El Consejo Nacional de Patrimonio Cultural emitió concepto favorable para su declaratoria, una decisión que reconoce no solo su valor artístico y religioso, sino también el significado que adquirieron para las víctimas del conflicto armado en Colombia.
El anuncio fue hecho por el Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes tras la segunda sesión ordinaria del Consejo. La declaratoria reconoce los valores históricos, estéticos y simbólicos de ambas imágenes, que sobrevivieron a la masacre de Bojayá y que, desde entonces, se han convertido en referentes de memoria, resistencia, esperanza y reparación para la comunidad.
Las dos esculturas estaban en la iglesia San Pablo Apóstol de Bellavista el 2 de mayo de 2002, cuando un cilindro bomba lanzado por las Farc durante un enfrentamiento con las Autodefensas Unidas de Colombia impactó el templo donde centenares de habitantes buscaban refugio. La explosión dejó 79 personas muertas —48 de ellas menores de edad— y decenas de heridos, en uno de los episodios más dolorosos del conflicto armado colombiano.
Le sugerimos: Cinco años de la muerte de Germán Castro Caycedo: su crónica de Colombia en un discurso
Mientras el Cristo perdió brazos y piernas por la fuerza de la explosión, la imagen del Inmaculado Corazón de María también resultó gravemente afectada. La comunidad decidió conservar ambas esculturas con las huellas de la violencia, rechazando restaurarlas por completo para que permanecieran como testimonio material de lo ocurrido.
En el expediente que sustenta la declaratoria se señala que estas imágenes trascienden su condición de objetos de culto para convertirse en bienes patrimoniales asociados a la memoria colectiva. El Ministerio destaca que “llevan en sus cuerpos las huellas mismas del horror” y que fueron rescatadas de entre los escombros para convertirse, con el paso de los años, en símbolos de resistencia y de las luchas de las víctimas por la verdad, la justicia y la no repetición.
Siga leyendo: Alemania devuelve a familia judía el busto “Fernande” de Picasso, perdido en el nazismo
El reconocimiento también pone de relieve el significado que las esculturas conservan para la comunidad de Bojayá. Según el Ministerio, los habitantes las consideran “santos vivos” que acompañan los procesos de memoria del pueblo y representan tanto el dolor provocado por la guerra como la posibilidad de reconstrucción y reconciliación.
La declaratoria también reconoce que la masacre alteró profundamente las prácticas culturales y espirituales de Bojayá. La imposibilidad de realizar los rituales funerarios tradicionales transformó expresiones como los alabaos, que desde entonces adquirieron un nuevo papel como forma de preservar la memoria de las víctimas y transmitir al país el impacto de la tragedia.
El proceso contó con el apoyo técnico del Laboratorio de Estudios de Artes y Patrimonio (LEAP) de la Universidad de los Andes, cuyos investigadores realizaron estudios sobre la materialidad de las esculturas para establecer criterios de conservación y aportar información al expediente patrimonial.
La decisión del Consejo Nacional de Patrimonio Cultural constituye uno de los últimos pasos antes de la declaratoria oficial por parte del Ministerio de las Culturas.
La historia del Cristo Mutilado ha sido ampliamente documentada. Según contó El Colombiano, un día después de la masacre el entonces párroco Antún Ramos regresó a las ruinas de la iglesia con la esperanza de encontrar sobrevivientes y rescatar los objetos sagrados del templo. Fue entonces cuando encontró los restos de la imagen, que con el tiempo se convertiría en uno de los símbolos más reconocibles de la memoria de Bojayá.
También puede leer: Murió el escritor Gustavo Adolfo Garcés: lea algunos de sus poemas