta labor.

El proyecto también se expandió a otro tipo de publicaciones, como fanzines y libretas elaborados con tetrapack, en los cuáles se pueden encontrar poemas y experiencias de cada una de ellas.

Las realidades que se ven durante los talleres son diversas: ciertas mujeres asisten con sus hijos, algunos con discapacidades, y comparten con ellos en este espacio de encuentro. Otras de las participantes no saben leer ni escribir, por lo que la oralidad, junto con otras formas de expresión como lo visual y lo plástico, adquieren un papel fundamental en este proceso que convierte a estas mujeres en creadoras y escritoras. A pesar de haberse construido como un espacio femenino, también se cuenta con la participación de varios compañeros del gremio.

Para mantenerse a flote, el proyecto ha tenido que encontrar formas de volverse sostenible. Esto los ha llevado a aplicar a convocatorias, que han ganado en dos ocasiones y que les han permitido garantizar la entrega de alimentación a los asistentes y la retribución a las recicladoras por su trabajo artístico. Sin embargo, desde el colectivo también se cuestiona el difícil acceso a estas convocatorias, así como la instrumentalización de la iniciativa por parte de ciertas instituciones.

“Nosotros participamos en las convocatorias porque benefician tanto al proyecto como a la comunidad, pero también reconocemos que hay falta de acompañamiento y requisitos que no siempre se ajustan a las realidades de vida de ciertas poblaciones. Cumplir con esas exigencias puede resultar difícil e incluso llevar a la precarización de quienes trabajamos como talleristas”, explicó Garzón.

Este año, los talleres están encaminados a un nuevo propósito: la creación de un periódico obrero. Julián Acosta y Diego Guerrero, miembros del colectivo Barrios Unidos que ya venían acompañando el proceso, se han convertido junto a Garzón, en guías para el desarrollo de esta publicación, que empezará con su plan de distribución a partir de este 15 de marzo. Este día se realizará un taller de grabado en la Biblioteca Francisco José de Caldas, donde los asistentes podrán adquirir los periódicos.

“Lo que buscamos es retomar la experiencia de este tipo de periódicos, que se remonta a principios y mediados del siglo XX. Esta versión del proyecto tiene como objetivo recuperar ese carácter de demanda y denuncia frente a distintas situaciones que viven las comunidades”, mencionó Guerrero.

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En los 1.500 periódicos que serán distribuidos, se recogen las voces de las y los recicladores, a partir de tres pilares: la memoria ambiental, que pretende impulsar la creación de un bosque urbano o parque en Unza; la memoria barrial, que reconstruye de manera histórica las experiencias de este territorio; y el derecho a la ciudad, que defiende el trabajo de los recicladores y cuestiona medidas como el Decreto 014 de 2023.

Este decreto, que regula el uso del espacio público durante la clasificación de residuos, ha llevado a protestas por parte del gremio de recicladores, quienes denuncian que su oficio se ha visto afectado porque se les ha retirado a la fuerza sus materiales de trabajo, como sus carretas, además de la implementación de puntos autorizados de reciclaje que no responden a las rutas y tiempos con las que históricamente se han manejado, entre otros aspectos. De acuerdo con Guerrero, esta política se ha convertido en “una persecución y estigmatización del trabajo reciclador”.

A pesar de este panorama, tanto Graciela Quintero, como los miembros del colectivo Barrios Unidos reconocen los aportes que ha hecho la Editorial Echemos Carreta a la reivindicación del oficio. Para todos, el mayor logro de esta versión ha sido evidenciar la confianza que se ha generado tanto con el proyecto, como en los mismos recicladores, quienes han encontrado agencia en sus saberes y propuestas.

“Más allá de las dinámicas que proponemos para integrar, lo que realmente facilita la vinculación son las conversaciones entre las mismas recicladoras que ya conocen el espacio y pueden dar cuenta de su sentido. (...) Ha sido un lugar para expresar, comprender y resignificar esas vivencias colectivamente”, declaró Acosta.

Al preguntarles por el futuro del proyecto, Quintero dijo soñar con una asociación de mujeres que, además de contar con voz propia, tuviera la capacidad de organizarse y “construir un norte común”. También mencionó que le gustaría que quienes participaban en esta iniciativa fueran reconocidas como “un colectivo de mujeres recicladoras escritoras”.

La Editorial Echemos Carreta se ha consolidado no solo como un espacio de talleres, sino también como un refugio y una oportunidad de resistencia colectiva para recicladoras y recicladores que, a través de la palabra, han encontrado la posibilidad de reapropiarse de sus historias y revindicar su oficio.

Micaela Abigail Chiliquinga Sánchez

Por Micaela Abigail Chiliquinga Sánchez

Comunicadora social y profesional de Estudios Literarios de último semestre de la Pontificia Universidad Javeriana. Apasionada por la gestión cultural, el sector editorial y la literatura latinoamericana.mchiliquinga@elespectador.com
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